Cinco películas en un día son maravillosas pero difíciles de repetir. Desde ayer, algo me decía que el martes no sería tan pleno. Comienzo últimamente los días como quien abre un cuaderno en blanco para escribir: con un cierto pánico y una enorme emoción de no saber cómo terminarán.
Tuve una de esas mañanas de hacer cosas en casa, en pijama, hasta que ves a la vecina muy bien arreglada con visitas en su jardín. Lo de vivir en casas con grandes ventanales es lo que tiene - subir, ducharse,y seguir en el trabajo hasta que llega la hora de la primera... no, la segunda película que quería ver. Me distraje y perdí una de Ripstein, que anda por ahí. Intuí anoche mirando la programación que quizá sería mi día de México. Algo relacionado a las raíces. Después de todo, es día de la Candelaria (y de mi Martha querida).
Con un tamal en el estómago me fui a ver Yo (Matías Meyer, México, 2015). Sólo duraba 80 minutos y tenía muy buenas perspectivas: basada en un cuento de Le Clèzio, con un actor principal muy mencionado y muchos, muchos apoyos internacionales a la producción. Hay cosas en las que está muy bien: vi México, con sus restaurantes de carretera, con sus pollos frescos (que me parece más plausible que se maten como muestran aquí que como mostraba Babel), con su gente trabajadora a pesar de los pesares. Pero luego me hizo pensar en esta cosa loca que hay de mostrar a México siempre de una cierta manera: tengo que reconocer que me alivió no ver al narco por ningún lado, pero sí a la violencia, al maltrato, a la sospecha. Iba buscando demasiadas cosas en la película y encontré algunas sí, pero no se convirtió en mi favorita.
Me iba a casa - otra vez con lo mismo - pero en quince minutos más empezaba en el mismo cine algo que se llamaba Notes on Blindness (Peter Middleton, James Spinney; Reino Unido/Francia, 2016) y que no me puedo quitar de la cabeza. La película tenía un storyboard sonoro antes de comenzar: está basada en las grabaciones que hizo el teólogo y escritor John Hull para explicarse a sí mismo su ceguera. Los directores decidieron recrear las cosas que describe, con actores y un despliegue de imágenes exquisitas. No quiero olvidarme nunca, por ejemplo, de la escena en la que describen (y muestran) las bondades de la lluvia como traductora de la imagen. No estaba aquí, pero la película se acompaña de una experiencia de realidad virtual a fin de entender cómo los sonidos nos traen imágenes.
Mis dos películas del día hablaban de vivir diferente - de literalmente ver el mundo de otra manera que algunos llamarían limitado. En la pausa de la tarde, antes de llegar a casa, paseé por el centro pensando en lo que nos limita a los que no tenemos limitación física "oficial" - cómo a veces descuidamos el cuerpo y la mente también.
Después de la cena, quería todavía ver otra película. Le dije a aquel que si quería acompañarme, pero quería trabajar un rato más. Mis opciones eran una película mexicana y otra sueca: "Ve por la sueca. Con las mexicanas siempre eres más crítica", me dijo. La sueca resultó una película de coming of age (una más), bordada alrededor de la identidad sexual pero con un contexto de magia-ficción. Girls Lost (Alexandra-Therese Keining, Suecia/Finlandia, 2015) está basada en un libro juvenil que ha tenido muy buena recepción y me parecía, durante un rato, que era perfecta candidata para un remake americano. Podía imaginarme las hordas asistiendo a una película donde las chicas maltratadas de clase pasan por un cambio de sexo mágico... pero luego pensé que es demasiado postpostmo. Todo. El planteamiento y la forma en la que la directora no quiere que quieras a los personajes: quiere que los veas, así de complejos como son. Y eso, me temo, no es muy hollywoodesco.
Me senté a escribir esto bordeando la media noche - la disciplina no es lo mío en estos días, pero hay que buscarla. Buscarla como se busca el sentido de los sueños, de nuestra ceguera (a veces tan imperceptible), de nuestros cambios que no siempre logramos entender. Creo que antes iba al cine a escaparme un poco: ahora, cada película que veo, me regresa mejor digerido un pedacito de lo que me preocupa en general. No deja de ser una actividad lúdica, pero a veces uno necesita explicarse las cosas desde la ficción para entenderlas mejor.
Mostrando las entradas con la etiqueta my own personal cinecitta. Mostrar todas las entradas
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3.2.16
2.2.16
IFFR - De domingo a lunes: de estar aquí, de ser mujer
Los caminos de la adaptación son insondables: hoy, mientras caminaba luchando contra el viento, recordé que cuando me fui a vivir a la ciudad de México fue cuando aprendí que sola o acompañada, las salas de cine me hacen sentir en casa. Ese lugar oscuro, esa especie de útero, donde podía descansar de todas mis ansías clavando mis ojos en la pantalla y mis esperanzas en las de los personajes. Ahí, en la oscuridad, me sentía acompañada: por el abrazo aterciopelado de las butacas, por el sonido surround, por quienes se tomaban el tiempo para ir conmigo al cine o por los que, como yo, iban solos y se sentían aún así, parte de algo.
Hoy comenzó una vida diferente en Rotterdam. Después de casi dos meses de visitas, una mudanza aún inconclusa, una graduación y un cumpleaños, ayer que les dijimos adiós a los compadres y a B, me dí cuenta que esto comenzaba, de nuevo. Que afuera había unas ráfagas de viento imposibles y también un festival de cine esperándome. A mi la idea de que una docena de las salas me queden a diez minutos caminando me mata de la emoción. Pero bueno... una persona sin trabajo y con cosas que escribir no puede comprar boletos así como así... pero puede aprovechar el 50% del lastminute.
La cosa es así: el IFFR- Festival Internacional de Cine de Rotterdam cumple 45 años y tiene programadas una cantidad tremenda de pelis buenísimas. Uno puede ser parte del festival y tener una identificación - o puede aprovecharse de que 40 minutos antes de cualquier función, si hay boletos disponibles, los rebajan al 50%. Y así, se pueden ver más pelis. Decidí entonces, dejarme hacer la programación por los boletos baratos disponibles en películas que pueda entender*.
La primera película la vi en domingo y la pagué completa: A Woman, A Part (Elisabeth Subrin, USA, 2016), sobre una actriz en sus cuarenta que duda sobre si quiere continuar actuando y se enfrenta de paso a algunos errores del pasado por acción o por omisión. La encontré fantástica y angustiante: a mi también me desconcierta que me llamen señora. A mi también me pasa que no sé si puedo seguir haciendo lo que he hecho toda la vida (i.e. escribir) pero cuando me pongo me doy cuenta que me es casi tan fácil como respirar. Yo también quiero encontrar el punto de quiebre.
El tema femenino se quedó conmigo el lunes: nos despertamos tempranísimo para hablar con el pintor sobre cosas que aún quedan pendientes y después me quedé yo recogiendo aún restos de las visitas - lavando sábanas, doblando camas inflables, guardando los medicamentos que me dejó mi mamá, organizando armarios. Hay mucho que hacer en la casa - y a ratos no quiero hacerlo o me siento rara por estar haciéndolo en lugar de dedicarme a cosas importantes. Pero era mediodía cuando sentí que podía irme al cine, corriendo, a ver una película que se llamaba Paradise (Sina Ataeian Dena, Alemania/Irán, 2015). Filmada en Irán sin permiso, la descripción era que trataba de los problemas que enfrentan las mujeres en el país. La película me gustaba visualmente: me recordaba una vez más lo mucho que se parecen algunas partes de México a esos países que no conozco. Pero por más que lo intentaba me fue imposible relacionarme con el personaje principal cuya cara de aburrimiento absoluto pudo conmigo.
Al terminar, salí corriendo porque había visto que en otro cine cercano daban Las Lindas (Argentina, 2016), otra ópera prima pero esta vez de una argentina, Marisa Liebenthal. También ahí se discutían los permisos: de los papás para salir, para vestirse de alguna manera, de los amigos para proyectar los vídeos que hemos hecho de ellos durante el tiempo. Pensé en las veces que he querido escribir algo y me he detenido a pensar qué pensarían las personas que se reconocerían vagamenteonotanto en mis textos. Es una peli jovencita, un poco cruda, pero me gustó - como el sabor de un mango verde, que podría ser mejor pero es sabroso tal cual está.
Otra vez salir corriendo para "hacer las compras" y mirar entonces que está por comenzar el estreno de una adaptación de Jane Austen en otro cine. Y hacer de tripas corazón e ir hacia el teatro más bonito de la ciudad para ver la première europea de Love & Friendship (Whit Stillman, Irlanda/Francia/Países Bajos, 2016) quizá una de las películas más divertidas que he visto, una versión sensacional de Austen. Stillman, nerviosísimo, contó al final de la película que estaba feliz con la recepción a la película y confesó que durante la proyección de la última peli presentada en el IFFR (The Last Days of Disco) estaba tan angustiado porque mucha gente se salía del teatro que se rompió un dedo de la mano. Y sobre la película y las mujeres - Austen: siempre logrando que el amor triunfe, por sobre todos (o bien gracias a todos) los idiotas.
Fin del día - supuestamente. Fui hacia casa a comer algo que no fueran nueces y agua de botella pero, en el camino, descubrí que había una película gratis más tarde y otra que también me interesaba y tenía su última función. Abrí sesión nocturna con Waiting for B. (Abigail Spindel, Paulo Cesar Toledo, Brasil, 2015), una preciosidad de documental sobre los chicos y chicas que acamparon durante dos meses afuera del Morumbí en Sao Paulo para ver a Beyoncé actuar en primera fila. Creo que sin quererlo - o por lo menos el director no fue muy agraciado para describir su trabajo - es un alegato casi impecable en honor a la importancia de la música y los íconos pop en la creación de la identidad y la lucha contra las convenciones sociales.
Un poco de Q&A más tarde, cruzar la plaza principal - a pesar del viento, gracias a la luz - para ver otra peli en exactamente la misma sala que comencé hoy. Arianna (Italia, 2015), de Carlo Lavagna, que trata un tema que a mi siempre me ha fascinado: la intersexualidad. Una chica romana descubre en un verano que en realidad no siempre ha sido chica. Es una mezcla fantástica de película estival y coming of age que podría ubicarse en cualquier lugar y cualquier momento... con las ventajas de unas vistas espectaculares de la Toscana y un exótico guiño a la música mexicana (17 años de los Ángeles Azules). Hablé con el director para comentarle eso y me dijo que estará en el FICG de Guadalajara con todo y Arianna.
Aunque no me encantó la escena final, me gusta el final abierto que Lavagna le dio a su personaje: la posibilidad de entender y quedarse con un poco de todo. No sé si mañana la cosecha de cine dé para todo lo que dio hoy - pero hoy me dio para algo muy importante: volver a escribir aunque sea un poquito. Y eso, en si mismo, se siente como una coming of age movie.
Todo en el confort de una sala de cine.
* La primera vez que vine al IFFR compramos boletos sin fijarnos en el idioma... y vi un montón de películas subtituladas al holandés habladas en idiomas que comprendo aún menos. Es un buen ejercicio, pero no para esta vez.
Hoy comenzó una vida diferente en Rotterdam. Después de casi dos meses de visitas, una mudanza aún inconclusa, una graduación y un cumpleaños, ayer que les dijimos adiós a los compadres y a B, me dí cuenta que esto comenzaba, de nuevo. Que afuera había unas ráfagas de viento imposibles y también un festival de cine esperándome. A mi la idea de que una docena de las salas me queden a diez minutos caminando me mata de la emoción. Pero bueno... una persona sin trabajo y con cosas que escribir no puede comprar boletos así como así... pero puede aprovechar el 50% del lastminute.
La cosa es así: el IFFR- Festival Internacional de Cine de Rotterdam cumple 45 años y tiene programadas una cantidad tremenda de pelis buenísimas. Uno puede ser parte del festival y tener una identificación - o puede aprovecharse de que 40 minutos antes de cualquier función, si hay boletos disponibles, los rebajan al 50%. Y así, se pueden ver más pelis. Decidí entonces, dejarme hacer la programación por los boletos baratos disponibles en películas que pueda entender*.
La primera película la vi en domingo y la pagué completa: A Woman, A Part (Elisabeth Subrin, USA, 2016), sobre una actriz en sus cuarenta que duda sobre si quiere continuar actuando y se enfrenta de paso a algunos errores del pasado por acción o por omisión. La encontré fantástica y angustiante: a mi también me desconcierta que me llamen señora. A mi también me pasa que no sé si puedo seguir haciendo lo que he hecho toda la vida (i.e. escribir) pero cuando me pongo me doy cuenta que me es casi tan fácil como respirar. Yo también quiero encontrar el punto de quiebre.
El tema femenino se quedó conmigo el lunes: nos despertamos tempranísimo para hablar con el pintor sobre cosas que aún quedan pendientes y después me quedé yo recogiendo aún restos de las visitas - lavando sábanas, doblando camas inflables, guardando los medicamentos que me dejó mi mamá, organizando armarios. Hay mucho que hacer en la casa - y a ratos no quiero hacerlo o me siento rara por estar haciéndolo en lugar de dedicarme a cosas importantes. Pero era mediodía cuando sentí que podía irme al cine, corriendo, a ver una película que se llamaba Paradise (Sina Ataeian Dena, Alemania/Irán, 2015). Filmada en Irán sin permiso, la descripción era que trataba de los problemas que enfrentan las mujeres en el país. La película me gustaba visualmente: me recordaba una vez más lo mucho que se parecen algunas partes de México a esos países que no conozco. Pero por más que lo intentaba me fue imposible relacionarme con el personaje principal cuya cara de aburrimiento absoluto pudo conmigo.
Al terminar, salí corriendo porque había visto que en otro cine cercano daban Las Lindas (Argentina, 2016), otra ópera prima pero esta vez de una argentina, Marisa Liebenthal. También ahí se discutían los permisos: de los papás para salir, para vestirse de alguna manera, de los amigos para proyectar los vídeos que hemos hecho de ellos durante el tiempo. Pensé en las veces que he querido escribir algo y me he detenido a pensar qué pensarían las personas que se reconocerían vagamenteonotanto en mis textos. Es una peli jovencita, un poco cruda, pero me gustó - como el sabor de un mango verde, que podría ser mejor pero es sabroso tal cual está.
Otra vez salir corriendo para "hacer las compras" y mirar entonces que está por comenzar el estreno de una adaptación de Jane Austen en otro cine. Y hacer de tripas corazón e ir hacia el teatro más bonito de la ciudad para ver la première europea de Love & Friendship (Whit Stillman, Irlanda/Francia/Países Bajos, 2016) quizá una de las películas más divertidas que he visto, una versión sensacional de Austen. Stillman, nerviosísimo, contó al final de la película que estaba feliz con la recepción a la película y confesó que durante la proyección de la última peli presentada en el IFFR (The Last Days of Disco) estaba tan angustiado porque mucha gente se salía del teatro que se rompió un dedo de la mano. Y sobre la película y las mujeres - Austen: siempre logrando que el amor triunfe, por sobre todos (o bien gracias a todos) los idiotas.
Fin del día - supuestamente. Fui hacia casa a comer algo que no fueran nueces y agua de botella pero, en el camino, descubrí que había una película gratis más tarde y otra que también me interesaba y tenía su última función. Abrí sesión nocturna con Waiting for B. (Abigail Spindel, Paulo Cesar Toledo, Brasil, 2015), una preciosidad de documental sobre los chicos y chicas que acamparon durante dos meses afuera del Morumbí en Sao Paulo para ver a Beyoncé actuar en primera fila. Creo que sin quererlo - o por lo menos el director no fue muy agraciado para describir su trabajo - es un alegato casi impecable en honor a la importancia de la música y los íconos pop en la creación de la identidad y la lucha contra las convenciones sociales.
Un poco de Q&A más tarde, cruzar la plaza principal - a pesar del viento, gracias a la luz - para ver otra peli en exactamente la misma sala que comencé hoy. Arianna (Italia, 2015), de Carlo Lavagna, que trata un tema que a mi siempre me ha fascinado: la intersexualidad. Una chica romana descubre en un verano que en realidad no siempre ha sido chica. Es una mezcla fantástica de película estival y coming of age que podría ubicarse en cualquier lugar y cualquier momento... con las ventajas de unas vistas espectaculares de la Toscana y un exótico guiño a la música mexicana (17 años de los Ángeles Azules). Hablé con el director para comentarle eso y me dijo que estará en el FICG de Guadalajara con todo y Arianna.
Aunque no me encantó la escena final, me gusta el final abierto que Lavagna le dio a su personaje: la posibilidad de entender y quedarse con un poco de todo. No sé si mañana la cosecha de cine dé para todo lo que dio hoy - pero hoy me dio para algo muy importante: volver a escribir aunque sea un poquito. Y eso, en si mismo, se siente como una coming of age movie.
Todo en el confort de una sala de cine.
* La primera vez que vine al IFFR compramos boletos sin fijarnos en el idioma... y vi un montón de películas subtituladas al holandés habladas en idiomas que comprendo aún menos. Es un buen ejercicio, pero no para esta vez.
7.10.11
Mezclas deliciosamente improbables
Digamos un soufflé de chocolate con atún. Tres cosas que me encantan por separado pero no sé si podrían ir juntas. Eso fue lo que pensé cuando ví en cartelera anunciada "Pina, una película para Pina Bausch" de Wim Wenders. Una de las bailarinas más revolucionarias y talentosas (para mí), un realizador que siempre me enseña todo con ojos diferentes... y el 3D, algo que me parece simpático pero que no es mi hit. Y que no podía imaginar combinado con las otras cosas. Vamos, que el 3D era como el atún en la receta del inicio.
El miércoles fuí con Gisela a verla a la función de las diez. Nunca imaginé lo que encontré - me cayeron los lagrimones y todo. La manera en la que está construida, contada, vista. Lo increíble que es ver a los bailarines tan cerca, tan junto a tí. La música, maravillosa - otra mezcla improbable. Y por ahí, descubrir a Jun Miyake. Los bailarines, cada uno haciendo su reconocimiento a Pina en su propia lengua. La visión única de las ciudades, los jardines, los interiores, los teatros.
Es, sin lugar a dudas, uno de los descubrimientos más hermosos que me ha traido el cine en los últimos tiempos. Y uno de los homenajes más sentidos: creo que así como la lluvia de mensajes electrónicos le deben haber sentado increíbles al señor Jobs, Pina Bausch debe sentirse contenta con esa película en la que todos vemos como veía ella, en la que la danza casi se puede tocar.
El miércoles fuí con Gisela a verla a la función de las diez. Nunca imaginé lo que encontré - me cayeron los lagrimones y todo. La manera en la que está construida, contada, vista. Lo increíble que es ver a los bailarines tan cerca, tan junto a tí. La música, maravillosa - otra mezcla improbable. Y por ahí, descubrir a Jun Miyake. Los bailarines, cada uno haciendo su reconocimiento a Pina en su propia lengua. La visión única de las ciudades, los jardines, los interiores, los teatros.
Es, sin lugar a dudas, uno de los descubrimientos más hermosos que me ha traido el cine en los últimos tiempos. Y uno de los homenajes más sentidos: creo que así como la lluvia de mensajes electrónicos le deben haber sentado increíbles al señor Jobs, Pina Bausch debe sentirse contenta con esa película en la que todos vemos como veía ella, en la que la danza casi se puede tocar.
21.7.11
Silencio
No soporto, no entiendo, a alguien que se pone a hablar en medio de una película. Especialmente cuando no está sola.
Cuando estaba en la Universidad, teníamos la rara ventaja de estar a diez minutos de automóvil de varios multiplex (cines con múltiples salas). Además, la gran mayoría llegábamos a clase en automóvil propio - tan malo es el transporte público en la ciudad en la que nací, tan mimados estábamos todos que nuestros padres nos habían dado nuestros propios autos.
En fin - ir al cine de las 14h00 era casi garantía de encontrarse la sala para ti solo. O sólo para los 8 ó diez que habíamos escapado de la clase de historia de la cinematografía o de estética (cualquier duda en mis gustos artístico-musicales se resuelve así). Entonces entrábamos y, solos en la sala, nos dedicábamos a criticar a voz en cuello la actuación, el decorado, los movimientos de cámara... todo que parecía que podía sustituir nuestra carísima clase y los 20-30 pesos que habíamos pagado por la entrada.
Nada que ver con la mujer quien, en una sala normal, a la mitad de la tarde, se pone a hablar por teléfono mientras el protagonista de la película (Bruno Ganz, en Das Ende ist mein Anfang) se muere a pedazos. Entonces qué ganas de levantarse, imprecarla e impedirle que tome un móvil por el resto de su vida...
... pero eso, claro, es mi mal genio de vacaciones. Un par de besos y mimos y estaré bien. En serio... pero por si acaso, mejor no hablar durante las películas.
Los pacientes psiquiátricos somos un poco de cuidado. O un mucho. Y requerimos de esa ternura que llega en paquetes insobornables. En situaciones perdidas y recién recuperadas. En actos suicidas. En eso... que no sé muy bien cómo se llama. En esos finales que, en el fondo, parecen principios.
Cuando estaba en la Universidad, teníamos la rara ventaja de estar a diez minutos de automóvil de varios multiplex (cines con múltiples salas). Además, la gran mayoría llegábamos a clase en automóvil propio - tan malo es el transporte público en la ciudad en la que nací, tan mimados estábamos todos que nuestros padres nos habían dado nuestros propios autos.
En fin - ir al cine de las 14h00 era casi garantía de encontrarse la sala para ti solo. O sólo para los 8 ó diez que habíamos escapado de la clase de historia de la cinematografía o de estética (cualquier duda en mis gustos artístico-musicales se resuelve así). Entonces entrábamos y, solos en la sala, nos dedicábamos a criticar a voz en cuello la actuación, el decorado, los movimientos de cámara... todo que parecía que podía sustituir nuestra carísima clase y los 20-30 pesos que habíamos pagado por la entrada.
Nada que ver con la mujer quien, en una sala normal, a la mitad de la tarde, se pone a hablar por teléfono mientras el protagonista de la película (Bruno Ganz, en Das Ende ist mein Anfang) se muere a pedazos. Entonces qué ganas de levantarse, imprecarla e impedirle que tome un móvil por el resto de su vida...
... pero eso, claro, es mi mal genio de vacaciones. Un par de besos y mimos y estaré bien. En serio... pero por si acaso, mejor no hablar durante las películas.
Los pacientes psiquiátricos somos un poco de cuidado. O un mucho. Y requerimos de esa ternura que llega en paquetes insobornables. En situaciones perdidas y recién recuperadas. En actos suicidas. En eso... que no sé muy bien cómo se llama. En esos finales que, en el fondo, parecen principios.
2.9.09
Mátenme porque me muero
Empecé a pensar en la muerte otra vez la semana pasada. Fuí al cine a ver Despedidas, la película japonesa que ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera este año. Altamente recomendable, no sólo recupera el ritual del embalsamamiento japonés, sino que muestra de forma bastante cruda cómo nuestros sentimientos al final se destapan. Literalmente al final, cuando tenemos que despedirnos de alguien por última vez.
Hace años, muchos años - y creo que ya he hablado de ésto - mi "primer amor" me aseguró que si alguna vez a él le diagnosticaban Alzheimer, se iba a dar un tiro. Me acuerdo haberme enojado profundamente y pensar que estaba loco - durar semanas molesta con la idea. Yo tenía quizá 18 años. Y no me podía imaginar queriendo que alguien querido se muriera.
Y sin embargo ahora, que ya he visto a gente enferma de Alzheimer, que he visto a mis abuelos morir de forma radicalmente distinta - uno después de una larga enfermedad que lo llevó a menos durante años, otro después de dos días de enfermedad brutal -, pienso diferente. Pienso diferente de la eutanasia, cuando sé de tanta gente que tiene un día a día tan triste y tan doloroso. La extensión de la vida por la extensión misma me parece un poco idiota.
Hace poco me volvieron a insinuar, alguien muy querido, que si se enfermaba de Alzheimer preferiría morirse pronto. Lo entendí perfecto. No fue la imagen de él dandose un tiro, sino la imagen de él negándose a perder sus recuerdos, su dignidad.
Da para mucho para discusión. Seguramente volverá a tocar estas puertas. Pero creo que la gente que de verdad, de verdad quiere morirse, alguna razón tendrá. Y también creo que hay que tener la claridad de ofrecerles no solo una muerte digna, sino una vida digna. Si vamos a hacerlos que sigan viviendo, tenemos que garantizar que sea en las mejores condiciones. Y que guardemos el mejor recuerdo de ellos. Creo.
Vaya miércoles lúgubre el mío. Y la peli... la peli es preciosa. Hay que verla.
Hace años, muchos años - y creo que ya he hablado de ésto - mi "primer amor" me aseguró que si alguna vez a él le diagnosticaban Alzheimer, se iba a dar un tiro. Me acuerdo haberme enojado profundamente y pensar que estaba loco - durar semanas molesta con la idea. Yo tenía quizá 18 años. Y no me podía imaginar queriendo que alguien querido se muriera.
Y sin embargo ahora, que ya he visto a gente enferma de Alzheimer, que he visto a mis abuelos morir de forma radicalmente distinta - uno después de una larga enfermedad que lo llevó a menos durante años, otro después de dos días de enfermedad brutal -, pienso diferente. Pienso diferente de la eutanasia, cuando sé de tanta gente que tiene un día a día tan triste y tan doloroso. La extensión de la vida por la extensión misma me parece un poco idiota.
Hace poco me volvieron a insinuar, alguien muy querido, que si se enfermaba de Alzheimer preferiría morirse pronto. Lo entendí perfecto. No fue la imagen de él dandose un tiro, sino la imagen de él negándose a perder sus recuerdos, su dignidad.
Da para mucho para discusión. Seguramente volverá a tocar estas puertas. Pero creo que la gente que de verdad, de verdad quiere morirse, alguna razón tendrá. Y también creo que hay que tener la claridad de ofrecerles no solo una muerte digna, sino una vida digna. Si vamos a hacerlos que sigan viviendo, tenemos que garantizar que sea en las mejores condiciones. Y que guardemos el mejor recuerdo de ellos. Creo.
Vaya miércoles lúgubre el mío. Y la peli... la peli es preciosa. Hay que verla.
6.4.09
Eterno resplandor
A mí no me gusta que se me olviden las cosas. Quizá en una especie de temor de lo que puede ser en el futuro el Alzheimer, de hecho trato de acordarme lo más posible de todo, de retener datos, caras, passwords, imágenes... soy de aquellos que creen que lo único que nos llevaremos a la tumba (o en cualquier caso, a una cama de hospital, a un asilo) son los recuerdos. Soy de aquellas que arriesgan la piel y la posibilidad dolorosa del fallo a fin de tener algo cálido y sereno a lo que aferrarse. Soy de los que toman muchos fotos y las miran, para ver si le pueden dar más pistas o más sonidos o más recuerdos de lo que había antes ahí.
Parece que hay recuerdos demasiado turbios - yo soy afortunada, entonces. Imagino que el hecho de no quererme olvidar de nada de lo que he pasado es un síntoma claro de lo buena que ha sido mi vida. Pero, ante la realidad de que hay mucha gente que no lo experimenta así, ahora la neurociencia está buscando la manera de borrar los malos recuerdos.
Estaba hoy leyendo el New York Times y no lo podía creer - me imagino qué pensarán Michel Gondry y Charlie Kauffman. La nota parece parte de su guión de Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Y para solucionar mi desconcierto, me levanté de frente a la computadora y fui hasta el baño, a verme en el espejo. Sí, ahí estaba yo: con mis dientes chuecos, mi nariz torcida y mi cabello azul. Con mis arruguitas alrededor de los ojos y mi cara sin maquillar. Me dio mucho gusto no haberme olvidado de nada.
Parece que hay recuerdos demasiado turbios - yo soy afortunada, entonces. Imagino que el hecho de no quererme olvidar de nada de lo que he pasado es un síntoma claro de lo buena que ha sido mi vida. Pero, ante la realidad de que hay mucha gente que no lo experimenta así, ahora la neurociencia está buscando la manera de borrar los malos recuerdos.
Estaba hoy leyendo el New York Times y no lo podía creer - me imagino qué pensarán Michel Gondry y Charlie Kauffman. La nota parece parte de su guión de Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Y para solucionar mi desconcierto, me levanté de frente a la computadora y fui hasta el baño, a verme en el espejo. Sí, ahí estaba yo: con mis dientes chuecos, mi nariz torcida y mi cabello azul. Con mis arruguitas alrededor de los ojos y mi cara sin maquillar. Me dio mucho gusto no haberme olvidado de nada.
22.7.08
Nombre es destino
Quienes han pasado conmigo por las diversas fases de mi vida, saben que estoy convencida de que un mal nombre puede echarte a perder cualquier cosa. Yo me considero afortunada y me gusta el mío, pero nunca podré olvidarme de una costurera que me hizo un par de vestidos cuando era niña. Vivía en una vecindad cerca de una avenida grande (Federalismo) en Guadalajara. En su casa había muchas plantas, algunos pájaros, y desde la ventana frente a la que tenía su máquina de coser se veía un árbol. Algún gato se paseaba por su calle. Pero se llamaba Soledad. Y nunca nadie me ha quitado la impresión de que estaba sola. Solísima.
Anoche ví una película (que me encantó, por cierto) donde la protagonista juzga a la gente por su nombre - no perderse Elizabeth Town del gran, gran Cameron Crowe. Hay gente que es protagonista y otros que son "secundarios" o de plano "replacements". Y todo por un nombre.
Alguien debería decírselo a este "artista": un chico de Orlando, de 26 años, que ofreció llamar a su hijo como quisieran los locutores de un programa de radio a cambio de un cheque de 100 dólares de gasolina. ¡Y la mamá estuvo de acuerdo porque así el niño "tendrá una historia buena que contar sobre su nombre! La historia la leí hoy en esta nota de La Vanguardia.
Total de que, parafraseando la peli: "If it wasn't this, it would be something else".
Anoche ví una película (que me encantó, por cierto) donde la protagonista juzga a la gente por su nombre - no perderse Elizabeth Town del gran, gran Cameron Crowe. Hay gente que es protagonista y otros que son "secundarios" o de plano "replacements". Y todo por un nombre.
Alguien debería decírselo a este "artista": un chico de Orlando, de 26 años, que ofreció llamar a su hijo como quisieran los locutores de un programa de radio a cambio de un cheque de 100 dólares de gasolina. ¡Y la mamá estuvo de acuerdo porque así el niño "tendrá una historia buena que contar sobre su nombre! La historia la leí hoy en esta nota de La Vanguardia.
Total de que, parafraseando la peli: "If it wasn't this, it would be something else".
21.6.08
Un nuevo género: el boy flick
No me avergüenzo - es una verdad conocida que disfruto enormemente de ver esas películas a las que llamamos malamente "chick flicks". Las historias de las bonitas - o no tan bonitas, pero al final sí - que acaban con los guapos - o no tan guapos, pero al final entrañables - después de milquinientasdoce desventuras y conflictos. Con musiquita pop por soundtrack, con caras bonitas, con guiones insalvables y obvios. Me encantan. Pero, quizá por esta vena de "adultez" que me da de cuando en cuando, ahora empiezo a encontrarlas un poco ridículas.
De hecho, ya he utilizado este amable bló de su vecindario para quejarme de algunas cosas, de las expectativas que se crean y cómo se resuelven. Más o menos la idea es: si yo no soy Cameron Díaz, aunque mi vida sea igual de patética que la del personaje de la señorita Díaz, no encontraré al guapo con el que se queda al final. Así es la vida. Qué vamos a hacerle.
Hace un par de semanas, en México, tenía dos horas entre una reunión y otra. Como saben los que han pasado o viven ahí, moverme era un poco necio, dada la situación. Era hora de la comida, el sitio de mi otra reunión estaba a cinco minutos y a otros cinco, un cine. Saqué del refrigerador un viejo hábito, me compré una caja de palomitas y una cocacola ENORMES y me senté a comer palomitas frente a una peli palomitera. Para más señas, "Made of Honor".
Valía la pena - pensé - sólo por ver a Patrick Dempsey. Ya el cartel me parecía demasiado parecido a aquello de "My Best Friend's Wedding" con la irreductible Julia Roberts... pero es que resulta que han pasado ¡11 años! desde el estreno de la famosa peliculita. Ergo, los productores podían darse el lujo de refritearla hacia el otro lado.
Total, ví la peli. No me decepcionó del todo, tenía el ritmo esperado, la música esperada, todo. Escenas cursis a tutiplén. Pero había algo que no estaba bien. Algo en el personaje de Dempsey.
No me lo pude decir yo a mi misma. Necesité que me lo dijera un amigo: "eso, Cin, es un boy-flick. El personaje de Dempsey es un cabrón: se pasó diez años al lado de la chica y sólo se dio cuenta de que la quería cuando ella se iba a casar. Lo peor es que aparece, se confiesa... ¡y se queda con la chica! ¡y a todo el mundo le parece extraordinario y romántico y perfecto!".
Tardé en reponerme de dicho golpe de realidad. Pues sí, era verdad: mucho Patrick Dempsey pero el tío no le había dicho nada a su mejor amiga durante ¡diez años! porque ya le venía bien tenerla ahí, atenta a sus necesidades.
Lo más increíble de todo es que no pude verlo yo. Necesité a alguien más para que me lo dijera. Aquí es cuando uno se da cuenta que la televisión y el cine idiota sí que hace daño a la psique.
De hecho, ya he utilizado este amable bló de su vecindario para quejarme de algunas cosas, de las expectativas que se crean y cómo se resuelven. Más o menos la idea es: si yo no soy Cameron Díaz, aunque mi vida sea igual de patética que la del personaje de la señorita Díaz, no encontraré al guapo con el que se queda al final. Así es la vida. Qué vamos a hacerle.
Hace un par de semanas, en México, tenía dos horas entre una reunión y otra. Como saben los que han pasado o viven ahí, moverme era un poco necio, dada la situación. Era hora de la comida, el sitio de mi otra reunión estaba a cinco minutos y a otros cinco, un cine. Saqué del refrigerador un viejo hábito, me compré una caja de palomitas y una cocacola ENORMES y me senté a comer palomitas frente a una peli palomitera. Para más señas, "Made of Honor".
Valía la pena - pensé - sólo por ver a Patrick Dempsey. Ya el cartel me parecía demasiado parecido a aquello de "My Best Friend's Wedding" con la irreductible Julia Roberts... pero es que resulta que han pasado ¡11 años! desde el estreno de la famosa peliculita. Ergo, los productores podían darse el lujo de refritearla hacia el otro lado.
Total, ví la peli. No me decepcionó del todo, tenía el ritmo esperado, la música esperada, todo. Escenas cursis a tutiplén. Pero había algo que no estaba bien. Algo en el personaje de Dempsey.
No me lo pude decir yo a mi misma. Necesité que me lo dijera un amigo: "eso, Cin, es un boy-flick. El personaje de Dempsey es un cabrón: se pasó diez años al lado de la chica y sólo se dio cuenta de que la quería cuando ella se iba a casar. Lo peor es que aparece, se confiesa... ¡y se queda con la chica! ¡y a todo el mundo le parece extraordinario y romántico y perfecto!".
Tardé en reponerme de dicho golpe de realidad. Pues sí, era verdad: mucho Patrick Dempsey pero el tío no le había dicho nada a su mejor amiga durante ¡diez años! porque ya le venía bien tenerla ahí, atenta a sus necesidades.
Lo más increíble de todo es que no pude verlo yo. Necesité a alguien más para que me lo dijera. Aquí es cuando uno se da cuenta que la televisión y el cine idiota sí que hace daño a la psique.
20.6.08
Avisos parroquiales - El Maldá es lo más
En el centro-centro de Barcelona, atrás de la plaza del Pi, hay un cine pequeñito que se llama Malda. Mola (en castizo) por muchas razones: porque tiene una sola sala, porque está dentro de un centro comercial, porque tienen permanencia voluntaria, porque hacen descuento todos los días, porque es barato y porque tienen una programación QUE TE MUERES.
Así, nada más porque les da la gana, hoy y mañana (20 y 21 de junio) van a celebrar el día de la música lo que quiere decir que la programación incluirá "Los Chicos del Coro", "Esto es Ritmo", "Hairspray", "Once", "Rock & Cat", "Singing in the Rain", "Shine a Light" y "24 hours Party People".
¿Alguien se apunta?. Más info, en el site.
Así, nada más porque les da la gana, hoy y mañana (20 y 21 de junio) van a celebrar el día de la música lo que quiere decir que la programación incluirá "Los Chicos del Coro", "Esto es Ritmo", "Hairspray", "Once", "Rock & Cat", "Singing in the Rain", "Shine a Light" y "24 hours Party People".
¿Alguien se apunta?. Más info, en el site.
2.6.08
Nosotras también queríamos

Según esta nota del New York Times, la película de Sex and the City ha movido los cimientos del mercado de asistentes al cine en Estados Unidos de varias maneras. En primera, porque la recaudación que obtuvo en su primer fin de semana era mucho mayor al esperado (55.7 millones de dólares). En segunda, por que se trata de la película en la historia con mayor recaudación tomando en cuenta que su personaje (en este caso, sus personajes principales) es una figura femenina. En tercera, porque esta recaudación extraordinaria se hizo en una forma muy particular: muchas mujeres salieron en grupo, con sus amigas, a celebrar entre todas el estreno.
No sé si fue porque yo soy fan irredenta de la tan mencionada serie, pero recibí una cantidad importante de información al respecto del estreno. Cree expectativas reales. Quería ir. Es más, con las niñas, incluso en algún momento nos planeamos hacer la escapada neoyorquina - ahora que la devaluación del dólar nos tiene cantando aquello de Mecano que empezaba por "Es una ocasión singular...".
Ahora se ha estrenado. Ya tiene críticas que he decidido no leer. Y me quedo con las niñas, esperando que vuelva V que está en Costa Rica, para ir a nuestra función única y personal. A nuestra "girls night out".
24.4.08
Como en anuncio de tarjeta de crédito

Hors de Prix de Pierre Salvadori. La tradujeron en inglés como "Priceless" y en España se llamó "Un Engaño de Lujo". Sí, ya sé que estoy enganchada a las comedias románticas. Pero esta peli trumancapotesca con una Audrey Tatou hermosa y una nueva obsesión para mí - de ojos azules y llamado Gad Elmaleh - entra, oficialmente, a mi lista de las "must-see-at-least-twice-in-life".
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