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25.3.15

Vivir sobre una sopa

Parece que lo que sucede en la calle, en realidad sucediera aquí. Desde esta ventana en un tercer piso, alcanzo a ver un poco de la estación del tren, las vías del tranvía y una zona de construcción que puede ser una calle, un jardín, un estacionamiento o todo junto. Escucho, claramente, que los obreros tienen la radio a todo volumen con "I'm every woman" de Whitney Houston en este momento. Hace un rato fue Ace of Base. Vamos, los éxitos de los noventa.
Ha llovido todo el día - a distintas intensidades. Sentada frente a la ventana, he trabajado en muchas cosas diferentes: artículos, el libro, la tesis, la reunión de mañana. Avanzo poco. Y ahora avanzo menos. Desde ayer, que también trabajaba aquí, hay algo que me asusta. De cuando en cuando, al pasar un camión muy grande o en respuesta a algún golpe en la construcción, la casa se mueve. La primera vez que pasó pensé que estaba mareada. El gato seguía dormido, sin inmutarse. La gente en la calle no tenía miedo. Volví a mi silla: y unas horas después, de nuevo. Supuse, por alguna razón, que estaba bien - aunque en realidad me parecía raro.
Esta mañana, mientras tomábamos café, pregunté si era normal, si tenía de qué preocuparme. Él soltó una carcajada. "Sí, chica, claro que es normal. Es lo que tiene vivir sobre una sopa". Me explicó que si caváramos 60 centímetros en el parque, encontraríamos inmediatamente agua. Y que en este país que está literalmente bajo el nivel del mar, algunas ciudades están construidas sobre una sopa espesa de tierra y agua. "Pero no te preocupes: está todo bajo control".
Ha pasado el día y cada vez que siento el movimiento en casa, miro al gato, que me responde con una mirada vacía, en plan: "¿qué? ¡si no está pasando nada!". Él se acurruca en el sillón y yo a su lado. No es un terremoto, pero se siente como tal. Como saber que allá, en la otra casa, se llevan a alguien a una unidad de cuidados intensivos. Mensajes van y mensajes vienen - quiero saber la gravedad de todo, pero es difícil tocarla. Quiero estar allá, pero estoy aquí, donde también quiero estar. "Tranquila... es que estará mejor cuidado. No te preocupes: está todo bajo control".

No es un terremoto, pero se siente como tal. Esto de vivir con el corazón en muchos países es igual que vivir sobre una sopa: hay que acostumbrarse al movimiento y seguir sin inmutarse, aunque todo se mueva.

21.4.13

Ratón

Hay cosas que están cantadas en la historia - pero uno no se gana los títulos que tiene de a gratis. Tiene que pasar por experiencias verdaderas que lo conviertan en lo que dicen los demás.

Doñatesis me tiene nerviosa. Por eso, mis semanas se extienden hasta el sábado - ese día, puedo trabajar en la biblioteca con bastante calma. No hay nadie, estoy tranquila, puedo pensar. No digo que avance mucho: pero hay algo que me tranquiliza en estar rodeada de libros y de mis cientos de hojas con notitas y apuntes.

Llego a la biblioteca el sábado, saludo al guardia si está por ahí y me subo a mi oficina en el tercer piso. Me siento enfrente del ordenador y, usualmente, no me muevo más. Me quedo ahí hasta que llega la hora de irme ya sea porque se cierra la biblioteca o porque alguien me ha invitado a comer. La gente que trabaja ahí ya me conoce: por lo general van a buscarme, porque me distraigo. Me quedo leyendo, escribiendo o transcribiendo algo y se me va el tiempo.

Ayer finalmente, pasó lo que estaba cantado. No tenía planes para comer con nadie y seguí trabajando sin parar sobre un texto que debía entregar originalmente el viernes. Escribí, escribí, escribí - miraba el reloj, pero no recordaba la hora de cierre. Seguramente las cuatro, pensé, cuando a las tres nadie había subido a buscarme.

A las tres y veinte terminé el texto que estaba trabajando, lo envíe a alguien más para correcciones y me dió hambre. Apagué el ordenador, me levanté de la silla, me estiré como gato que va a hacer su ronda. Cuando tome mi bolso y salí del despacho, escuché que se desataba la alarma contra robos/incendios. Pensé que quizá estarían haciendo una prueba. Bajé las escaleras entre el escándalo y, cuando llegué a la puerta, me dí cuenta que quien desataba la alarma era yo. Regresé hasta donde no me lastimaba los oídos la alarma y pensé quién podría ayudarme. Un par de llamadas telefónicas y me senté en las escaleras. Si no me movía, se apagaba la alarma. Si me movía, comenzaba a sonar de nuevo. Si no me movía, no me lastimaba los oídos. Si me movía, alguien sabría que estaba ahí encerrada.

Esperé. Dudaba. Y entonces escuché que alguien abría la puerta. Salí mientras el encargado de seguridad (que era nuevo) apagaba la alarma y me miraba con ojos de plato. "¿Pero tú... en dónde estabas?". "Pues en el despacho del tercer piso... me distraje y se me olvidó la hora de salida". El hombre me miró de frente como si fuese un marciano y luego, finalmente, se sonrío. "Anda, vámonos... que no siempre me toca salvar a una dama en problemas".

Salí a la calle y me fuí caminando mientras reía. Alguien en mi Facebook me llamaba "ratón" - ya había avisado a las redes sociales, por supuesto - y otro alguien me ofrecía queso.

Y así fue como gané mi título oficial de Ratón de Biblioteca.

1.10.11

Lo mucho que te quiero

El viernes me desperté, como siempre, con los sonidos que emite mi móvil. No sólo es que lo tenga conmigo todo el día - es que me lo llevo a la orilla de la cama, para que me despierte. Sé que se ha convertido en un apéndice que a algunos les parece simpático y otros definitivamente odian. Incluso tengo un amigo querido que prácticamente mide el tiempo en el que estamos juntos sin que yo atienda a los sonidos y lucecitas que me avisan de un nuevo mensaje.

Y el viernes amaneció enfermo. Logré estar en el gimnasio concentrada en clase, pero de pronto me preguntaba qué había pasado, qué iba a suceder si tenía que estar varios días sin móvil, sin mensajes gratuitos, sin correos electrónicos inmediatos, sin interacción con el resto del mundo.

Pensé en lo dependiente que me he vuelto de tenerlo cerca. Y luego me topé con este artículo del New York Times donde un investigador explica que el iPhone - que no es mi caso, pero bueno - ocasiona en sus dueños una especie de amor - los sentimientos que tienen relacionados al teléfono son lo más cercanos al amor.

El artículo cierra diciendo que las parejas que están cenando juntas mientras consultan sus teléfonos varias veces podrían (sin tener necesariamente en cuenta con quién se están mensajeando) estar siendo de alguna manera infieles: queriendo más al teléfono que a quien tienen en frente.

Tan acompañados... y tan solos...

10.2.11

Narcolepsia

Han sucedido cosas últimamente en el país donde nací - reporteras despedidas, luchas intestinas en twitter, grandes torpezas en los departamentos de comunicación del presidencia - que han distraido un poco la atención de lo que parecía ser el "trending topic" del año (fuera, por supuesto, de la violencia).

El trending topic (hasta hace media semana): en una isla en el continente europeo, dos conductores de un programa de televisión que se dedica a hablar de automóviles, conductores y burlarse del que pase, decidieron burlarse de un auto fabricado en mi país y, de paso, del país, los que nacimos ahí y - por qué no - del representante diplomático en la isla. El representante diplomático se sintió especialmente aludido: además del enojo porque los conductores afirmaron que todos los ciudadanos de mi país somos "flojos, irresponsables y flatulentos", hubo un comentario especial al respecto de que ellos no tendrían ningún problema porque el embajador seguramente estaría roncando frente a su televisor.

En este mundo en el que todo el mundo se siente obligado a contestar de inmediato ante cualquier provocación o idea (más porque puede que porque tenga algo interesante que decir), cientos, miles de personas se manifestaron por las redes sociales para pedir las cabezas de los conductores, de sus jefes y de toda la cadena de televisión pública - que por cierto, hace unos programas muy buenos.

Resultado: los señores conductores se cotorrean aún más de mi país - además de otro cada semana, como diciendo por ejemplo en Albania prueban si las cajuelas son suficientemente grandes para llevar a un muerto - y la gente se pone más loca en las redes sociales.

Ayer, en otras noticias, descubrí que podría haber un punto científico interesante: en otro país europeo, han detectado que los niños que fueron vacunados contra la gripe "demipaís" (es así, no todo mundo se comió lo de A-H1N1) tienen una cierta tendencia a desarrollar narcolepsia - es decir, caerse dormidos a la mitad de cualquier actividad. Transtornos del sueño, dicen.

Queda abierta la broma un poco tonta de si es porque la gripe ya venía "dormilona" o se vuelve dormilona en combinación con ciertos genes europeos.

Hoy en el periódico de este lado del mundo no hay nada sobre la locutora de radio que perdió su trabajo en una radiodifusora privada por hacer comentarios y pedir informes oficiales sobre el supuesto alcoholismo del presidente, pero sí sobre que una compañía de televisión decidió dejar de retransmitir los programas de la cadena esta - pública y muy buena, por cierto - donde salen estos señores del programa de los coches.

Y me pregunto - si los periodistas de mi país pueden decir lo que sea, ¿porque nos enojamos tanto de lo que digan los de otro país? Y mejor aún: ¿por qué les damos nombre y apellido, retwitts, links y visitas a su página para que se vea "lomalomalísimo" que hicieron?

Creo que a mí me gusta más aquello de a las estupideces no se les escucha o se las deja pasar, a los idiotas no se les da nombres propios ni se les promociona (aunque sea criticándolos), los gabinetes de comunicación de presidencia de la república no responden sacando los dientes ante cualquier cosa que los enoje y las direcciones de los medios piensan dos veces antes de despedir a alguien. Digo, nada más por aquello que decían en mi casa de "antes de hablar (o de twittear, escribir una carta, o salir al aire), conecta la cabeza con la boca".

(Y no hay en este post hiperlinks ni nombres propios ni mayúsculas por que no me da la gana hacer más publicidad a la ignominia).

2.4.10

Una vida de ficción

Era una especie de broma interna. Ella comenzó todo al decir que la vida de alguien cercano era como una telenovela o una serie de televisión. Los otros pidieron explicaciones, descripciones más claras. Primero, una lista de los personajes y sus extravangancias. Después, temporada por temporada, la serie de catastróficas desdichas que los embarcaba en imposibles peleas, asuntos legales, llantos interminables, huídas, regresos, redefiniciones sexuales, mudanzas, viajes, reconciliaciones en fechas ortodoxas.

Alguien llegó a la mitad de la narración. Cuando ella terminó y todos nos reimos, él preguntó que dónde podía bajarse esa serie, que sonaba tan interesante.

3.3.10

Sin lágrimas por Bugs

Creo que lo único que no como en la vida son tortugas y ranas. Las tortugas porque yo fui parte de la generación con lavado de cerebro sobre lo malo que era comérselas - las recuerdo como el único animal en un peligro de extinción real. Y bueno, las ranas, no sé... resulta que no me parece que las ancas sean un manjar de ninguna clase (tienen poca carne), acaban sabiendo a pollo y tengo unos remordimientos muy a lo Jim Henson porque pienso que me estoy comiendo a la rana René (o Gustavo, o Kermit, según la traducción que hayan visto).

Sin embargo, nunca tuve especial predilección por Bugs Bunny - no me parece muy simpático ni nada. Es más bien una suerte de vividor que en lugar de fumar elegantemente como la pantera rosa mastica sin cero gracia cualquier zanahoria triste que se encuentra. Vamos, que no me es muy simpático.

Por eso, y porque en Cataluña he redescubierto lo bueno que está el conejo en muchos guisos, no me lo pienso dos veces cuando se trata de comerlo. Y ahora hasta el NYT hace una larga explicación de las razones por las cuales uno tiene que comerlo...

Así que ya no valdrá la historia del primo de Nueva York que llega a casa de uno y ve el guiso, pregunta qué es y luego dice: "But that IS a domestic animal". Mi chavo... también en su momento lo fueron las gallinas. Así que pierda lo melindroso.

14.2.10

Yes, your highness

Podríamos decir que la culpa es de mi curiosidad insana por saber si teníamos a alguien jugándose la vida por el lábaro patrio en Vancouver. Pero no, la culpa no es mía. Lo juro. Que se la echen a cualquier otro.

Primero, visitar la página oficial de las Olimpiadas de Invierno y buscar en la lista de países si había alguien que representara a México. Encontrarme con que sí, había alguien, un esquiador llamado Hubertus von Hohenlohe, nombre mexicano como el que más. Además, con 51 años y como otra profesión: artista, empresario y fotógrafo (¿?). Y claro, un link al Comité Olímpico Mexicano.

En la página de COM (que ruega por el auxilio de alguno de los cientos de programadores desocupados en nuestro país), otro enlace a un perfil del joven Hohenlohe, escrito por quién sabe quién, en el que se describe, en primera línea, al señor como "príncipe". Si uno tiene la paciencia, en la cuarta y última página se dice que uno no puede ser príncipe y mexicano, pero eso tampoco parece ser tan importante...

La verdad es que no sé si reirme o llorar. Espero que el COM no le haya dado ni un peso para ir a Vancouver (que más bien creo que lo que le dieron fue la chance de ir) pero... en serio... ¿es esto necesario? ¡Dice que es cantante pop en Austria y todo!

Creo que empiezo a entender lo que la gente sentía en España cuando mandaban a Eurovisión a personajes cada vez más "pintorescos".

Como diría alguien a quien yo conozco: me quiero volver chango. Y ahora, capaz que gana y todo, para que tenga que tragarme mis rabiosamente republicanas palabras.

Nota al pie: Gracias al querido Marco, nos enteramos también que la semblanza es la misma que aparece en Wikipedia. Y en Youtube lo podemos oir cantar y esquiar al mismo tiempo (no canta mientras esquía, es una pista). Lo mismo, que nos agarren confesados. Me preguntó qué estará pensando Maximiliano allá en su cielo...

29.9.09

Cuidadito, cuidadito...

Como en canción de María Victoria, el Washington Post acaba de seguir los pasos de varios grandes medios americanos (de los EEUU, pues) para advertirles a sus reporteros y colaboradores que tengan cuidado con lo que publican en las redes sociales - que entiendan que nada es lo suficientemente privado. Entre las normas, les piden que no hagan amigos en Facebook con sus fuentes ni publiquen cosas en las que disientan de la calidad de los medios.

De nuevo: cualquier día de estos, todas las Universidades del mundo harán tomar a sus estudiantes un curso "Common Sense 101" en el primer semestre. Porque parece que eso es lo que falta. La nota, que leí en La Vanguardia, acá.

Esos suizos

Con lo de la famosa neutralidad y el chocolate, parecería que nos tienen que caer bien a todos. Pero lo chistoso es ir a Suiza y encontrarse con gente que a veces es muy racista o terriblemente cuadrada en términos de trabajo. O por ejemplo, pasar por el aeropuerto de Zurich, llegar a la zona de revisión de seguridad, ser seleccionado aleatoriamente para una revisión de esas intensas (salvándote de una revisión de cavidades sólo porque Dios es grande y habla alemán con acento suizo) y luego entrar a las zonas del Duty Free donde, antes de subir al avión, puedes comprar cuantas navajas suizas quieras y llevarlas contigo (eso sí, en una bolsita de plástico sellada).

Esos suizos, tan particulares, son los que tienen al mundo del arte en ascuas al arrestar a Roman Polanski para deportarlo a Estados Unidos por un crimen que podría haber cometido cuando faltaban dos años para que naciera yo. Polanski quien, por cierto, tiene una casa en Suiza y ha ido ahí no sé cuántas veces en los últimos años, iba al Zurich Film Festival a recibir un premio.

Y me pregunto yo: ¿será que quieren ser muy amigos de algún juez americano? ¿será que Polanski se hizo de enemigos en su última visita? ¿Será que al festival de cine de Zurich le faltaba movimiento y espectacularidad? ¿o es nada más que los Toblerones ya no venden todo lo que vendían antes?

Ah, este mundo. Tan loco.

6.8.09

Lo que nos enferma

Hace un par de días me llamó mi vecino, prácticamente mudo. Me preguntaba que si estaba en casa porque él estaba en la suya, con 40 grados de fiebre y sin poderse mover. Y escuchaba incesantemente la ventana de mi baño que se había quedado abierta y se azotaba una y otra vez. "Quería pedirte que la cierres... ya sabes cómo es cuando uno está enfermo... se obsesiona con los sonidos".

Estaba lejos de casa, pero regresé en cuanto pude. Ayer en la puerta me encontré a su compañero y le pregunté que cómo estaba. "Ah, bueno, ya sabes... mucho mejor... es que salió de vacaciones y le pasó lo de todos los años: acabó en cama por la tensión acumulada".

Confirmé entonces aquello de que no soy solo yo la que tengo el hábito de cuidar poco a mi cuerpo. De escucharlo poco. Y cuando el cuerpo siente que la situación es la adecuada, se enferma - como para liberarse, como para darnos una pequeña venganza.

El otro día leí en el NYT un artículo que me dejó bastante cruzada. Resulta que según un estudio el divorcio y la viudez afectan definitivamente tu posibilidad de tener una enfermedad crónica. El nivel de estrés al que es sometido el cuerpo al pasar por el final de una relación en esos términos es tal que nunca se recupera del todo, ni siquiera cuando la gente se vuelve a casar.

El mismo artículo se apresura en aclarar, en voz de los expertos, que esto no quiere decir que un mal matrimonio sea mejor para la salud, porque también implica mucho estrés. Es decir, que no hay salida.

Hum. Me pregunto qué haremos todos los monógamos sucesivos con semejante bomba de información. ¿Será que las aseguradoras comenzarán a cobrar un suplemento a los sometidos a "fuerte estrés emocional"? Mejor de plano subir los precios para todos.

Porque el que no haya sufrido una ruptura que tire la primera piedra.

13.7.09

Ojalá fuera una fábula

Imagine usted (si puede imaginarlo) que es una chica de origen marroquí, con un embarazo avanzado. Que un día de estos en los que empezaba un verano terrible, intenso, comienza a toser con una tos seca. Que duele. Y duele más toser porque tiene una panza inmensa, con un bebé que sabe que es niño y se llamará Rayan. Va al hospital y la regresan a su casa - probablemente le dicen que no es grave, y que tampoco le pueden dar nada por no dañar al bebé. La temperatura sigue subiendo, ella se siente más mal. Regresa al hospital - uno de primer nivel, en la capital del país - y la vuelven a enviar a su casa. Y así una tercera vez. Y luego, al final, en otra visita, la internan, moribunda con un virus que acaban de descubrir. La hacen parir a Rayan antes de tiempo, porque ella se va a morir y quieren salvarlo por lo menos a él.

Y ella se muere. Y su marido se queja, de que no le hacían caso. Toma el cadáver de su jovencísima esposa y, a sus 20 años, se regresa a su país natal a enterrarla mientras su niño intenta sobrevivir en la zona de cuidados intensivos de ese hospital tan grande, tan serio, tan de primer mundo.

Un par de semanas después alguien en el hospital - imposible saber porqué - cometé un error imposible en Rayán: le ponen la alimentación por vena, en lugar de por la vía que tenía. Entendamonos: le inyectan leche directo al torrente sanguíneo. Al bebé que es huérfano de madre por una negligencia de ese hospital, tan grande, tan importante, tan avanzado.

Rayan se murió esta madrugada. Ni siquiera me puedo imaginar al papá. Ví la cara del director del hospital en el anuncio a la prensa: derrotado, fastidiado, sabiendo que esta vez no hay pero que valga. Diciéndolo.

Y bueno. Estas cosas pasan. ¿Sí? ¿Deberían pasar? ¿Es una especie de castigo divino? ¿Los pueblos tienen los hospitales que se merecen?

¿Y al papá de Rayan? ¿quién le informó? ¿el director o el profesional médico de primer nivel que hizo un error de quinta?

La verdad es que no me lo puedo creer.

6.4.09

Eterno resplandor

A mí no me gusta que se me olviden las cosas. Quizá en una especie de temor de lo que puede ser en el futuro el Alzheimer, de hecho trato de acordarme lo más posible de todo, de retener datos, caras, passwords, imágenes... soy de aquellos que creen que lo único que nos llevaremos a la tumba (o en cualquier caso, a una cama de hospital, a un asilo) son los recuerdos. Soy de aquellas que arriesgan la piel y la posibilidad dolorosa del fallo a fin de tener algo cálido y sereno a lo que aferrarse. Soy de los que toman muchos fotos y las miran, para ver si le pueden dar más pistas o más sonidos o más recuerdos de lo que había antes ahí.

Parece que hay recuerdos demasiado turbios - yo soy afortunada, entonces. Imagino que el hecho de no quererme olvidar de nada de lo que he pasado es un síntoma claro de lo buena que ha sido mi vida. Pero, ante la realidad de que hay mucha gente que no lo experimenta así, ahora la neurociencia está buscando la manera de borrar los malos recuerdos.

Estaba hoy leyendo el New York Times y no lo podía creer - me imagino qué pensarán Michel Gondry y Charlie Kauffman. La nota parece parte de su guión de Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Y para solucionar mi desconcierto, me levanté de frente a la computadora y fui hasta el baño, a verme en el espejo. Sí, ahí estaba yo: con mis dientes chuecos, mi nariz torcida y mi cabello azul. Con mis arruguitas alrededor de los ojos y mi cara sin maquillar. Me dio mucho gusto no haberme olvidado de nada.

1.4.09

Evangelización

En mi revisión cotidiana de las carpetas de spam, encuentro la siguiente frase:

Turning to Google instead of God?


Lo que es cierto es que, por lo menos para muchos estudiantes y deseosos, Google tiene respuestas concisas y directas, con direcciones y números de teléfono, con resúmenes de libros, con todo... Quién nos iba a decir...

24.3.09

Carpe Diem

No tengo trabajo fijo. Tengo labor de estudiante y creativa a tiempo completo. Suena buenísimo, pero en tiempos de crisis, genera un punto de angustia a veces. Qué que va a pasar cuando los ahorros de verdad menguen, cuando no me salgan más chambitas, cuando me llegue el agua al cuello. Y a pesar de eso, hoy que cerré dos capítulos, tengo la sensación de que me merezco un premio.

Y ya sé qué pasa: voy a una librería, a ver discos o zapatos y caigo. Y luego me pasó tres horas angustiada por todo lo que me compré. Pero eso se me pasa. Y no hacer las cosas no se pasa. El no aprovechar a la gente, la posibilidad de hacer una fiesta, de pasarla bien - en favor de hacer las cosas que "debería uno de hacer" - eso es lo que no se perdona.

No lo digo yo: aquí está un artículo que asegura que la gente se arrepiente más cuando es demasiado precavida, demasiado responsable, demasiado ahorradora. Que el síndrome de la compra compulsiva se pasa, pero no el de la total y extravagante frugalidad o responsabilidad.

Ahora comprendo qué es exactamente lo que siento cuando veo las fotos de mis compañeros de universidad que se iban de fiesta mientras yo trabajaba. Esto es así. Lo bueno es que soy estudiante otra vez - así que a no dejar pasar ni una oportunidad.

11.3.09

Contra los poemas de amor II

Hace poco más de un mes disertaba yo sobre la inutilidad o no de los poemas de amor - sobre la validez del amor como tema de la poesía. Resulta que descubrí que en Estados Unidos un fin de semana al año se reunen un montón de "pescadores poetas", que basan sus textos en sus experiencias en el agua. Y ahí, uno de los participantes dijo que "el trabajo es un mejor tema que el amor".

¿Será interesante una colección de poemas sobre mi tesis?

No, no creo.

Por cualquier cosa, el artículo de los pescadores - cortesía del NYT - aquí.

4.3.09

Ojo por ojo

Es una chica iraní. Uno de sus compañeros de la escuela, un pretendiente, se quería casar con ella. Como ella le dijo que no, él decidió quemarle la cara y los ojos con ácido. Con la vida medio destrozada, huyó de su país y se estableció en España, donde recibe una pensión del gobierno español y pasó por varias operaciones que trataron de salvarle la vida.

Hoy hay una noticia en el diario en la que se cuenta cómo ella quiere aplicar la Ley del Talión, lo que está permitido por la ley iraní. Está esperando una carta para ir, a pesar de las constantes peticiones de clemencia de su expretendiente, quien dice que prefiere morir para quedar ciego.

Pero atención: la chica tiene que pagar 20 mil euros para poder quemarle los dos ojos al otro, porque resulta que los ojos de la mujer sólo valen la mitad de los del hombre. Ella vive con 400€, con una pensión. 20 mil euros son 50 meses de pensión. Ella quiere que se quede ciego de los dos ojos y va a ir a su país, al que supuestamente le tiene miedo, a estar presente cuando se cumpla la condena.

Al final de la nota de La Vanguardia, estaba la cuenta de banco de la chica en donde acepta donaciones.

No sé si es que soy demasiado clásica en aquello del perdón y la lógica económica pero... ¿a alguien más le parece que aquí hay muchos huecos? Todos. Parece examen de ética de esos sin respuesta correcta. Como la vida.

8.1.09

Hablando del día de los inocentes...

¿será que nadie le dijo a Aznar que fue el 28 de diciembre? ¿O de verdad es tan cateto como para tener la sangre fría de calificar de "exotismo histórico" la elección de Obama y asegurar que Bush es un "gran estadista" (!?) que sufre de la "ingratitud" de sus conciudadanos?

14.12.08

Al que madruga...

... y prende la televisión a las siete de la mañana en un país extranjero, le espera una sorpresa de colores.

¿Recuerda usted, mexicano nacido en los 70 y 80s que el gran Big Bird de Sesame Street (amarillo friégame-la-pupila) fue tropicalizado en México con el nombre de Montoya y sus plumas se tiñeron del famosísimo verde bandera? Pues ahora sabemos que en Holanda se llama Pino (¿?) y es ¡azul cielo!.

Más: según mis amigos alemanes, allá es blanco. Quién sabe cómo se llama. Ya no me acuerdo.

2.12.08

Deformación profesional

Tengo casi dos años trabajando rodeada de urbanistas y arquitectos. Al principio, creí que todo seguiría igual... pero después me dí cuenta que tropiezo más en las calles, porque voy viendo detalles de las oficinas. O hago comentarios rabiosos cuando veo alguna obra desafortunada. O empiezo a evaluar las ciudades por sus espacios públicos y lo adecuado de la anchura de sus calles.

Hoy, además, al leer el periódico, me pasó lo mismo. Me quedé enganchada de un reporte del absurdo de cómo en New Jersey se construyó una estación "intercambiadora" sin espacios de estacionamiento y de un reportaje que cuenta las viscisitudes de una oficina de "Preservación de Monumentos Históricos" - o Edificios con Valor histórico - que las pasa divertidas en Nueva York.

Es como cambiarse los ojos y descubrir que había otras cosas importantes además de las faltas ortográficas y las películas... claro, sin que estás dejen de importar.

12.8.08

Súper hombres (y mujeres)

Miles de millones de personas se pasan estos días horas sentados enfrente de la televisión admirando cuerpos y proezas de los deportistas de élite de todo el mundo. Esperando que los chinos se porten lo mejor posible. Sabiendo de antemano quiénes serán los países al frente del medallero. Esperando que menos atletas den positivo de drogas.

Con los escándalos del ciclismo últimamente, me parece que el mundo de los deportes está absolutamente absorto en asuntos de drogas. Pero yo miro el ciclismo y pienso: "si a estos hombres les están pidiendo que sean más allá que humanos... ¿por qué no los dejan procurarse cosas que los ayuden a serlo?".

Total de que hoy, el NYT tiene un artículo interesante sobre la posibilidad de la "legalización" de las drogas en el deporte. Habla sobre cómo también aquí se nota el divide entre los países - no es sólo que puedas entrenarte mejor, es que también accedes a más cosas. ¿Entonces qué pasaría si fuera legal? Quizá nada - quizá seguirían ganando los que ganan. O no. Porque los refuerzos no estarían sólo en manos de unos pocos países, sino casi de cualquiera.

La reflexión me pareció interesante. Supongo que me hizo acordarme del eterno debate sobre si legalizar o no las drogas. Y me hizo reflexionar en estas ansias que todos tenemos de ser superman.