22.3.09

Temporada de bodas

Arranca la primavera y, con ella, las bodas. Hace sol, se pueden hacer fiestas fuera, las flores, yo qué sé. A la gente le da por casarse en primavera. De hecho, una de las primeras bodas que recuerdo con emoción - la de la hermana más pequeña de mi madre - fue el 21 de marzo: justo en el día de inicio de la estación. Llevé mi primer vestido con escote "palabra de honor", ja, aunque no tenía con qué sujetarlo. Tuvimos que agregarle unos tirantitos.

De eso hace como, por lo menos, unos 15 años. Ayer también fui a una boda. Y me puse unos jeans, tenis, camiseta y un chaleco polar. Fue en una casa de campo donde se hacen estancias para escuelas. El menú era una paella que tenía como dos metros de diámetro, cava, patatas y refrescos.

La organización de la boda estuvo a cargo de mis primeros amigos catalanes. Se casó la mujer que a menos de una semana de llegada a esta ciudad me confió mi primer trabajo y después me recomendó para el que me ayudaría a quedarme. En los últimos casi cinco años, han estado presentes ella y su pareja todo el tiempo, en cada cosa rara que ha pasado. Yo, por mi parte, los he visto cambiar de trabajo, de casa, embarazarse, tener un bebé y luego decidir que se querían casar. La ceremonia fue hace algunas semanas, sólo con la familia, pero querían reunir a los amigos aparte. Decidieron entonces organizar una especie de comida familiar en esta casa, donde hay mesas larguísimas de madera, una vaca, dos caballos, ocas y gallos y gallinas.

Creo que desde que llegué acá yo nunca había visto juntos a tantos niños con excepción de a la salida de las escuelas. Entre ocho y recién nacidos había tranquilamente unos 30 chicos y chicas que corrían, jugaban futbol, comían macarrones con queso, se peleaban, se tomaban fotos con las vacas, le aventaban pedazos de galleta a las ocas y se dejaban caer en el campo y en la arena para jugar. Yo ejercí de tía de Roger (el de los novios), y de Mar y Marina, que han nacido también de otras parejas amigas durante mi tiempo de estancia aquí.

Después del aperitivo bajo unos cerezos en flor, entramos a los comedores para niños y, sentados en los bancos, comimos la paella y ensalada y brindamos con vasos de plástico con los novios. Arreglamos el mundo, dimos por terminada la crisis, me contaron todos los dramas que es conseguir una escuela correcta, les hablé de mi vida de "soltera", me intentaron hacer confesar la existencia del novio que imaginan, me preguntaron si los niños tendrían algún día un primito aunque fuera parcialmente mexicano... todas esas cosas que hacen los amigos que te quieren.

Los novios iban de aquí para allá encontrándose también con gente que hacía años que no veían. No había la rigidez de los vestidos ni la impostura de las bodas. No había rituales qué cumplir. Las flores las había traido la primavera y el cava un amigo de los novios. La música era un disco que se repetía en el fondo, pero al que nadie hacíamos el mayor caso.

La invitación al "matri" enviada por el novio por email semanas antes empezaba con: "Nos casamos. Si a alguien le parece precipitado quiero recordarles que tenemos ocho años juntos y un niño de dos". En la misma invitación, pronosticaba que nos iríamos cuando empezara a hacer frío. Que fue lo que sucedió. Cuando los niños empezaron a cabecear y todos estábamos ya con los abrigos puestos, empezó la desbandada. Yo, privilegiada que me había ido con los novios, pude volverme también con ellos y con Roger y hacer el recuento de los incidentes divertidos mientras esperábamos en un embotellamiento cortesía de las obras en la carretera a Vic.

Con todo y que fue una fiesta de boda perfecta, lo que más me gustó fue el deseo que les hicimos: no era un augurio aventurado, ese "que sean muy felices". Era mejor, más aterrizado: "que sigan muy felices". Tan cotidiano como un buen plato de paella y un vaso de cava.

3 comentarios:

Mariana M* dijo...

Oiga, pos así como muy en paz con el mundo, no sé si mucho, pero estoy contentilla. Aunque me debata entre seguir o no en Casa Asia.

¡Qué rico poder ir a una boda! La última que fui ya ni me acuerdo y me da coraje que el año pasado se caso un amigo que quiero mucho y pos no estuve en el terruño amado. A ver si por acá se arma alguna.

Besos ;)

♋ Mariposa dijo...

Felicitaciones por el blog, es excelente!
saludos!!

Verónica dijo...

Me encanta tu blog, cada que mi tiempo me lo permite, entro y me actualizo, me gusta mucho tu forma de escribir. Nunca dejes de hacerlo.