25.4.03

Hoy me acordé de cuál es la mejor manera para derrotar a la ciudad: la amabilidad. Francamente, me da mucha flojera subirme al metro y luego a un pesero todos los días para llegar al trabajo, pero no tengo muchas opciones. El taxi, además de caro, se tarda más. Entonces no tengo más remedio que hacerlo.
Obviamente, para un ser naturalmente paranoico como yo, viajar junto a miles de personas y pasar junto a otras tantas que te miran con curiosidad - karma, diría mi jefa: a mí por supuesto que me encanta sentarme a recortar gente - me causa mucho estrés. Y siempre estoy buscando la mejor manera de aislarme de todo ello. Ya hace un buen tiempo lo había descubierto, pero por alguna razón se me olvidó. Esta mañana me fue muy evidente.
Lo que te hace sentir más mal en la Ciudad de México, más solo y en peligro, es que estás rodeado de gente que no conoces. Y a la gente que no conoces, no la saludas. "Buenos días". Esa es el arma mágica en contra de la inseguridad, del miedo de todos los días.
Por ejemplo: hoy tomé conciencia que el policía de la entrada de la línea azul del metro me conoce. Ya me dice "buenos días" antes de que se lo diga yo. Un chico que atiende el puesto de los bisquets también me saluda. Me subí al pesero y antes de darle mis dos pesos al conductor le dije buenos días. El hombre me miró con sorpresa y dijo en voz alta: "¡Vaya! ¡La primera educada que saluda en el día!".
Antes de bajarme del camión, el chofer me deseó que tuviera muy buen día. Y se me quitó el miedo.

Espero que no se me vuelva a olvidar que tengo esa arma secreta.

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