8.8.09

Cuando fuimos felices

Mis dos hermanas postizas regresan de un viaje a Rusia. Cada una me cuenta una versión de la historia pero ninguna de las dos es especialmente alentadora. A medida que van pasando los días, los recuerdos que traen a colación son cada vez mejores. Estoy convencida que de aquí a septiembre la narración será la bomba.

Vienen dos chicas amigas a que les preste mis guías de China. Todo lo que les cuento, todo, es divertido y brillante. Me cuesta acordarme de algo que no me haya gustado. A pesar de que puedo tener en la cabeza el miedo que me dió perderme en la Muralla y no encontrar cómo regresar, incluso eso me parece divertido. Me cuesta verle algo horrible.

Las últimas vacaciones que pasé en México me cansé y casi quise regresar llorando. Ahora se me cuecen las habas por darme otra vuelta por las calles que fueron mías.

Que acabó en divorcio, vale, es cierto. Pero hay días en que lo único que me puedo acordar, afortunadamente, son las tardes que nos pasábamos muertos de la risa o un viaje improvisado a Oaxaca.

En fin, que estoy de acuerdo con Tim Kreider. Lo único bueno de estos "malos tiempos" es que cuando los recordemos, nuestra cabeza se concentrará en lo bueno que hubo. Por ejemplo, los amigos que siempre están.

1 comentario:

Blue dijo...

awww casi lloro u_u