30.12.09

Fantasmas de las navidades pasadas

Repaso la ciudad con ojos de nostalgia. Trato de encontrar esas cosas que eran mías hace 5, 10, 15, 20 años. No están los cines a los que iba en mi infancia. Las carreteras secundarias se han convertido en avenidas bien pavimentadas. Los amigos son padres de familia exitosos o están desaparecidos o juegan a ser tiburones financieros. Mis primos no tienen tiempo para verme - o cuando están, ya no tenemos nada que decirnos. Y ya no sirve pelearse.

Y aún así, vale tanto la pena recibir el abrazo cálido de aquel amigo no visto en años. Pasear por los pasillos de la Universidad. Conducir hasta el centro sólo para ver las luces de navidad. Tomarse una cerveza campechana o comerse una torta ahogada. Respirar el humo de un VW mal afinado. Comer un plato imposible de hotcakes. Intentar dormir hasta tarde. Hacer el tonto un rato con el perico en casa de la abuela o con los hijos de esos amigos hoy personas responsables.

Aparecen los fantasmas, siempre están. A la vuelta de la esquina, sentados en un café, escondidos detrás de un número secreto de móvil. Uno quiere verlos, abrazarlos, domarlos, dejarlos ir. Porque entonces, sólo por un momento, dejan de ser fantasmas: son la perfecta claridad de que - en palabras del sabio José José - lo que un día fue, no será.

Y la nostalgia es menos. O parece menos. O se diluye bajo la luna llena.

3 comentarios:

Gatito Biónico dijo...

fantasmas y mas fantasmas
Precioso post
:)
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Liz dijo...

jeje "sabio José José"

JULY dijo...

aaaay esos fantasmas... me hacen los sentimientos "de cuadritos". Feliz año mi Cin!!! muchos muchos besos!