18.6.13

El día que fui Lola

No sé si me tomaron el pelo, pero me dijeron que se llamaban Lía y Laia. No eran hermanas, pero sí del mismo tamaño y con un look muy parecido: camiseta color pastel, falda amplia y converse claritos. De esos converse que yo siempre he envidiado porque son botas y tienen cremallera. Cosa magnífica.

Eran parte de esa raza nueva que se ve cada vez con más frecuencia en los festivales: los hijos de los festivaleros, que pasean por ahí con o sin auriculares inmunizadores al ruido. Estas iban sin - y gritaban lo suficiente para desafiar al DJ de turno.

Las había visto un rato atrás, de la mano de algún adulto. Pero cuando se acercaron a mi, iban solas: "¡Looooolaaaaaaa!" gritaron y literalmente se me echaron encima. Una de ellas incluso me tacleó. Cálculo que pesaba unos 14 kilos, no más. "Hola, Lola", me dijo entre carcajadas. La otra dudó. "¿Eres Lola?". "No, no soy Lola". "Sí, sí eres", afirmaban dando saltitos a mi alrededor como duendecillos de la música electrónica.

De pronto la más tremenda - la que se me había abalanzado encima - miró a la otra y le señaló: "mira". Señalaban mi brazo. Y mi espalda. En un lugar donde la media de la gente lucía sendos tatuajes, descubrieron con sorpresa que yo tengo lunares. Muchos lunares. "¿Qué son?". "Lunares". Silencio. "¿Te los quito?", ofreció, solícita.

Se fue contra mi brazo derecho y dos lunares muy redondos. Mientras sus uñitas afiladas se encajaban en mi piel, yo comenzaba a preguntarme dónde estaban los papás de las modernitititas. Mireia le dijo que no me lastimara, que eso no saldría de ahí. Siguieron tocando mis pecas con franca desconfianza.

Entonces llegó una de las madres. A lo lejos, a unos veinte metros, les grito: "Niñas, vengan para acá. Digan adiós". No estaban muy convencidas, pero al segundo grito, claudicaron. "Adiós, Lola", dijeron mientras agitaban sus manitas y se iban brincando sobre el pasto artificial del Sónar, esquivando aquí una cerveza, allá a alguien que tomaba una siesta.

Pensé que quizá tenían ganas de hablar con un adulto. Y me quedé pensando quién será Lola. Quizá a mi también me caería bien.

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