14.12.08

Desde otro punto de vista

Yo, que usualmente soy peatón (¿o se dice peatona?) y usuaria del transporte público en Barcelona, he aprendido que la ciudad tiende a ser radicalmente diferente cuando la recorres en carro. Pasas por calles que no elegirían porque te hacen dar una súper vuelta, no ves la parte de arriba de los edificios porque vas cuidando no pisar una caca de perro; te fijas en las tiendas, pero no necesariamente en la gente que está a tu alrededor.

Aohra me toca hacer un recorrido a la inversa. Por azares del destino, sólo conozco Amsterdam en barco. La primera vez tuve una visita exprés de cuatro horas y tocaba ver los puntos más importantes aunque fuera solamente así. Ayer, por el contrario, fui invitada por un grupo localísimo a celebrar un cumpleaños en un barco que es "patrimonio nacional flotante" (chido, ¿no?). Me gustó ver una vez más cómo la luz cae a las cinco de la tarde encima de las casas y los canales, entender los códigos de tráfico para los barcos y, también, ver a la gente que nos tomaba fotos porque vaya, éramos el objeto de su turismo.

Hoy toca ponerme mis botas, mi chaleco, mi abrigo, mis guantes (soy tan friolenta, caray) y comenzar a caminar por esas calles que conozco desde el agua. Qué emoción que hace.

Mi colofón es que deseo que algún día algunas calles de mi adorada Guadalajara - tan dejada de la mano de Dios, la pobre - puedan ser otra vez pasto de felices peatones a los que les toman fotos, como aquellas que tienen mis abuelos.

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