23.1.06

Buenos días, Kafka

Ya es extraño escuchar historias en boca de Jane, británica afincada en Barcelona desde hace décadas que da clase de inglés al joven Manager. Mientras me tomo un café con leche y un bocata de fuet comienza a describir a su madre: "Mi madre es ridícula. Tiene 80 años, está encorvada y tiene el pelo blanquísimo, peinado en un moño siempre. Pues así, parece la iaia (abuelita en peninsular) clásica" Y así, vestida de abuelita de la Warner, la atraparon. Estaba paseando su perro, un caniche, en un parque enfrente de su casa. Decidió quitarle un poco la correa para que caminara libre y entonces, de detrás de unos arbustos, sugieron dos hombres.

Iban de civil. Se acercaron a la asustada mujer y le mostraron sus placas. La multaron. Por haber dejado suelto al perro. La multaron y además la reprendieron, le pidieron sus datos. "Yo pensé", contó Jane, "que quizá eran unos ladrones que estaban vigilando a las personas mayores que salen a pasear sus perros todos los días para asustarlos y luego robarles". Con esta historia en mente, habló al Ayuntamiento. Y la mandaron a otro Ayuntamiento (su madre vive en el límite entre dos). A la segunda llamada le confirmaron que no era nada extraño: que había agentes de incógnito en los parques cazando a ciudadanos incívicos que ponen en peligro a los otros al dejar libres a sus perros.

La mujer - la madre de Jane - duró cuatro días sin dormir. Lo que más le afectaba era tener problemas con la justicia - "¿no será que me van a deportar ahora, verdad?" - y la posibilidad de que le quitaran a su perro. Un mes después, llega a su casa un citatorio. Le debe 30€ al Ayuntamiento por su falta y tiene que presentarse a declarar. Jane escondió la carta, le dijo que era un error e irá ella misma a solucionar el problema. "¿Pues que no tienen nada mejor que hacer que vigilar parques públicos vestidos de paisano a media mañana?, pregunta la buena de Jane. Eso es lo que quisiera yo saber.

1 comentario:

Veroinsky dijo...

España es un país extraño pero genial. Barcelona es... simplemente lo más cercano al paraíso, poder contar historias de guardias civiles multando "abuelitas" diría yo que no tiene precio. Son esas cosas que aunque jodan un poco se vuelven "parte del encanto".