20.3.13

Infrarrealista (35)

Cuando te despiertas demasiado temprano, es como si comenzaras el día por debajo de la realidad. Sales de casa y recuerdas aquella broma de "es tan temprano que no han puesto las calles". Pareciera como si no estuviesen ahí, como si fueran otras.
No sabes si es que estás medio dormido, pero igualmente vas tomando más conciencia de tus pies, de tus pasos  (podría ser que pisaras algo no deseado). Te conectas los oídos con la música en tu reproductor y pareciera que, al imponerle tu propio soundtrack a la ciudad, le cambias la cara. El sol tiene un motivo. La sombra tiene un motivo. El conductor molesto tiene un motivo. Esa hoja, misteriosamente verde a mitad de la calle, también tiene un motivo.
No lo sabes, pero en realidad es ese pequeño momento de epifanía donde entiendes las cosas. La letra de las canciones te suena diferente. No sabes muy bien cómo, pero descubres que sabes leer la clave morse del viento sobre tu cara. Levantas la cara y ahí está Bolaño mirándote, en el cartel de la exposición. Pero Bolaño te mira a ti, y sólo a ti. Se inclina y susurra a tu oído (con ese acento chileno-mexicano-catalán que no puedes más que imaginarte): "Déjenlo todo, nuevamente. Láncese a los caminos".
Y el sol, ese sol, el de ayer, parece que fuese otro.

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