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14.3.17

Aquí, mañana se vota

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Pic. Dreamstime.doc

Entro tarde a casa la última noche de la campaña electoral. De camino, encontré en los autos estacionados en mi calle, propaganda del Partido Pirata - uno entre las más de dos docenas (¡dos docenas!) que se presentan a las elecciones parlamentarias que se celebran en Holanda mañana. Otra vez, inmigrante perpetua, no puedo votar por la gente que decidirá las políticas económicas y sociales que regirán mi vida en los próximos años. Y con temor, me asomo a las encuestas para saber qué me espera.


Mientras me quito el abrigo - la primavera se presume cercana, pero no instalada aquí aún -, Mr. G. me dice desde el sofá: "paciencia, chica. Es la última noche". Paciencia me pide, porque las últimas tres semanas la televisión de la noche en el país es casi exclusivamente política. Debates, programas de análisis, confrontaciones amables o no tanto entre los cabezas de lista de los partidos con posibilidades de representación. Apenas ayer por la tarde, los dos contrincantes encabezando las encuestas, (Mark Rutte, ministro presidente actual, del Partido Popular para la Democracia y la Libertad/VVD, y Geert Wilders, del Partido de la Libertad/PVV) se enfrentaron en el debate más esperado justamente en el Aula Magna de mi universidad. No entré en parte porque sabía que no iba a entender más allá del 40%, en parte porque había que pedir los boletos en un proceso del que nunca logré aclararme.

Pero el no estar adentro no me lo ahorró (lo vimos en la noche en casa, en diferido), ni me permitió ignorarlo. El Campus estuvo todo el día lleno de medios y de policía. De policía entre otras cosas porque el debate se celebraba el lunes después de una crisis diplomática histórica que tuvo a Róterdam en vilo todo el fin de semana. Erdogan, presidente de Turquía, molesto porque los holandeses no permitieron la entrada de sus ministros para hacer campaña por un referéndum para ampliar sus poderes, ha estado llamando al gobierno del país "facista" y "nazi". El sábado por la noche, en pleno conflicto, comencé a sentirme un poco asustada.

Los medios internacionales se han dado vuelo presentando a Geert Wilders, cabeza de lista del Partido de la Libertad (PVV), como el Trump Holandés.  No es sorprendente entre otras cosas porque el señor Wilders incluso llegó a hacer campaña para Trump el año pasado, porque los dos tienen una curiosa percepción de estética (por lo menos en lo que a grandes cabelleras rubiosas se refiere), ambos prefieren Twitter a cualquier otro media (también compartiendo cosas que no son reales), y porque una parte muy importante de su programa, de su discusión se centra en detestar al otro. Y para hacerlo más específicamente aún, identificando al otro como todo aquello que sea musulmán.

Temí desde el fin de semana especialmente durante el conflicto con Turquía porque, si bien no todos los turcos son musulmanes, hay una referencia mental a ellos más o menos directa aquí. Y porque además el argumento principal del señor Wilders es que una de las cosas que hace peligrosos a los turcos/musulmanes no sólo es su afiliación a una creencia religiosa, sino que la aparente relación directa entre esa religión, el terrorismo y una postura en general negativa a lo que sea la cultura occidental - o, en su versión local, la cultura holandesa. La crítica es que los turcos no se integran totalmente y eso es lo que los hace peligrosos para el país. Y el que estuvieran en las calles de Róterdam exigiendo que les permitieran celebrar un rally para un referéndum en Turquía, parecía estarle haciendo la campaña al señor Wilders.

Y mucha gente, desde mi punto de vista, se la ha hecho en esta carrera electoral. Hace un par de meses, muy al inicio de la campaña y queriendo justamente confrontar o ganarle votos, el presidente Rutte y su equipo de campaña decidieron publicar un desplegado que tomaba como leif motiv una frase muy holandesa: "Doe Normaal"- "Pórtate Normal". Básicamente, hacían un llamamiento a que todos los holandeses (sobre todo aquellos con doble nacionalidad, a los que vienen de fuera) se plegaran a la "normalidad" holandesa, a las cosas que son típicas de aquí. Esto era una respuesta directa a la discusión de Wilders de que la gente con doble nacionalidad, los musulmanes que viven en el país, no se comportan como los holandeses.

Siguiente pregunta, entonces: ¿qué es la holandesidad? ¿Cómo hace uno para portarse normal? Y lo pregunto mientras veo a Wilders agitarse en televisión en vivo en contra de la gente que tiene dos nacionalidades y no elige ser sólo holandés. ¿Cómo elegir, me pregunto yo? ¿Y elegir por qué? ¿No era una cosa muy holandesa lo de ser tolerante? ¿O se trata sólo de un discurso político para ganar votos, lo de la tolerancia?

Como ha pasado en Estados Unidos y podría pasar en otros países, el temor al otro, al vecino, al que viene de fuera, está al orden del día. El temor a lo que cambia, siempre. Porque este mundo cambia mucho, muy intensivamente. Y no todos los holandeses son tan progres como la imagen de Ámsterdam rodeada en una nube de cannabis hace creer. Hay gente que se siente olvidada, en peligro, debilitada frente a nuevas poblaciones. ¿Por qué? No me atrevo a dar un diagnóstico único - quizá la idea de que el cambio no siempre es bueno, que mejor siempre es lo malo por conocido, que lo bueno o aún más malo por conocer.

Sigo viendo el debate mientras escribo esto. Muchos, muchos, muchos hombres blancos de mediana edad como candidatos. Nada de diversidad aquí. Una sola mujer, Marianne Thieme, del Partido para los Animales. Un sólo joven, Jesse Klaver, de Groenlinks (literalmente "Izquierda Verde"), que además es marroquí-holandés, y ha sido relacionado ideológicamente con Bernie Sanders... aunque físicamente con Justin Trudeau. Y faltan tantos. Porque, como empecé diciendo, hay muchas opciones. Tantas, que los holandeses no conocen muchas de las que tienen.

Y eso, en realidad - la noción de un país con una democracia multi-partidista - es lo que me calma en el momento que entro en pequeños pánicos. Porque aunque el señor Wilders ganara mañana la elección (tuviera el mayor número de votos), tiene poquísimas posibilidades de poder conseguir una coalición para gobernar. Y el señor Rutte ayer, en el debate, usó una frase que aún en mi holandés macarrónico pude entender: al preguntarle si haría algún acuerdo de gobierno con Wilders, dijo que "Niet, nooit, niet" ("No, nunca, no").

Entonces: no me preocupo ahora por un inminente gobierno holandés que vaya a comenzar a echar a los inmigrantes - como yo, como otros - fuera del país. No me preocupo porque un rubio con un terrible gusto para peinarse esté como jefe del gobierno. Me preocupo, sin embargo, de que los holandeses que pueden ir a votar mañana no lo hagan y dejen pasar la oportunidad de crear gobiernos y oposiciones más fuertes. De que los holandeses pierdan la fe en que la democracia sirve para algo más que sólo instrumentalizar el odio y o el miedo. De que los holandeses, mis vecinos, se olviden que toda Europa (y el mundo) los mira con un poco de temor a un deja vú, a un Netherlands First (o Second, para reírse), que confirme un giro hacia un mundo en el que preferiríamos no vivir... por lo menos los que hemos decidido que las fronteras son poco justas para lo que pasa en nuestro corazón.

Hoy terminé mi clase con una arenga electoral y mañana haré lo mismo. Con un "vota por mí" como los que promoví en su momento en Cataluña y en España en general. Porque bueno, cosas de académicos o idealistas quizá, yo todavía creo en que el diálogo democrático tiene capacidad de arreglar cosas... aunque justo ahora parece que Rutte y Klaver tampoco pueden hablar de forma tranquila... por lo menos no en este debate.

para Juan Larrosa, que me jaló las orejas y me recordó lo que me gusta escribir de estas cosas. para el que viene, que se enfrentará a lo que nos dejen los votantes mañana.

2.11.09

Sobrepolitizada - porque sí quiero una consulta sobre la independencia catalana

Me pasé la semana pasada en un Congreso de Estudios Electorales. Las palabras "encuesta", "percepción", "abstencionismo" y "concurrentes" - entre otras - me persiguen entre sueños como si fueran mosquitos. La verdad es que no he logrado desconectar del todo. Y me da gusto - eso me da aunque sea la esperanza de que algún día volveré a lo que me falta de la tesis.

Justo en este contexto, me encuentro con un montón de encuestas como electorales en tiempo no de elecciones sino de escándalos. Decirles, queridos lectores de allende el mar, que acá los queridos muchachos están descubriendo corruptelas una tras otra. Y se da den manazos y ya no saben ni cómo comportarse... pasa lo que pasa.

Entre las ochentamil encuestas - de intención de voto, de quién cree uno que era el origen de Cristóbal Colón (verídica, ver aquí) o las predicciones de ganancias del Barza, uno tiene la impresión de que igual las encuestas son a los adultos lo que los chismógrafos son a los alumnos de secundaria: todo lo que querías decirme pero no te atreves en un papel.

Entre la ola de encuestas, hoy leí una en la que se afirma que una mayoría del 53% de los habitantes de Catalunya estaría a favor de que hubiera una consulta sobre una posible independiencia, aunque sólo un 35% votaría a favor de la separación entre el estado. A mí lo que me entusiasma es que la gente vea la democracia como un instrumento de consulta propio, en el que puede salir a la calle, opinar, decir, de manera clara, lo que le gustaría. No estoy en contra de la democracia representativa, para nada, pero a veces me parece que estaría bueno preguntar a la generalidad en serio, para dejarnos de arengas sobre lo que podría ser o lo que dicen las encuestas.

Claro que, por ejemplo, esta encuesta puede ser una falsa y que nadie nunca quiera ir a votar. Pero con el famoso descrédito a los políticos, creo que sería más fácil y atractivo para la gente votar o elegir entre ideas que entre sonrisas colgate.

Ya, estoy sumamente densa e imposible. Lo siento.

Ah, por cierto: me gané un reintegro en la lotería. Seguiremos jugando a ver qué más toca. Capaz de que así se me olvida todo este asunto tan democrático.

9.6.09

Voto Nulo I

Tengo semanas tratando de reflexionar sobre mi posición al respecto del voto nulo. Es un movimiento muy fuerte ahora en México, respaldado por intelectuales varios y de manera intensa por muchas personas que han sido cercanas en diversos momentos de mi vida y en las cuales, por lo general, confiaría.

Hay que poner en contexto aquí que yo estoy haciendo justo ahora una tesis doctoral en donde busco destripar un mecanismo de educación para la ciudadanía y la participación. Por lo tanto, mi primera opinión al respecto - la más visceral - es de rechazarlo. Pero he oído argumentos que me han hecho pensar muy seriamente.

Según dicen, anular la boleta no es huir de la responsabilidad y el derecho del voto, sino dejarle claro a la clase política que no estamos de acuerdo con el tipo de representantes que tenemos. El resto de la reflexión, hasta donde yo lo he entendido, es que con cada vez más votos nulos tanto los organismos electorales como los partidos y otros ciudadanos entenderán esta falta de satisfacción y algo se modificará.

Ese último "algo" tiene rintintín. ¿Qué exactamente esperan que se modifique? ¿Que las leyes electorales cambien para que si hay un porcentaje X de votos nulos las elecciones sean declaradas en si mismas nulas o poco representativas y, por lo tanto, convoquen a nuevas selecciones y así ad infinitum? Yo veo un problema esencial aquí: en el mejor de los casos, eso generaría bastante caos y una cantidad enorme de gobiernos interinos que permanecerían y no en el poder hasta que se encuentre - por fin - al candidato "elegible". Entre una cosa y otra, podrían pasar años en la completa inmovilidad dentro de los marcos legales... algo que, en un país como el nuestro, sería más que debastador.

Por otro lado, me llama la atención la visión de todas estas personas al respecto de que el anular el voto es el más radical acto de participación en la democracia. Crean plataformas en Internet, personajes, manifiestos. Sin embargo, en ninguna de éstas veo la intención de realmente cambiar las cosas - involucrarse. Dice la sabiduría popular (muchas veces en boca de Vargas Llosa) que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Esto me queda claro cada vez que escucho hablar de "la clase política". "Es que la clase política es una porquería". "Es que no hay ningún político que represente mis ideas". Es que son ELLOS (esa entidad borrosa) contra NOSOTROS. Supongo que ese NOSOTROS se refiere a los pobres y sufridos ciudadanos que no tienen tiempo para nada más que para trabajar y hacer política de escritorio.

Porque claro, participan en los foros de Internet. Y leen los periódicos, encantados cuando un "líder de opinión" está de su lado en la afirmación que es mejor anular el voto que votar por cualquiera de los partidos actuales. Lo que me llama la atención es que no se sientan parte de la "clase política". Si nadie los representa, ¿no sería entonces lo más lógico que intentaran representarse a si mismos? ¿que salieran con una formación política dentro del marco de la ley para poner en la agenda nacional los temas que les interesan?.

Los últimos días he estado siguiendo las elecciones europeas. Vemos cuáles son los votos para cada partido, pero no vemos cuántos ni cuáles son los votos nulos. ¿Por qué? Porque no son relevantes. Porque quizá, aunque los hayan emitido sus dueños con la plena consciencia de que están en contra de cómo se están llevando las cosas hasta ahora, no cambian nada. No son noticia. Y aunque lo fueran, están dentro de un marco normativo que simple y afortunadamente los van a convertir en una anécdota. No en una modificación o en un momento de inmovilidad.

No hay que olvidar, además, que la gran mayoría de los votos que se van a emitir - los que no están afectados por oleadas de abstencionismo o nulismo - son de personas que tienen una clara identificación por los partidos con representación mayoritaria. Así entonces, el índice de abstencionistas no será capaz de tapar los métodos clientelistas con los que muchos de los partidos actuales mantienen sus puestos en el gobierno o sus registros, en el caso de los pequeños.

Entiendo que quizá es demasiado tarde para actuar de otra manera. Que lo único que aparentemente queda es alzarse desesperados en pos del voto nulo para demostrar que no estamos de acuerdo. Pero lo que hacemos en realidad es perder la oportunidad de diversificar el voto, de dejar más diversificados los cotos del poder actual.

La solución que yo veo es que cuando no nos sentimos representados y estamos convencidos de que todo está mal hecho y no tiene solución, es que tenemos que comprometernos directamente con la opción política. Hacer política en la acción, en la responsabilidad ciudadana de tomar la decisión de ser un candidato o un partido y ofrecer una nueva opción. No hablo de cosas intangibles y lejanas. Entre mi revisión de noticias europeas, descubro que en Suecia el Partido Pirata - cuya plataforma de campaña incluye deshacerse de las leyes de derechos de autor, del sistema de patentes y la vigilancia en Internet - no sólo sigue vivo sino que logró un escaño en el Parlamento Europeo. Quizá no puedan hacer muchas cosas, pero serán una especie de mosquito que revoloteará de un sitio a otro recordando que hay ciudadanos que tienen estas cosas en mente, que quieren una legalidad y un gobierno diferente.

No creo que se valga hacer "vida política" desde el sillón de la casa o desde el café donde nos tomamos una cerveza. El votar nulo para demostrar nuestra superioridad moral contra los partidos actuales tampoco representa una propuesta clara para el cambio. Si la "clase política" no es la que queremos, invadámosla. Hagamos que lo sepan con cartas, reclamos, diálogos - con la creación de nuevos partidos. Seamos propositivos con la creación de nuevas opciones y nuevos instrumentos ciudadanos de presión. El problema del condenado a muerte nunca ha sido que lo suban al cadalso y lo humillen frente a la gente del pueblo. Su problema es que lo maten, que lo saquen de la jugada. Y para eso se necesitan acciones, más que palabras.