Me lo repito como un mantra. Mientras tanto, mi cama allá, la vajilla aquí; internet aquí, la televisión allá; el clóset lleno de ropa aquí, el armario vacío y listo allá...
Después de seis años de vivir en una casa con una luz maravillosa, unos vecinos extraños, unas paredes ligeras, el ruido continuo del ascensor, las mejores vistas de Barcelona, mucho calor en invierno, mucho frío en verano, una terraza perfecta para hacer carne asada... me voy. Me estoy despidiendo desde hace un mes y me cuesta. A veces, cada dos pasos, miro atrás y creo que lo estoy haciendo mal. Eso, lo de dudar, que tan bien se le dá a uno...
La mitad de mi duelo se canceló porque conseguí una casita nueva cerca, muy cerca. De hecho, tan cerca que alcanzo a verla desde la terraza y desde el nuevo balcón veo la terraza también. Ahí están ahora la mayoría de las cosas que había acumulado en los últimos seis años.
Me estoy despidiendo no sólo de las paredes, sino de los aprendizajes, de las miles de cosas que sucedieron aquí. Lo que comenzó y lo que se acabó y lo que continua.
Esta era mi casa - el sitio a donde regresar. Y en unas cuantas horas (ya ni siquiera 48) pasará a estar en el limbo, a ser un no-lugar.
Y me iré a otro sitio a hacerlo mío, a quejarme de sus muros delgados, de sus vecinos curiosos, de las cosas que suceden ahí. Quizá habrá un poco menos de luz - pero buscaré la manera de hacerlo más luminoso.
Al fin y al cabo, todo cambio es bueno. Aunque al principio no nos lo parezca.
30.6.12
24.6.12
Bajo fuego
Esta noche, Barcelona vive hundida en el fuego. Desde las habitaciones de esta que es mi casa en cuenta atrás, escucho los fuegos artificiales que escupen ruido - hacia el mar y hacia la montaña. Algunos incluso demasiado cerca... con el silbido indistinto de la detonación cercana.
Me gusta esta esquizofrenia. Durante la cena, en la terraza de alguien más, hablábamos de la crisis. ¿Cuál crisis si el cielo se cruza de estrellas fugaces de colores? ¿Cuál cuando la gente sigue teniendo energía de felicitarse, de esperar a uno y otro lado de la calle y gritar buenos augurios?
Antes de que se haga más tarde, debo levantarme y encender una vela. De eso se trata la noche de San Juan: de encender fuegos que quemen antiguas cargas, que cautericen las viejas heridas. Por lo menos eso dicen las hogueras a lo largo de todo el litoral mediterráneo.
En cuanto a mí, sigo en mi estado común: agradecida. Imposible saber qué viene. Imposible, también, imaginarlo como algo malo. Hoy, esta noche, nada es malo. Todo bajo fuego, todo consumido, todo en esperanza de un mundo, una vida, un trabajo, un beso, un orgasmo, un suspiro, una comida, un viaje, una certeza mejor.
El mejor augurio es este: un cielo estrellado compartido a pesar de la distancia.
Me gusta esta esquizofrenia. Durante la cena, en la terraza de alguien más, hablábamos de la crisis. ¿Cuál crisis si el cielo se cruza de estrellas fugaces de colores? ¿Cuál cuando la gente sigue teniendo energía de felicitarse, de esperar a uno y otro lado de la calle y gritar buenos augurios?
Antes de que se haga más tarde, debo levantarme y encender una vela. De eso se trata la noche de San Juan: de encender fuegos que quemen antiguas cargas, que cautericen las viejas heridas. Por lo menos eso dicen las hogueras a lo largo de todo el litoral mediterráneo.
En cuanto a mí, sigo en mi estado común: agradecida. Imposible saber qué viene. Imposible, también, imaginarlo como algo malo. Hoy, esta noche, nada es malo. Todo bajo fuego, todo consumido, todo en esperanza de un mundo, una vida, un trabajo, un beso, un orgasmo, un suspiro, una comida, un viaje, una certeza mejor.
El mejor augurio es este: un cielo estrellado compartido a pesar de la distancia.
23.6.12
La droga sintética conocida como "Fantasía"
Soy una adicta a un millón de cosas - pero pocas me atraen más que esa sensación de que todo es posible. Ahora mismo, sentada en una casa que casi ya no es mía, me encanta la sensación de estar sentada en otra casa, nueva, reinventada, no solo mía, que respira y palpita cerca de aquí.
Temo, como diría la mamá de Mafalda, por los niños (y los adultos) que perderán la capacidad de imaginar. De encontrarse en otro espacio, en un sillón mullido, escribiendo sobre cómo van los primeros días en la otra finca, en el otro lado del espejo.
Y sin embargo, sé que me iré a dormir tan tranquila mirándome ahí: viéndome colgar los cuadros, guardar mi "alijo" de comida mexicana en una de las alacenas nuevas, estrenando una nevera, poniendo mi cepillo de dientes en su lugar. Caminando por el pasillo con luces bajas - como me gustan - y llegando a la cama, arremolinándome al lado de todo eso que me falta, sintiendo que, otra vez, estoy en casa.
Porque si la casa - el hogar - es donde está el corazón, yo vivo la mitad del tiempo dividida en diversas partes del mundo. Y esta noche, además, mi hogar es otro: en realidad, ya duermo en aquel lugar que imagino perfecto para mí. Para nosotros. Para todo lo que trae el futuro.
Temo, como diría la mamá de Mafalda, por los niños (y los adultos) que perderán la capacidad de imaginar. De encontrarse en otro espacio, en un sillón mullido, escribiendo sobre cómo van los primeros días en la otra finca, en el otro lado del espejo.
Y sin embargo, sé que me iré a dormir tan tranquila mirándome ahí: viéndome colgar los cuadros, guardar mi "alijo" de comida mexicana en una de las alacenas nuevas, estrenando una nevera, poniendo mi cepillo de dientes en su lugar. Caminando por el pasillo con luces bajas - como me gustan - y llegando a la cama, arremolinándome al lado de todo eso que me falta, sintiendo que, otra vez, estoy en casa.
Porque si la casa - el hogar - es donde está el corazón, yo vivo la mitad del tiempo dividida en diversas partes del mundo. Y esta noche, además, mi hogar es otro: en realidad, ya duermo en aquel lugar que imagino perfecto para mí. Para nosotros. Para todo lo que trae el futuro.
7.6.12
Rumbo a las elecciones: hablemos de miedo
Ahora que tenemos todos los días muchas horas de vida digital, podemos caer en el engaño de imaginar que realmente lo que pasa allá afuera es reflejo de lo que pasa en nuestro muro del caralibro. La verdad de las cosas es que sólo 40 millones de mexicanos están conectados a Internet y hay una parte muy importante de la población que no pasa por las acciones - buenas y malas - que se han visto en las redes sociales en los últimos días.
Sin embargo, conforme se acercan las elecciones, voy viendo más claramente como una vez más, nos gana el discurso del miedo. Miedo a que el candidato 1 vaya a terminar por corromper al país. A que el candidato 2 lo convierta en terreno de la desesperanza y el comunismo. Miedo a que continúe la violencia porque la candidata 3 continuará con los mismos métodos de su antecesor. Miedo a que quien quede presidente, como si fuera una entidad todo poderosa, arrase con el país.
Criticamos mucho las campañas "basura" que los candidatos han hecho en todo el país, como siempre pintando bardas, regalando despensas, gorras, camisetas y hasta maquillaje. Entre los que tenemos esas necesidades cubiertas, que no necesitamos que nos regalen una despensa porque - vaya suerte - podemos pagarla, el negociar con el miedo es más o menos la misma cosa. Vamos a la pirámide de necesidades de Maslow y picamos ahí en donde el futuro o la autorrealización. No es un picoteo formal: es la noción, la creación del miedo.
Yo, como todo el mundo, tengo mis motivos para votar por uno o por otro. Pero no me parece válido hacer proselitismo a partir de la intimidación y la creación de dudas sobre el bienestar futuro. No creo que sea justo ni inteligente (mucho menos maduro) que a lo más que pueda llegar nuestro discurso sea a amenazar, como si habláramos del "roba chicos" o "el coco". Al final, creo que los partidos están logrando lo que les conviene: que la vida democrática y el concepto de participación se resuma a concentrarnos en la elección de una sola persona - sin que después hagamos un seguimiento de lo que hacen "los demás".
He aquí el matiz: ningún presidente bajo las leyes de México es todopoderoso. Todo lo que pasa durante el sexenio de una persona no es única y exclusivamente su culpa. ¿No se supone que vivimos en un país con tres poderes separados? ¿Entonces?
Exigirle o imputarle a los presidentes - incluso peor, a los candidatos a la presidencia - responsabilidad absoluta sobre lo que pasa en su mandato es muy poco razonable. Sería como si efectivamente se erigieran dictadores, pasaran olímpicamente de las Cámaras, del Senado y tomaran todas las decisiones por si mismos.
Yo tengo la triste impresión de que, fuera de la guerra contra las drogas famosa, tenemos un país absolutamente paralizado. Entre otras cosas, paralizado porque el Congreso ni presenta leyes que sean relevantes y cambien la vida de los ciudadanos ni crea un entorno para que cualquier legislación realmente relevante se aplique. No es el presidente al final - son todos los niveles de política que no se ponen de acuerdo en tra-ba-jar al servicio del ciudadano.
Mi última de hoy: no somos nadie. Y no somos nadie tampoco para establecer los principios morales de todos los mexicanos ni de todo el mundo. No estoy diciendo que abramos la veda para que nos podamos matar los unos a los otros, pero hay asuntos de salud pública (drogas, aborto, prevención), sociedad (matrimonio gay, divorcio exprés, escuelas laicas) y legalidad en general en las que no tenemos que estar necesariamente de acuerdo y que no generan efectos avalancha. Si las puertas están abiertas, no es para que salgamos todos corriendo - es para quien quiera salir, no se estampe en el camino. Está bien dejar las puertas abiertas, es el justo respeto al otro. Ahí soy fan de Voltaire: "Pensad por cuenta propia y dejad que los demás disfruten del derecho a hacer lo mismo."
Sin embargo, conforme se acercan las elecciones, voy viendo más claramente como una vez más, nos gana el discurso del miedo. Miedo a que el candidato 1 vaya a terminar por corromper al país. A que el candidato 2 lo convierta en terreno de la desesperanza y el comunismo. Miedo a que continúe la violencia porque la candidata 3 continuará con los mismos métodos de su antecesor. Miedo a que quien quede presidente, como si fuera una entidad todo poderosa, arrase con el país.
Criticamos mucho las campañas "basura" que los candidatos han hecho en todo el país, como siempre pintando bardas, regalando despensas, gorras, camisetas y hasta maquillaje. Entre los que tenemos esas necesidades cubiertas, que no necesitamos que nos regalen una despensa porque - vaya suerte - podemos pagarla, el negociar con el miedo es más o menos la misma cosa. Vamos a la pirámide de necesidades de Maslow y picamos ahí en donde el futuro o la autorrealización. No es un picoteo formal: es la noción, la creación del miedo.
Yo, como todo el mundo, tengo mis motivos para votar por uno o por otro. Pero no me parece válido hacer proselitismo a partir de la intimidación y la creación de dudas sobre el bienestar futuro. No creo que sea justo ni inteligente (mucho menos maduro) que a lo más que pueda llegar nuestro discurso sea a amenazar, como si habláramos del "roba chicos" o "el coco". Al final, creo que los partidos están logrando lo que les conviene: que la vida democrática y el concepto de participación se resuma a concentrarnos en la elección de una sola persona - sin que después hagamos un seguimiento de lo que hacen "los demás".
He aquí el matiz: ningún presidente bajo las leyes de México es todopoderoso. Todo lo que pasa durante el sexenio de una persona no es única y exclusivamente su culpa. ¿No se supone que vivimos en un país con tres poderes separados? ¿Entonces?
Exigirle o imputarle a los presidentes - incluso peor, a los candidatos a la presidencia - responsabilidad absoluta sobre lo que pasa en su mandato es muy poco razonable. Sería como si efectivamente se erigieran dictadores, pasaran olímpicamente de las Cámaras, del Senado y tomaran todas las decisiones por si mismos.
Yo tengo la triste impresión de que, fuera de la guerra contra las drogas famosa, tenemos un país absolutamente paralizado. Entre otras cosas, paralizado porque el Congreso ni presenta leyes que sean relevantes y cambien la vida de los ciudadanos ni crea un entorno para que cualquier legislación realmente relevante se aplique. No es el presidente al final - son todos los niveles de política que no se ponen de acuerdo en tra-ba-jar al servicio del ciudadano.
Mi última de hoy: no somos nadie. Y no somos nadie tampoco para establecer los principios morales de todos los mexicanos ni de todo el mundo. No estoy diciendo que abramos la veda para que nos podamos matar los unos a los otros, pero hay asuntos de salud pública (drogas, aborto, prevención), sociedad (matrimonio gay, divorcio exprés, escuelas laicas) y legalidad en general en las que no tenemos que estar necesariamente de acuerdo y que no generan efectos avalancha. Si las puertas están abiertas, no es para que salgamos todos corriendo - es para quien quiera salir, no se estampe en el camino. Está bien dejar las puertas abiertas, es el justo respeto al otro. Ahí soy fan de Voltaire: "Pensad por cuenta propia y dejad que los demás disfruten del derecho a hacer lo mismo."
28.5.12
Rumbo a las elecciones: los dueños de la primavera
Desde hace unas semanas, mi casa está llena de flores. Algunas fuí a comprarlas a posta, pero otras son el anturio, la orquídea y la cuna de moisés que - a pesar de mis malos oficios que a veces las dejan sin agua durante días - sobreviven en casa y cuando comienza a salir el sol con más fuerza deciden que también ellas quieren florecer.
Me encanta que florezcan y que, por estar en mi casa sean mías: sería incapaz de colgarme la medalla de que yo hice surgir la primavera.
México vive una primavera inusitada. Miles de personas en las calles, demandando responsabilidades, firmeza, continuidad, claridad. Un movimiento que me emociona porque quienes están ahí tienen nombre y apellidos: son jóvenes, algunos universitarios, todos dispuestos a identificarse y a dejar de lado la comodidad del anonimato que ha hecho perder la fuerza a tantos movimientos y manifestaciones en México.
Hace doce años que me tocó por primera vez a mi votar para presidente había también un cierto tipo de emoción similar: la que te recorre el cuerpo porque parece que vas a lograr un cambio de gobierno - el que sea. Hoy sabemos que no se trata de "cualquier" cambio - se trata de un cambio razonado y firme. Y lo más importante, lo que más pesa: es que esa gente en las calles lo que quiere no es sólo quejarse, sino dejar claro que la ciudadanía está observando. Que nos hemos dado cuenta. Que no somos tontos ni nunca lo hemos sido. Y que va siendo hora de que los "poderosos" también sepan que hay quienes pueden cuestionar su poder.
Me emociona, desde Barcelona, que el movimiento se declare apartidista pero no apolítico. Parece que algo han aprendido de las otras primaveras - que no sólo se trata de quejarse, sino de quejarse y colaborar. El año pasado, en pleno incendio del 15-M en Barcelona, comenzó a asaltarme una duda y una gran preocupación: tenía la sensación de que muchos de esos "indignados" mostrarían su "indignación" no presentándose a las urnas. "No estoy de acuerdo con eso, no va conmigo, no voto". Resultado: no una "ola azul" como se llamaba a veces a la que llevó al poder al PP, sino una participación tan baja que otorgó a Rajoy una victoria aparentemente rotunda pero no en número absoluto de votos. Pero victoria al fin.
Me da por reir ahora que veo en algunos foros virtuales: "que no te engañen - #yosoy132 no es un movimiento de López Obrador". No, no es un movimiento de López Obrador - es algo que va más allá de un partido. Es un movimiento de aquellos que están razonando su voto, que están argumentando con hechos reales en el pasado, que no quieren más un discurso puramente mercadológico: que esperan un compromiso con el país.
Quedan por darme la razón los índices de participación, pero lo que me emociona de esta primavera mexicana es que creo que veremos un resultado claro de ella: un alud de participación juvenil, que dará a estas elecciones legitimidad y que puede, incluso, cambiar lo que parece un resultado "cantado". Y más allá de eso, una generación con mayor consciencia ciudadana que está haciendo despertar a las anteriores, acompañándolas no sólo a las urnas, sino a un sistema de mayor gobernanza, para bien del país.
Sí: puede que esté pecando de optimista. Pero creo que hay cosas que cambiarán, no por la fuerza de los partidos, sino por la de la gente pensante. Las flores que hoy adornan mi casa me llenan también de esperanza y me demuestran una cosa: no hay nada más poderoso que la naturaleza revolucionaria de la primavera.
Me encanta que florezcan y que, por estar en mi casa sean mías: sería incapaz de colgarme la medalla de que yo hice surgir la primavera.
México vive una primavera inusitada. Miles de personas en las calles, demandando responsabilidades, firmeza, continuidad, claridad. Un movimiento que me emociona porque quienes están ahí tienen nombre y apellidos: son jóvenes, algunos universitarios, todos dispuestos a identificarse y a dejar de lado la comodidad del anonimato que ha hecho perder la fuerza a tantos movimientos y manifestaciones en México.
Hace doce años que me tocó por primera vez a mi votar para presidente había también un cierto tipo de emoción similar: la que te recorre el cuerpo porque parece que vas a lograr un cambio de gobierno - el que sea. Hoy sabemos que no se trata de "cualquier" cambio - se trata de un cambio razonado y firme. Y lo más importante, lo que más pesa: es que esa gente en las calles lo que quiere no es sólo quejarse, sino dejar claro que la ciudadanía está observando. Que nos hemos dado cuenta. Que no somos tontos ni nunca lo hemos sido. Y que va siendo hora de que los "poderosos" también sepan que hay quienes pueden cuestionar su poder.
Me emociona, desde Barcelona, que el movimiento se declare apartidista pero no apolítico. Parece que algo han aprendido de las otras primaveras - que no sólo se trata de quejarse, sino de quejarse y colaborar. El año pasado, en pleno incendio del 15-M en Barcelona, comenzó a asaltarme una duda y una gran preocupación: tenía la sensación de que muchos de esos "indignados" mostrarían su "indignación" no presentándose a las urnas. "No estoy de acuerdo con eso, no va conmigo, no voto". Resultado: no una "ola azul" como se llamaba a veces a la que llevó al poder al PP, sino una participación tan baja que otorgó a Rajoy una victoria aparentemente rotunda pero no en número absoluto de votos. Pero victoria al fin.
Me da por reir ahora que veo en algunos foros virtuales: "que no te engañen - #yosoy132 no es un movimiento de López Obrador". No, no es un movimiento de López Obrador - es algo que va más allá de un partido. Es un movimiento de aquellos que están razonando su voto, que están argumentando con hechos reales en el pasado, que no quieren más un discurso puramente mercadológico: que esperan un compromiso con el país.
Quedan por darme la razón los índices de participación, pero lo que me emociona de esta primavera mexicana es que creo que veremos un resultado claro de ella: un alud de participación juvenil, que dará a estas elecciones legitimidad y que puede, incluso, cambiar lo que parece un resultado "cantado". Y más allá de eso, una generación con mayor consciencia ciudadana que está haciendo despertar a las anteriores, acompañándolas no sólo a las urnas, sino a un sistema de mayor gobernanza, para bien del país.
Sí: puede que esté pecando de optimista. Pero creo que hay cosas que cambiarán, no por la fuerza de los partidos, sino por la de la gente pensante. Las flores que hoy adornan mi casa me llenan también de esperanza y me demuestran una cosa: no hay nada más poderoso que la naturaleza revolucionaria de la primavera.
8.5.12
Una sombra negra
Estábamos comiendo y más o menos había logrado desembarazarme del teléfono - para verla, para escuchar la historia de lo que es ser mamá de dos casi tres niños en un momento en que parece que ya nadie se embarca en esos menesteres heroicos. Ella, por su parte, quería que yo le contara cómo iba todo, mis aventuras transcontinentales, mi corazón nómada, mis clases en la jungla... hablamos, comimos pasta, berenjenas y profiteroles, nos pusimos al día.
De pronto, me perdí. No sé cómo lo hice, pero desconecté. Estaba mirándola, lo sé, estaba viendo su blusa color uva y me fui a un sitio en donde están los recortes presupuestarios, los alquileres desbordados, la campaña anual de Hacienda, los boletos intercontinentales, las camas incómodas, los cuadros de codificación de investigación cualitativa, las transcripciones de entrevista, las tesis doctorales...
Regresé cuando ella me miró a los ojos y me preguntó: "¿en dónde estás?". "No lo sé, me había ido". "Sí, me di cuenta... te pasó eso... cuando de pronto una sombra negra te cruza la cara..."
Me quedé sumamente avergonzada y eternamente agradecida. Ahora no sólo intentaré no mirar el móvil - tengo que trabajar también en deshacerme de esa sombra negra que a veces me vuelve alguien que no quiero ser.
De pronto, me perdí. No sé cómo lo hice, pero desconecté. Estaba mirándola, lo sé, estaba viendo su blusa color uva y me fui a un sitio en donde están los recortes presupuestarios, los alquileres desbordados, la campaña anual de Hacienda, los boletos intercontinentales, las camas incómodas, los cuadros de codificación de investigación cualitativa, las transcripciones de entrevista, las tesis doctorales...
Regresé cuando ella me miró a los ojos y me preguntó: "¿en dónde estás?". "No lo sé, me había ido". "Sí, me di cuenta... te pasó eso... cuando de pronto una sombra negra te cruza la cara..."
Me quedé sumamente avergonzada y eternamente agradecida. Ahora no sólo intentaré no mirar el móvil - tengo que trabajar también en deshacerme de esa sombra negra que a veces me vuelve alguien que no quiero ser.
7.5.12
Rumbo a las elecciones: prometer no empobrece
Confieso que no he visto aún - problemas del diferido - el primer debate de los candidatos a la Presidencia de México. Confieso también que con las micro-crónicas y votantes-mutantes que estoy viendo en las redes sociales, tampoco me genera mucha emoción hacerlo.
Al parecer, no hubo sorpresas: todos instalados en el ataque, en el auto-bombo (que dicen acá) y tirando de las características de personalidad que los caricaturizan - el galán, la sosa, el populista. Y uno que "se salió del guión": el señor de los Cuadritos. El galán intelectual. El nuevo de la barrio.
En las últimas semanas he estado pensando mucho qué voy a hacer con ese sobrecito que el IFE hizo llegar a mi casa al parecer hoy (si lo quiere dejar la mensajera con mi compañero de piso - sino tendré que ir a buscarlo a una oficina para afirmar que sí soy yo la que quiere votar). Mucho además porque yo trabajo con este tema: con lo de la participación, la información, el compromiso ciudadano, el compromiso de los partidos...
Después de un montón de años escribiendo una tesis al respecto, me reservo un buen cargamento de escepticismo. Afortunadamente tengo muy cerca de mi a un anarquista que de vez en cuando me da una sacudida ideológica y aunque no defiendo la democracia directa para todo (ya hablaremos), sí me parece importante la participación en las elecciones.
Entonces: no siendo ni anulista, ni abstencionista, ni blanquista... ¿qué hago?
Se me ocurren un montón de cosas - la primera en la que quiero reflexionar hoy es aquella frase tan bonita de los abuelos de que "prometer no empobrece". Veo a algunos de mis "amigos" de redes sociales entusiasmados con el discurso propositivo del señor de los Cuadritos. Sí, seguro. Yo estoy convencida de que es el que tiene el programa más coherente y mejor escrito. Con una salvedad: no tiene NINGUNA posibilidad de ganar.
Lo más curioso es que este señor es el jugador frontal de un partido cuyos fundadores no se han distinguido por seguir la opción del diálogo, apostar por la calidad o por las decisiones más buenas para la mayoría. ¿Pero saben qué? Pues está bonito poner a alguien que hable bien y prometa el cielo, la luna y las estrellas. Y que levante la mano el que nunca se haya enamorado (aunque sea fugazmente) de alguien con quien "nada podía ser..."
El señor de los Cuadritos puede proponer y hablar muy bonito... logrando con eso una interesante atomización del voto. Vamos a llevarnos unos indecisos más de este lado, porque no... Pero de nuevo, no hay que olvidarse que a las elecciones no se presenta una persona: se presenta una maquinaria de partido, una fuerza ideológica y una serie de acciones claras.
Quizá el señor de los Cuadritos sí hizo una cosa muy importante ayer, sin embargo: en contraste, puso en evidencia a unos partidos "consolidados" pero incapaces de contarle al ciudadano sin gritar-correr-ni-empujar cómo se puede mejorar al país. Un plan.
Él tenía un plan. Los otros, muchos nervios. Uno puede tener un plan cuando no tiene nada que perder.
Al parecer, no hubo sorpresas: todos instalados en el ataque, en el auto-bombo (que dicen acá) y tirando de las características de personalidad que los caricaturizan - el galán, la sosa, el populista. Y uno que "se salió del guión": el señor de los Cuadritos. El galán intelectual. El nuevo de la barrio.
En las últimas semanas he estado pensando mucho qué voy a hacer con ese sobrecito que el IFE hizo llegar a mi casa al parecer hoy (si lo quiere dejar la mensajera con mi compañero de piso - sino tendré que ir a buscarlo a una oficina para afirmar que sí soy yo la que quiere votar). Mucho además porque yo trabajo con este tema: con lo de la participación, la información, el compromiso ciudadano, el compromiso de los partidos...
Después de un montón de años escribiendo una tesis al respecto, me reservo un buen cargamento de escepticismo. Afortunadamente tengo muy cerca de mi a un anarquista que de vez en cuando me da una sacudida ideológica y aunque no defiendo la democracia directa para todo (ya hablaremos), sí me parece importante la participación en las elecciones.
Entonces: no siendo ni anulista, ni abstencionista, ni blanquista... ¿qué hago?
Se me ocurren un montón de cosas - la primera en la que quiero reflexionar hoy es aquella frase tan bonita de los abuelos de que "prometer no empobrece". Veo a algunos de mis "amigos" de redes sociales entusiasmados con el discurso propositivo del señor de los Cuadritos. Sí, seguro. Yo estoy convencida de que es el que tiene el programa más coherente y mejor escrito. Con una salvedad: no tiene NINGUNA posibilidad de ganar.
Lo más curioso es que este señor es el jugador frontal de un partido cuyos fundadores no se han distinguido por seguir la opción del diálogo, apostar por la calidad o por las decisiones más buenas para la mayoría. ¿Pero saben qué? Pues está bonito poner a alguien que hable bien y prometa el cielo, la luna y las estrellas. Y que levante la mano el que nunca se haya enamorado (aunque sea fugazmente) de alguien con quien "nada podía ser..."
El señor de los Cuadritos puede proponer y hablar muy bonito... logrando con eso una interesante atomización del voto. Vamos a llevarnos unos indecisos más de este lado, porque no... Pero de nuevo, no hay que olvidarse que a las elecciones no se presenta una persona: se presenta una maquinaria de partido, una fuerza ideológica y una serie de acciones claras.
Quizá el señor de los Cuadritos sí hizo una cosa muy importante ayer, sin embargo: en contraste, puso en evidencia a unos partidos "consolidados" pero incapaces de contarle al ciudadano sin gritar-correr-ni-empujar cómo se puede mejorar al país. Un plan.
Él tenía un plan. Los otros, muchos nervios. Uno puede tener un plan cuando no tiene nada que perder.
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