9.5.04

Sunday, bloody sunday

La decepción tiene un olor como a fruta podrida. En el fondo de la garganta, se sienten pequeñas placas - podrían ser de llanto - y el resto de la boca sabe como a metal, como a olvido.

Es horrible encontrarse no con uno, sino con tres mensajes que recen como sigue:
"Estimado candidato: Lamentamos comunicarle que su solicitud no ha sido seleccionada para la concesión de beca para el master XXXXX. Le agradecemos el interés que ha mostrado por el Programa de Becas de XXXXX, y le deseamos toda clase de éxitos en su futuro profesional. Reciba un atento saludo."

(respira, idiota, respira)

Hoy estoy triste.

6.5.04

No más porno

Ya me lo había dicho Fiesco hace unos días. Pero no lo creí. Hoy, el New York Times lo confirma en una nota. Se está acabando el porno en Estados Unidos. Una epidemia de SIDA ha comenzado a expandirse por los foros, con lo que la mayoría de los trabajadores de la industria están cada vez más asustados.

Apenas ayer se anunció que una actriz de 26 años también dió positivo en su examen, infectada por otro actor, Darren James, quien aparentemente se infectó en Brasil. Este brote de SIDA - el primero en los últimos cinco años - ha detenido casi por completo toda la producción de películas y videospornográficos en la Meca de la pornografía, Los Ángeles.

No se espera que la producción re-comience antes del 8 de junio. El doctor de la chica recién diagnosticada dice: "Es una mujer muy fuerte y toma la responsabilidad total de su situación. Es alguien que era muy feliz en la industria del entretenimiento para adultos. Ama su trabajo".

Qué bonito consuelo.

5.5.04

Que dice Disney que siempre no

Disney le acaba de prohibir a su división Miramax que sea la distribuidora en EEUU de la nueva película de Michael Moore, Fahrenheit 911. Parece ser que el contenido de la cinta - que relaciona económicamente a Bush con la familia de Bin Laden - no sería muy conveniente para una empresa tan políticamente correcta como Disney.

Interesante la cita de Moore, presentada en el sitio del NYT (restringido a inscripción gratuita): "En algún punto debemos de hacernos esta pregunta: '¿Debería suceder esto en una sociedad libre y abierta donde los intereses económicos son esencialmente quienes toman decisiones al respecto de la información que el público tiene permitido ver?'".

En busca del ratoncito perdido.
Descubrimiento feliz

Anoche, viendo la televisión con Carlos, hartos de las repercusiones del asunto Cuba-México, tuve una revelación. En una nota de contexto sobre la historia de Ahumada en Argentina, salió mi querido Mario Mercuri, entrevistado en investigación especial.

Vaya desde aquí un gran abrazo a un verdadero maestro. He dicho.
La vergüenza del chayotazo

Cuando trabajaba en el periódico, estaba muy orgullosa de mi profesión. Me enseñaron mis maestros de oficio que había que ser derecho, decir las cosas, buscar los distintos puntos de vista, tratar de hacer el mejor retrato de la realidad con muchos ángulos, para que la gente pudiera opinar y crearse su propia idea del asunto.

De alguna manera, a mi me parecía muy glamoroso el asunto de los opinadores. Personas que, desde su especialidad, podían darle a la gente una visión mucho más equilibrada de lo que estaba sucediendo en el mundo o los negocios nacionales o internacionales. Desde Guadalajara, admiraba a algunos columnistas cercanos pero miraba hacia el centralismo del DF y encontraba a los grandes columnistas, los dueños y señores de las opiniones.

Poco después de que comencé a trabajar en Relaciones Públicas - el otro lado de la moneda - descubrí algo horrible: muchos de los columnistas aceptan dinero para hablar de las empresas. Cuando mis compañeros me explicaban que era práctica usual entre "la vieja escuela" del RP dejar caer sobrecitos por aquí y por allá, no lo creía. Era un poco como cuando te dicen que alguien es cocaínomano, no lo crees, y de pronto lo ves metiéndose una línea por la nariz.

Al caer en cuenta de la recurrencia con la que se hacia esto de las "notas pagadas", empecé a tenerles un poquito de asco a los columnistas. Leo ahora las opiniones financieras y trato de hacerme un cálculo somero de cuánto les da cada uno, además de lo que les paga el medio. Aclaro que no todos los editorialistas reciben dinero. También eso me consta. Y me sorprende gratamente, y me permite respirar con cierto alivio. Es muy agradable tener alguien a quien admirar. Saber que alguien se niega a caer en el mismo juego.

Ayer uno de los "columnistas chayoteros" fue especialmente grosero con uno de mis compañeros. Al invitarlo a un evento muy especial de uno de los clientes, el tipo, al que llamaremos P.D., y es déspota como el que más, le dijo de muy mal modo - arrogante, al fin y al cabo - que no le interesaba recibir ninguna información de nosotros y de ninguna otra agencia de relaciones públicas, que lo borráramos de todas nuestras bases de datos porque lo único que hacemos es quitarle el tiempo.

Por supuesto, señor P.D. Por supuesto que único que hacemos es quitarle su valiosísimo tiempo que le pagan otras empresas. Porque los que hacemos relaciones públicas serias no queremos que se paguen los contenidos, sino que se generen. A eso nos dedicamos. Pero, por cierto, hace unos días me percaté de que una de sus columnas ataca a una de las empresas que sé de buena fuente le pagan a usted para que publique sus noticias. ¿Esa es su aspirina contra el dolor de cabeza que emite la falta de ética? ¿O será acaso una llamada de atención para que le giren su próximo cheque?De verdad, qué asquito.
En contra de las barbies

Hoy, el New York Times publicó una nota de esas que nos reconcilian con la vida después de las fotografías de Vogue. Resulta que en Rusia hicieron una votación abierta para buscar a la Miss Rusia perfecta. La elegida fue una chica llamada Alyona... una mujer normal. Con peso normal, con vida normal.

Al final, la chica no ganó por situaciones de reglas y edad. Pero la página en la que lanzaron su candidatura es un éxito mundial en contra de la imagen de la Barbie. Divided we fall, united we stand, dicen. En esta página de la BBC está incluso la foto de la chica.
Lo que uno se encuentra en un Sanborn's

Ayer me volví a parar frente a un mueble de revistas en Sanborn's. De chismes, para más señas. Tenía suficiente dolor de cabeza después del accidente y la visita a la planta en Cuautitlán para ponerme a leer cualquier cosa complicada. Entonces me lo encuentro: por primera vez en la vida, un titular de revista rosa que podría estar relacionado conmigo o con gente que yo conozco. Todo por haber trabajado en el mismo periódico que trabajó la próxima plebeya que se convertirá en princesa de España.

"La verdadera vida de Letizia Ortíz en Guadalajara - incluído su amante tapatío". ¡Qué fuerte!, pensé. ¿De quién se tratará? El artículo, como era de esperarse, estaba lleno de imprecisiones. En primer lugar, Siglo 21 no evolucionó y se convirtió en Público. Son dos proyectos editoriales independientes ergo, nunca compartieron el mismo edificio. Pero en fin. Tampoco le puedo pedir peras al olmo.

Lo más terrible de todo fue ver el nombre de uno de mis gurús - por lo menos de los hombres a los que aún admiro por lo bien que hacen su trabajo - envuelto en las intrigas amorosas de la jetset española. Digamos que, por un momento, entendí lo que sienten los que compran las revistas de sociales para ver aparecer a sus amigos. Creo. Por que lo mío fue primero morbo y luego pena ajena.