Hace un par de días me llamó mi vecino, prácticamente mudo. Me preguntaba que si estaba en casa porque él estaba en la suya, con 40 grados de fiebre y sin poderse mover. Y escuchaba incesantemente la ventana de mi baño que se había quedado abierta y se azotaba una y otra vez. "Quería pedirte que la cierres... ya sabes cómo es cuando uno está enfermo... se obsesiona con los sonidos".
Estaba lejos de casa, pero regresé en cuanto pude. Ayer en la puerta me encontré a su compañero y le pregunté que cómo estaba. "Ah, bueno, ya sabes... mucho mejor... es que salió de vacaciones y le pasó lo de todos los años: acabó en cama por la tensión acumulada".
Confirmé entonces aquello de que no soy solo yo la que tengo el hábito de cuidar poco a mi cuerpo. De escucharlo poco. Y cuando el cuerpo siente que la situación es la adecuada, se enferma - como para liberarse, como para darnos una pequeña venganza.
El otro día leí en el NYT un artículo que me dejó bastante cruzada. Resulta que según un estudio el divorcio y la viudez afectan definitivamente tu posibilidad de tener una enfermedad crónica. El nivel de estrés al que es sometido el cuerpo al pasar por el final de una relación en esos términos es tal que nunca se recupera del todo, ni siquiera cuando la gente se vuelve a casar.
El mismo artículo se apresura en aclarar, en voz de los expertos, que esto no quiere decir que un mal matrimonio sea mejor para la salud, porque también implica mucho estrés. Es decir, que no hay salida.
Hum. Me pregunto qué haremos todos los monógamos sucesivos con semejante bomba de información. ¿Será que las aseguradoras comenzarán a cobrar un suplemento a los sometidos a "fuerte estrés emocional"? Mejor de plano subir los precios para todos.
Porque el que no haya sufrido una ruptura que tire la primera piedra.
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6.8.09
1.3.09
Married but lonely
Todos los días me llegan decenas de correo basura. A veces, cuando me aburro, leo unos cuantos. Sólo para enterarme de que va el phising en este momento de la historia. Otras tantas, sólo me quedo con los dominios, los servicios y los nombres de quienes se anuncian.
Para nadie es una sorpresa el que una parte muy grande de los anuncios que aparecen estén relacionados con sexo. Conseguir una pareja, una mejor erección o más dotes físicas. Algunas cosas son más descaradas que otras. Y supongo que parecerán más o menos crudas depende de la situación de quien lo lee.
Limpiando mi buzón esta tarde, me encontré que uno de los correos se mandaba desde una dirección que se llama "married but lonely". Me quedé pensando no en la maneras que tiene la gente de conseguir una nueva pareja cuando todo se está yendo al carajo, sino en cómo mucha gente simplemente deja pasar partes de su vida porque no conviene romper la imagen social que crees que otros tienen de tí mismo.
Sigo casado contigo porque no hay nada más que podamos hacer. Porque no podemos romper la ilusión colectiva de que somos felices. Porque nos casamos por la Iglesia y la anulación cuesta una pasta - o tus papás nunca lo aceptarán. Porque lo lógico es que del matrimonio maravilloso sigan los niños y la vida feliz. Porque tenemos muchos más puntos en común para comprar boletos de avión y volar en business y luego quejarnos de lo mala que es la champaña que sirven en las aerolíneas en decadencia.
Por lo general, el correo basura me hace enojar o incluso reír. Hoy, por razones más que específicas que tienen que ver con horas y horas frente al televisor o a una hoja en blanco, casi me hizo llorar.
Para nadie es una sorpresa el que una parte muy grande de los anuncios que aparecen estén relacionados con sexo. Conseguir una pareja, una mejor erección o más dotes físicas. Algunas cosas son más descaradas que otras. Y supongo que parecerán más o menos crudas depende de la situación de quien lo lee.
Limpiando mi buzón esta tarde, me encontré que uno de los correos se mandaba desde una dirección que se llama "married but lonely". Me quedé pensando no en la maneras que tiene la gente de conseguir una nueva pareja cuando todo se está yendo al carajo, sino en cómo mucha gente simplemente deja pasar partes de su vida porque no conviene romper la imagen social que crees que otros tienen de tí mismo.
Sigo casado contigo porque no hay nada más que podamos hacer. Porque no podemos romper la ilusión colectiva de que somos felices. Porque nos casamos por la Iglesia y la anulación cuesta una pasta - o tus papás nunca lo aceptarán. Porque lo lógico es que del matrimonio maravilloso sigan los niños y la vida feliz. Porque tenemos muchos más puntos en común para comprar boletos de avión y volar en business y luego quejarnos de lo mala que es la champaña que sirven en las aerolíneas en decadencia.
Por lo general, el correo basura me hace enojar o incluso reír. Hoy, por razones más que específicas que tienen que ver con horas y horas frente al televisor o a una hoja en blanco, casi me hizo llorar.
27.6.08
La costumbre del horror
Comienzo a trabajar temprano y me conecto a todas las redes informáticas que me hacen sentirme "parte del mundo". De pronto, entra también alguien de mi pasado - de mi pasado muy anterior. Nos seguimos escribiendo, aunque probablemente de la última vez que nos vimos hayan pasado más de diez años.
Es reportero gráfico, camarógrafo. Vive en la zona con mayor índice - por lo menos percibido - de problemas de narcotráfico en México, el Estado de Sinaloa. "Día pesado", me comenta, "es que me tocaron dos balaceras". Según narra, han asesinado a 23 personas en sólo 48 horas - 18 en Culiacán (donde él vive, donde lo conocí) y 5 más en Guamuchil.
Yo no sé qué decirle cuando me cuenta esto. Y pregunto: "¿y cómo está la gente?". "Eso es lo triste", responde. "La gente ya se está acostumbrando. Ya perdió la sensibilidad ante las noticias fuertes".
Y de pronto recuerdo la primera vez que yo estuve en Culiacán. Probablemente era 1996, fui de vacaciones con unos amigos. Era verano y hacia un calor insoportable. Tan fuerte, que sólo era posible salir de la casa - ergo del aire acondicionado - cerca de las 10 de la noche. Entonces paseábamos de casa en casa, tomando refresco, hablando al aire libre. De pronto, comenzábamos a escuchar disparos. Y en automático, la voz de la madre de mi amiga: "Hay ráfagas de automática, métanse un poquito". Y entrábamos a la casa. Seguiamos platicando tan tranquilo. Seguramente no nos habíamos terminado el refresco que nos estábamos tomando cuando el cielo volvía a estar en calma. "Ya pueden salir, si quieren", oíamos el grito materno. Y salíamos. Y así un par de veces cada noche.
Hay niños que han crecido con este nivel de violencia. No se puede pedirles que se sorprendan. Está en su cotidianidad. Y es triste.
Es reportero gráfico, camarógrafo. Vive en la zona con mayor índice - por lo menos percibido - de problemas de narcotráfico en México, el Estado de Sinaloa. "Día pesado", me comenta, "es que me tocaron dos balaceras". Según narra, han asesinado a 23 personas en sólo 48 horas - 18 en Culiacán (donde él vive, donde lo conocí) y 5 más en Guamuchil.
Yo no sé qué decirle cuando me cuenta esto. Y pregunto: "¿y cómo está la gente?". "Eso es lo triste", responde. "La gente ya se está acostumbrando. Ya perdió la sensibilidad ante las noticias fuertes".
Y de pronto recuerdo la primera vez que yo estuve en Culiacán. Probablemente era 1996, fui de vacaciones con unos amigos. Era verano y hacia un calor insoportable. Tan fuerte, que sólo era posible salir de la casa - ergo del aire acondicionado - cerca de las 10 de la noche. Entonces paseábamos de casa en casa, tomando refresco, hablando al aire libre. De pronto, comenzábamos a escuchar disparos. Y en automático, la voz de la madre de mi amiga: "Hay ráfagas de automática, métanse un poquito". Y entrábamos a la casa. Seguiamos platicando tan tranquilo. Seguramente no nos habíamos terminado el refresco que nos estábamos tomando cuando el cielo volvía a estar en calma. "Ya pueden salir, si quieren", oíamos el grito materno. Y salíamos. Y así un par de veces cada noche.
Hay niños que han crecido con este nivel de violencia. No se puede pedirles que se sorprendan. Está en su cotidianidad. Y es triste.
19.10.07
Deformación profesional

Esta noche, tuve pesadillas. En medio de discusiones interminables y hasta (creo) algún tipo de monstruo, lo que más me inquietó fue la visión de El País que estrena nuevo diseño el próximo domingo. En mi sueño, era formato sábana y no lo podía desplegar para leerlo. Terrorífico, supongo.
Actualización: Salió el diseño nuevo de El País y no es tan horrible como en mi sueño de geriátricos. Lo que sí es que El País Semanal, con su tan cacareado nuevo diseño, a ratos se parece al Selecciones del Reader's Digest. ¿O no?
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