1.3.09

Joven madrastra en entrenamiento

Lo que hay que hacer

Escuchar. Dejar espacio. Comprar galletas, cereal, zumo de frutas y palomitas de microondas. Prestarle tus adornos y afeites para el cabello. Alquilar sus películas favoritas. Alabar sus tenis, pero no comprarte unos del mismo color. Subirte a los juegos que le gustan, aunque te de un poquito de miedo. Defender su libertad de leer hasta tarde, pero no enfrente de ella. Enseñarla a hacer hotcakes con forma de mickey mouse.

Lo que no hay que hacer


Asumir que sabes qué le gusta comer por la edad que tiene. Defenderla en posiciones indefendibles. Ponerle demasiada atención. Abrazarla si ella no te abraza primero. Competir con ella en los juegos de la consola. Monopolizar a su padre.

Lo que hay que recordar

Que te comparte de sus dulces. Que intenta entenderte, a pesar de la barrera del idioma. Que te apreta fuerte de la mano en la casa del terror. Que se ríe a carcajadas contigo. Que pide tu opinión en un probador de una tienda de ropa. Que sabe cuáles son tus flores favoritas. Que te comparte algo que recuerda de cuando tenía tres años: que su padre en lugar de besarla le soplaba en el cuello para hacerla reir. Y que lo anima a que te muestre de bulto. Que te abraza cuando se despide. Y toma de la mano a su padre cuando te das media vuelta y sales del aeropuerto.

2 comentarios:

JULY dijo...

uffffff, yo nunca terminaría un entrenamiento de esos, se me hace... ni el de madrastra ni el de madre. Pero copiaría algunas técnicas de la novicia rebelde en The sound of music, que le resultaron bien: se quedó con el guapo capitán, con el cariño de los hijos e hizo su grupo coral que la hizo famosa; solo por cantarles cosas bonitas en las noches de tormenta.

Cin dijo...

Mi querida July: tengo la sensación de que estos entrenamientos nunca se acaban y, la verdad, es un rollo meterse en ellos. Pero a veces toca y qué va uno a hacerle, ja. Quién fuera J.Andrews, sí... pero hay que tener práctica de escuela Disney. Además, si yo canto, lo más seguro es que me manden fuera de la casa todos - incluyendo mi roomate. Y no, no queremos. Un abrazo.