7.10.11

Mezclas deliciosamente improbables

Digamos un soufflé de chocolate con atún. Tres cosas que me encantan por separado pero no sé si podrían ir juntas. Eso fue lo que pensé cuando ví en cartelera anunciada "Pina, una película para Pina Bausch" de Wim Wenders. Una de las bailarinas más revolucionarias y talentosas (para mí), un realizador que siempre me enseña todo con ojos diferentes... y el 3D, algo que me parece simpático pero que no es mi hit. Y que no podía imaginar combinado con las otras cosas. Vamos, que el 3D era como el atún en la receta del inicio.

El miércoles fuí con Gisela a verla a la función de las diez. Nunca imaginé lo que encontré - me cayeron los lagrimones y todo. La manera en la que está construida, contada, vista. Lo increíble que es ver a los bailarines tan cerca, tan junto a tí. La música, maravillosa - otra mezcla improbable. Y por ahí, descubrir a Jun Miyake. Los bailarines, cada uno haciendo su reconocimiento a Pina en su propia lengua. La visión única de las ciudades, los jardines, los interiores, los teatros.

Es, sin lugar a dudas, uno de los descubrimientos más hermosos que me ha traido el cine en los últimos tiempos. Y uno de los homenajes más sentidos: creo que así como la lluvia de mensajes electrónicos le deben haber sentado increíbles al señor Jobs, Pina Bausch debe sentirse contenta con esa película en la que todos vemos como veía ella, en la que la danza casi se puede tocar.





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