10.11.09

Ilusiones y caprichos

Estabamos embarcados en una de esas labores tan dominicales como leer la revista de domingo de los diarios - cada uno la de una cabecera. La que yo tomé tenía un especial de vestidos de novia y me apresuré a llegar a ellos. Suspiré. "Es que los vestidos de novia... me gustan tanto...".

Primero me miró con desconfianza. Sólo me miró. Y luego dijo: "seguro lo estás diciendo en un tono sarcástico, ¿verdad?".

Tuve que explicarle que no había sarcasmo. Que, en honestidad total, a mi me encantan los anillos de pedida y los vestidos de novia. Que me parece un plan de lo más divertido ir a inventarme una historia de boda inminente para probármelos todos en una de esas inmaculadas tiendas de las grandes avenidas.

También tuve que detallar que no había razón para entrar en pánico: no es que quiera un vestido de novia por aquello de casarme y prometer amor eterno. Es que bueno, al pedacito de Cenicienta que todavía vive en mí, le siguen encantando - aunque sea para verlos de lejos - los vestidos de princesa.

4 comentarios:

Mona dijo...

Te acompaño cuando quieras!!!!

Cin dijo...

Ya te diré, pero tenemos que invitar a mi mamá... si no me mata! :D ¿Dónde y en qué andas? ¡Cuéntame el cuento completo!

Shatzy Shell, desde la estacion... dijo...

hace dos días pasaba por un aparador de vestidos de novia y me encantó, en serio me gustaría mucho probarmelo, seré una cobarde por no tener el valor para ir???

Cin dijo...

Haga acopio de valor! Total, qué más da! ¿Cuántas veces te has probado unos zapatos sin comprarlos? Un besito.