19.2.13

Sol (7)

Nada le cambia a la ciudad la cara como unos rayos de sol - específicamente si esa ciudad está usualmente cubierta por un halo de niebla. Esta mañana en Londres llegamos a trabajar tarde, como casi todo el mundo... se sentía bien el sol en la espalda, en la cara, a pesar del viento frío que de pronto amenazaba con quedarse ahí.

Es una bendición efímera: los londineses saben - se los ha dicho el servicio meteorológico - que pronto volverán la lluvia, la niebla y el frío. Pero hoy, sólo por hoy, sacan de los bolsos sus gafas de sol y caminan por ahí, con la frente en alto, mostrándose al sol que se asoma.

Quizá eso es una cosa que a mí me falta aprender: disfrutar todas las cosas maravillosas que recibo como si fueran sol en un día de invierno.

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