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3.4.13

Comportamientos de la nostalgia

Algunas mañanas, cuando despiertas, sabes que está por ahí: la intuyes, casi la hueles, pero no sabes muy bien dónde se esconde. Quizá en aquel rincón de la casa, en el balcón, entre tu ropa. Está, pero se escurre.
Otras mañanas, la nostalgia se sube a tu cama mientras duermes. Te mira, te hace cosquillas en la nariz... luego te sacude, te despierta y te deja mirando al techo, mientras se acurruca a tu lado y ella se vuelve a dormir.

26.3.13

Ocupación: Camarera

Me fui a comer a un restaurante donde no había ido nunca, pero quería hacerlo... aunque la verdad llegué hasta ahí porque mis dos primeras opciones estaban cerradas por semana santa. Mi conciencia dietética se limitó a no funcionar y pedí primero y segundo. No había mucha gente pero me da a mi que los camareros (meseros, que se dicen) estaban cansados. En la primera sala, en donde estaba sentada yo, había cuatro mesas para dos personas y estábamos sólo dos, cada uno solo en nuestra mesa, mirando al frente. A la calle. A la gente que se asomaba a ver el sitio. A los que se detenían a ver el menú. Los que no paraban. Los que nos miraban como si quisiéramos decirnos algo.

Quiso la suerte que los dos termináramos el segundo al mismo tiempo. Yo estaba atenta a mi libro y no ví cuando la chica se acercó a recoger los platos. "¿Qué te apetece, postre o café?", le preguntó a él. "¿Qué tienes de postre?", respondió el chico. Mis oídos que no estaban concentrados en leer, azuzados  por mi gula, seguramente hicieron moverse a mis orejas. "Vale, se los digo... pero vale para los dos eh, también para tí..." dijo, llamándome la atención.

Al final elegí lo mismo que el otro comensal - básicamente porque no puse atención a la lista. Me había quedado mirándola, viéndola cómo recitaba los postres como un soneto cervantino. Algo me hizo pensar que, cuando no es camarera, quizá es actriz.

8.10.11

Luzysombra

Nunca he ocultado que soy una entusiasta de las redes sociales - de esas que creen que, con una cierta dosis de inteligencia, están y seguirán cambiando el mundo en el que vivimos. El mío, por lo menos. Pero esto tiene luces y sombras cómo todo. Aquí dos cápsulas.

Sé que mi mundo es diferente porque es pequeño - como un pañuelo de verdad. Por que lo que me acorta las distancias y los océanos ahora no son vuelos supersónicos sino la posibilidad de estar de alguna manera ahí, presente. Hace casi una semana, a horas extrañas, me encontré en uno de los múltiples chats a Bef: gran escritor, dibujante, papá, amigo y una de las personas más cercanas a mi corazón. Estaba despertando lejos de su casa y me contaba las novedades - me dijo que iba revisar las becas del Sistema Nacional de Creadores, que se publicaban ese día. Y de pronto me encontré con él, aunque a 12 mil kilómetros de distancia, celebrando de primera mano que sí, que su nombre estaba ahí, que por fin había llegado, que era un pequeño día de gloria. Y aunque estábamos tan lejos casi pude ver su cara y tocar sus manos y abrazarlo y brincar y emocionarme. Esa es la luz.

La sombra llegó de parte de Youtube. Justo recuerdo el cuatrimestre pasado haberme pasado un día discutiendo con mis alumnos los métodos de "censura" o "regulación" de Youtube - basado en un concepto de "comunidad" la gente puede alertar a los "responsables" en caso de que haya algo que rompa con las normas (que llame al odio, sea indecente, asuntos del estilo...). Hace un par de semanas, hablando con otro amigo acá, Jaume Radigales, profesor y crítico musical, vimos la parte más oscura del sistema. Él, que sube videos con fines académicos, se encontró con que "alguien" había taggeado una de los videos para clase como "inapropiado". La gente de Youtube decidió que sí era inapropiado, lo quitó y le enviaron un mail diciéndole, básicamente, que esas no eran maneras de comportarse y que no podía subir ese tipo de material. El material era, nada más y nada menos, "Un chien andalou" de Buñuel. ¿Quién es el "responsable" que decidió que era "indecente"? Qué ganas de verle la carota. Ahora, le pasó lo que le pasa a muchos videos con contenido verdaderamente incoveniente - que como hay muchos más en la red iguales no pasa nada (como el link que aparece en este post) y también se puede consultar. A alguien le dieron la posibilidad de ser censor - y la usó sin cultura ni miramientos. Esa es la sombra.

29.3.11

Definiciones técnicas

Volver a estar en una oficina implica re-engancharse con antiguas actividades del tipo comidas en donde se habla mal de los jefes, charlas de pasillo, largas discusiones sobre quién tiene la responsabilidad de avisar que se terminó el toner de la impresora y sí, por qué no, salir a cenar.

Esta semana, participé de un ir y venir de correos electrónicos para intentar organizar una cena informal. Entre todos los mensajes hubo uno que, no me resisto, necesito compartir.

Ya saben que un servidor es un animal de costumbres que nunca va a cenas. Técnicamente, soy aquello que se denomina como un "soso".


Nunca, creo, me había hecho reír tanto un mail de oficina.

8.8.09

Cuando fuimos felices

Mis dos hermanas postizas regresan de un viaje a Rusia. Cada una me cuenta una versión de la historia pero ninguna de las dos es especialmente alentadora. A medida que van pasando los días, los recuerdos que traen a colación son cada vez mejores. Estoy convencida que de aquí a septiembre la narración será la bomba.

Vienen dos chicas amigas a que les preste mis guías de China. Todo lo que les cuento, todo, es divertido y brillante. Me cuesta acordarme de algo que no me haya gustado. A pesar de que puedo tener en la cabeza el miedo que me dió perderme en la Muralla y no encontrar cómo regresar, incluso eso me parece divertido. Me cuesta verle algo horrible.

Las últimas vacaciones que pasé en México me cansé y casi quise regresar llorando. Ahora se me cuecen las habas por darme otra vuelta por las calles que fueron mías.

Que acabó en divorcio, vale, es cierto. Pero hay días en que lo único que me puedo acordar, afortunadamente, son las tardes que nos pasábamos muertos de la risa o un viaje improvisado a Oaxaca.

En fin, que estoy de acuerdo con Tim Kreider. Lo único bueno de estos "malos tiempos" es que cuando los recordemos, nuestra cabeza se concentrará en lo bueno que hubo. Por ejemplo, los amigos que siempre están.

19.2.09

Lo difícil, lo complicado, lo imposible

A mí no deja de hacerme gracia cuando mis primas o mis amigas "muy liberales" comienzan a enseñarme fotos de sus hijos/hijas con otros niños/niñas y afirmar: "mira, este es su noviecito/a".

What?

En el marco referencial de la sociedad tapatía (uf, otra vez me está ganando la academia) esto de tener novias o novios es como importante. De alguna manera, si estás "saliendo" o "viendo muy frecuentemente" a alguien, más te vale que le pongas un mote "oficial". Y luego, por supuesto, para las que crecimos en casas conservadoras, está todo aquel mito de "¿y para qué dices que ese es tu novio si no vas a llegar a nada con él?". Entendiendo, por supuesto, llegar a algo como fin Susanitezco de matrimonio e hijos.

Sin embargo, los años pasan. Al contrario de los cinco, los diez o los quince años (vale, hasta los 20), uno no tiene ganas ya de definir en qué términos sales con quién o cómo se le debería de llamar socialmente. Valga aquello que si sales con un nórdico es más fácil decir "es el novio de" que el nombre del susodicho con su pronunciación correcta, pero uno tiene pocas ganas de describirlo como novio o, peor, como el adolescente inglés de "boy-friend".

Entonces pues ¿qué? ¿Cómo definir? Una opción es apegarse a la nueva modalidad de Facebook de "it's complicated". Pero... ¿y si no "es complicado"? ¿y si no es tu novio, no estás saliendo con él? ¿qué le decimos? ¿canchanchán?

Y todo este rollo para recomendar esta entrada de Mark Peters en el blog Bueno (sí, se llama Good Blog) sobre los posibles nombres que dar a los "novios" cuando, bueno, uno pasa los 18 años. Dedicado especialmente a todos y todas que les urge, les gusta, decir que uno es novio de alguien --- aunque ya andemos todos en los TAS.

12.2.09

Esa arma secreta

Me gustaría caminar por las calles de Barcelona una noche de 1984 - pero hoy, así, quien soy ahora, no la niña de 5 años que entonces aprendía los sonidos en un colegio de monjas de Guadalajara. Me gustaría cerrar los ojos, regresar y de pronto, en una esquina, ver a ese hombre alto, altísimo, con su cabello bien peinado, con sus ojos profundos. Y me gustaría tener en la mano un pedazo de pastel y ofrecérsela, como hizo alguien. Y, ante su agradecimiento, decirle que no es nada en contraste con todo lo que él me ha dado a mí, lo que me sigue dando.

Hoy hace 25 años que murió Julio Cortázar. Y yo me lo sigo encontrando. No sólo en mi biblioteca mutilada y transocéanica, o en los otros nombres que tengo yo y otros para nombrarme. Me lo encuentro en la boca de un argentinito que toca la guitarra en un bar del Raval y me habla de cuan importante es para él Rayuela. Me lo encuentro en la explicación que le doy a la vida cada lunes cuando voy a comprar grandes ramos de flores para curarme la ansiedad. Me lo encuentro en ese París desdoblado que es Barcelona, Rotterdam, la Ciudad de México y Guadalajara de vuelta.

Sigo, como adolescente, como iluminado en trance, musitando el Capítulo 7 de Rayuela para imaginarme un mundo más dulce, más cercano. Continuo pensando que el hombre perfecto es el ingeniero de la Autopista del Sur. Estoy convencida, al fin, que El Perseguidor y yo escuchamos la misma música en sueños.

Aquí, el artículo de Juan Cruz que me recordó la historia del pastel. Gracias. A Juan, y a Julio, por supuesto.

Realismos varios

Suena a cuento o a novela latinoamericana, pero en mi sala hay una puerta que no da a ningún lado. Es una puerta blanca, de madera con vidrio, con una manija dorada, que estaba en un sitio por demás absurdo en mi casa. Durante la renovación, en noviembre, la saqué de su lugar con ayuda de mi papá y la recargué en el muro del estudio. Y sigue ahí, a un costado del mueble donde están los licores, mis libros y la televisión. Se puede ver desde el comedor y, por supuesto, desde el sofá cama en donde estoy sentada justo ahora.

Los miércoles en mi barrio se puede sacar la basura de grandes dimensiones o muebles en desuso a la calle y el municipio hace un servicio especial de recogida. Ayer era uno de esos días míos de locura en los que quiero terminar todo lo que está sin hacer desde hace meses - todo menos la tesis, por cierto. Así que saqué dos lámparas, una persiana rota, un pedazo de madera, una mesa y pretendí sacar la puerta.

La dejé al final, porque es grande y está pesada. No esperé a que llegara Marco porque bueno, soy así, quiero hacerlo todo de inmediato, cuando se me ocurre. Comencé entonces a arrastrar la puerta por toda la casa. Y mientras me miraba en el espejo o la veía sobre las paredes, me imaginaba a los sitios que podría ir si pudiera empotrarla: si además de voluntad tuviera un poco de artes mágicas para hacerle de pronto fundirse con los muros. Al final resultó que no pude bajar la puerta porque es más grande que el ascensor y ha regresado a su sitio original, pero me quedaron las dudas a donde ir...

Si pudiera fundirse en el muro del estudio, sería una puerta para ir a todos los sitios que muestra la televisión. Sería entonces cosa de alquilar películas de época para que mi casa se convirtiera en una verdadera máquina del tiempo. Entonces sí que tendría sentido la colección de películas que tengo: no sólo por volver a ver los sitios que me gustan, si no para poder estar ahí.

Si pudiera fundirse en alguno de los muros del comedor, se iría a donde estén todos los amigos que se extrañan aquí cuando hay alguna fiesta. Entonces, por ejemplo, al final de mes podríamos reunirnos aquí y salir en Río, en casa de Ángela. O estar hoy en Costa Rica, para el cumpleaños de Vero. O el viernes en casa, para el de mi padre.

Si pudiera fundirse en el pequeño pasillo de la entrada, cerca de donde estaba originalmente, sería para ir a donde se quisiera ir sin perder tiempo. Entonces no llegaría tarde porque me daría cuenta que faltan cinco para las dos pero aún así alcanzaría a entrar al Banco, para la desesperación de las cajeras, o estaría en el cine rápidamente, sin frío y sin tener que tomar un bus.

Y así, iríamos a cocinas del mundo desde la cocina, a los sitios que uno sueña o añora desde la habitación; a lugares intermedios desde el pasillo; y a miradores panorámicos desde la terraza. Mira... quién me iba a decir. Imaginar que porque la famosa puerta no cabe en el ascensor ahora puedo ir al Rockefeller Center desde un huequito a un lado del ficus que vive en la terraza.

7.1.09

Reparte-folletos

A una la encampanan en organizar un congreso. Con un poco de retraso (tipo un mes), le mandan una caja con folletos para entidades varias. Una va las entidades varias con un morralito lleno de folletos. Y sube y baja las escaleras del Colegio de Arquitectos intentando que alguien sea bueno y le permita dejarlos en su escritorio. Nada. Baja a la librería y casi le llora a la encargada, quien se compadece y le deja poner "unos cuantos" folleticos cerca de la caja.

Luego, una se va la universidad. Llega a la recepción. Agarra un periódico. Espera a que la encargada esté peleando con un maestro o algo así (esto de los buenos tratos locales) y, mientras no la ven, deja UN MONTÓN de folleticos sobre la mesa. Sale de la universidad.

Qué bonito es volver al trabajo.