23.7.06

Reflexiones en el calor

Los últimos tres días los he vivido cual dama de las camelias - según el Duque - postrada a veces en el sillón, otras tantas en la cama. La hora de la cura en la que (espero) me quitarán los tapones de la nariz se acerca. Pero ya he tenido demasiado tiempo para pensar. Muchísimo.

Entre las decisiones tomadas es que el trabajo ya no es una opción. No el que tengo. Que tengo que sentarme verdaderamente escribir. Que quizá no sea tan mala idea quedarse acá hasta que amainen un poco las aguas del otro lado del océano. Y que ya estuvo bueno de quedarse en un trabajo porque da curriculum: hay que buscar uno que dé vida y felicidad.

Hace calor. Una paloma me mira desde la ventana de mi vecino de enfrente. Oigo a unos niños que juegan por la calle de Tiradors, a unos cuantos metros de mi ventana. Acabo de peinarme. Daría mi reino por un baño completo, con todo y lavado de cara. Lástima que mi reino, por lo menos ahora, no sea deseo ni anhelo de nadie que yo conozca. Creo que tengo que volver a recostarme.

1 comentario:

Veroinsky dijo...

Si en tu reino figura Barcelona, conoce a alguien de quien sí sería un anhelo.

¡Mejora pronto!