15.7.11

Murakami, Cerati y yo

El verano está en pleno apogeo en Barcelona. La Universidad se va quedando desierta, los profesores firman actas de fin de curso y los becarios/doctorandos empezamos a hacer planes de cómo lograr - esteveranosí - avanzar un poco más en la tesis. Cómo no distraernos entre un mar de cosas que hacer.

Hay gente a la que le encanta el sol y la playa. Yo, bicho de ciudad, amo la playa pero no al pleno sol del mediodía. Me gusta en las tardes o a primera hora de la mañana. Lo que no me gusta, más bien, es el sol - es a lo que huyo. Así que hace unos días que decidí volver a correr comencé hacerlo alrededor de las ocho de la noche - todavía con un poco de luz, pero no con calor.

Comencemos por el principio: no es posible llamarme corredora. En realidad, no es posible llamarme deportista. Quienes me conocen saben que con excepción de bailar - que me encanta - pocas actividades físicas me parecen entretenidas. Ir al gimnasio es un hábito que he tomado transitoriamente pero acabo abandonando siempre por exceso de trabajo o cualquier cosa.

Y hace unos días, en medio de uno de esas situaciones imposibles que conjugan un mundo de trabajo y un mundo de culpa por el exceso de grasa en el cuerpo, tomé en mis manos el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" de Haruki Murakami. Me lo prestó alguien que ha hecho del ejercicio una forma de vida y de búsqueda de equilibrio. Me costó leer - todo me cuesta últimamente. Pero ahora estoy enganchada. Y no sólo eso: cuando iba por la página 30 tuve de pronto el impulso de salir a correr. De ponerme los zapatos de deporte, ropa cómoda y un acompañamiento musical adecuado y salir.

No es importante el tiempo ni la distancia - lo que es importante es que estoy comenzando a disfrutar los recorridos, aunque los primeros minutos sean una tortura en la que siempre estoy a punto de claudicar. Pero luego todo tiene sentido - mi cuerpo comienza a responder, mi respiración se acompasa y puedo ir a un ritmo consistente, no alto, pero bueno. Y comienzo a concentrarme en la música.

Ayer hubo un rato especialmente difícil por la humedad que había en la ciudad. Sudaba e incluso mi aparato de música lo resentía - se paró en algún momento. Cuando me quedaban un par de minutos para terminar, comenzó a sonar "En la ciudad de la furia", en aquel unplugged de Cerati con Andrea Echeverri. Y me quedé ahí, corriendo, hasta que se terminó la canción, pensando en nada más que en la letra, en la música, en la posibilidad de estar ahí.

Quizá correr sea parte de lo que tengo que aprender para terminar la tesis, la novela o lo que sea. Lo dice de alguna manera Murakami: esa necesidad de constancia, de sentir el cuerpo bien para tener las ideas amueblando adecuadamente la cabeza. No lo sé - lo único que sé es que hoy amanecí con ganas de escribir y hace tanto que no pasaba.

Es muy pronto para anunciarlo pero la tesis, el blog y todo lo pendiente pueden beneficiarse de este correr lento, pausado, pero constante. Veremos si me dura el verano.

1 comentario:

Marí dijo...

Murakami es de mis escritores favoritos, hasta ahora Tokio Blues, After Dark y Crónica del Páaro que le da Cuerda al Mundo... pero planeo conseguir algunos más... en cuanto a Cerati... es un placer relativamente nuevo para mi. Fue Gracias a Mauvais que le segui la pista.

Un Saludo.