26.6.07

Turistas

Lo decía Laurence el sábado - ¿o era el domingo? - la diferencia entre ser un guiri y local no es cuestión de idioma, sino de actitud. Es qué tanto estás integrado a tu entorno y cómo lo asumes. Supongo que aquí se incluye la cantidad de paranoia ("¿hago topless? ¿y si me ve mi vecina? ¿le hago ojitos al chavo ese que me hace ojitos? ¿y si alguien va y le dice a mi peoresnada?) que eres capaz de generar en una ciudad. Si de pronto te parece que una ciudad como Barcelona está llena de espías que saben tu vida e irán a contar inconveniencias a los menos convenientes... ya no eres guiri. Eres más local que los correfocs y la Festa de la Mercè.

Otra de las cosas que te hacen pensar que ya eres de la casa es la desesperación como ves llegar a los turistas a ocupar los espacios de la ciudad. No es que sea yo una anti-turistas: es más, mi mamá dice que si cobrara un euro por cada vez que ofrezco y doy auxilio turístico, ya sería yo rica. Me gusta que venga la gente a disfrutar la ciudad en la que vivo. Pero no soporto a los que agarran un avión y vuelan hasta aquí sólo para ponerse ciegos de alcohol y tabaco más barato que en sus países de origen y regresan con las memorias nubladas. No es nuevo en mí: siempre sentí mucho asco y repeluz por los gringos que se van de spring break a mi país, especialmente a Vallarta. Vale que me puedo reir viendo a una gringa bailar con las tetas de fuera en una terraza, pero los costos que implican de limpieza y seguridad para la ciudad no se amortizan a Coronas y caballitos de tequila blanco.

Pues los pobres romanos - pobres nada, pinches-histéricos-conductores-de-horror, pero bueno - tienen una angustia similar. La suya fue la primera gran ciudad de turismo cultural y todo. Los italianos siempre han sido unos maestros en el desarrollo de atracciones turísticas - pregúntenles a los Venecianos robándose el cadáver de San Marco. Pero ahora resulta que no se trata nada más de turistas culturales, no. También Roma se está llenando de turistas de copas. Y eso, según este artículo del NYT, no pueden soportarlo. Yo los comprendo. Por el ruido. Pero también por el desastre. ¿Quién dijo que está bien irte a brincar en las camas en un sitio ajeno cuando en tu casa no te dejan hacerlo?

Ni modo. Este post tan amargosito, ortodoxo y reaccionario da fé de una sola cosa: me estoy volviendo vieja. Ja. Ah, guía para turistas: los barceloneses - y creo que en general los españoles - llaman guiris a los turistas que no hablan español.

1 comentario:

.Incannus (José Hipólito) dijo...

Ay, querida. Si eso es la vejez, sabes que a pesar de contar los mismos años, la he alcanzado mucho tiempo antes. Anda, que no es tan mala una vez que te acostumbras y que los demás se acostumbran a los chingadazos del bastón y las incoherencias del olvido memorioso. Besos, saludos y abrazos como siempre. PD-Siéntete en libertad de visitar el otro rincón perdido que encontraste. La compañía silenciosa es un alivio.