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17.4.16

Caras familiares

Hay una línea muy delgada entre estar solo y sentirse solo - sobre todo cuando hace relativamente poco que cambiaste de ciudad. Todavía están muy cercanos los rituales de la otra urbe, en la que ya no estás, y si un domingo te encuentras inesperadamente distraída y acompañada sólo por el gato (al que además le caes un poco mal porque la comida que compraste no es la buena) y hace sol... es una buena idea salir. Sacudirte el domingo y salir, caminar, ver, ponerte las gafas, entrar a un mercadillo, no comprar nada, pero curiosear y pensar...

Y seguir caminando y decidirte a entrar al museo como quien entra en la casa de un viejo amigo: mirar por las ventanas, visitar las exposiciones temporales y dar una vuelta a una sala y encontrarte con esa cara familiar y sentir que ella te conoce como la conoces tú. Y mirarla de reojo. Sentarte un poco. Regresar. Volverla a ver. Respirar frente a ella. Descubrir que no te da miedo como te dio la primera vez que la viste: más bien, al encontrarla, recuerdas un poco quien fuiste, quién eres, quién te gustaría ser.

Y así, salir del museo a las calles de la ciudad y hacerla otra vez un poquito más tuya. Con la fortaleza que da tener una cara familiar por ahí.

(El museo es el maravilloso Boijmans Van Beuningen de la ilustre Rotterdam. Mi amiga, la mujer que vive en De schiettent [La Galería de Tiro], pintada en 1931 por Pyke Koch y retratada por mi en su casa.).

20.8.15

Múltiples estímulos (94)

Hay días que lo que necesitas no son menos estímulos, sino un exceso de estímulos. Ayer, que estaba reflexionando sobre el multitasking mientras lo ejercía, justamente lo que me di cuenta es que lo que me sobran son paredes - ahí regresan los fantasmas. Escuchaba la radio (fan de NPR), un episodio de This American Life que se llama: "Is This What I Look Like?". Básicamente, son historias de gente a las que alguien, un día, les dice algo de cómo son y los deja de piedra. La gente puede decirte lo que cree de ti para hacerte sentir mejor o peor, pero no tiene ni idea de cómo eso, aparentemente dicho sin cuidado, puede cambiar tu percepción durante años.

Escuché en la parte de atrás de mi cabeza esas cosas que me han dolido - aunque ya duelen menos (para algo tiene que servir la terapia): me vi revisándome para ver que no se me note demasiado la panza, revisando si huelo raro, si hablo muy fuerte y... escribiendo sin creer que lo que escribo sirva para algo. "Tú no sabes escribir ni lo harás nunca"; "bueno, es que la gente no lee tu blog", "claro que no acabarás la tesis... no serás la primera de mis novias que no lo hace". Eran discusiones con muchas ganas de lastimar, de hacer daño, de mucho tiempo... pero a veces necesitas acordarte de ellas, tener el estímulo, mirarlas de frente y decir: "al carajo".

Oficina con vista al río
De pronto me vi, con las ventanas abiertas y el sol entrando y entendí que para trabajar tenía primero que terminar algo. Y agarré mi bolso con mi computadora - por si me encontraba la inspiración en alguna esquina - y me fui al MuseumPark. En el Boijmans (un favorito) hay un derby de diseño Holanda-Bélgica que pone en comparación lo que hacen los dos países: de alguna manera extraña, me hace acordarme lo que pasa en ese territorio California-México, Tijuana-San Diego (y ahora escuchando a Ceci Bastida siendo entrevistada por Alt.Latino me acuerdo más).

Salí del museo cuando me echaron y comencé a caminar. Iba de regreso a casa cuando algo me dijo: "agua". Después de una década viviendo en una ciudad con mar a veces simplemente necesito ver agua. Y me senté enfrente del río, y saqué mi computadora, y sin esperarlo, repasé a consciencia el texto hasta llegar a la página 20, agregando párrafos aquí y párrafos allá. Tuve la tentación de borrar y borrar y luego pensé: "Primero escribe y luego borras". Cerré y volví a casa para cenar.

Una de las cosas más interesantes de la tesis eAmy: me acordé lo que me había espantado enterarme de su muerte, lo perdida que me sentí entonces y vi lo perdida que se sentía ella. Me quedé despierta y sin poder trabajar viendo sus ojos grandes, angustiados. Creo que me dormí con la certeza de que no quiero irme a ningún sitio. Y de que necesito seguir cerrando cosas, con todo lo que viene dentro de mi.
s ese ejercicio de contrastar todo: de escribir, pero contrastar, citar, argumentar. No puedes decir nada "porque te da la gana" sino encontrar alguien que apoye tu visión. No es en contra del mundo - es elaborar con el apoyo de todos. En la noche, fuimos al cine a ver

La tesis: ahí va. Increíblemente.

14.8.15

El sol (99)

El agradecimiento: Han sido días de mucho mejor tiempo y mucho menos lluvia de lo que esperaba. Pero aún así, he pasado la mayoría de ellos en interior, intentando escribir. Hoy, sin embargo, había algo que me empujaba a salir, a ver la calle, la gente, los museos. En mi otra ventana al mundo - Facebook - gracias a Mariana, leo de Iris Apfel. Y Iris Apfel dice: "Todo el mundo debería ir a los museos, no dejar de visitarlos. Aunque no estés buscando inspiración para tu mente, la encontrarás y alimentarás tu alma".
El Museo Nacional de Fotografía holandés está en Rotterdam, en una zona de la ciudad que me encanta. Y después de haberme pasado la mañana de discusión con el primer capítulo, tomé mi bolso, mi ordenador y me subí al tranvía 23. Llegué justo a tiempo para entrar (aún me confundo con los horarios) y ver en sus últimos días Faces, una exposición sobre el retrato a partir de 1990.
Me busqué en esas caras, en esos ojos. Y encontré sus miradas y esa inspiración de la que habla Apfel. Me cautivó justo la mirada de Alberto García-Alix: me gustaría tener sus ojos - me sorprende la nostalgia y la belleza con la que mira, incluso a él mismo.

Al terminar el museo, salí al parque. Trabajé un rato más, enfrente del río, entre las risas de los paseantes y una pareja que llegó en una limosina blanca a tomarse sus fotos de boda. Después, acompañada de una lluvia tímida, regresé a casa. Lo encontré en el súper mercado y subimos a cocinar. Cuando estaba todo casi listo, un rayo de sol firme se colaba por la ventana: "Cinco minutos, chica. Hay un espacio en el sol y es mío". Agradecí entonces por mis ojos, por mi cámara de teléfono, por los recuerdos. Por el sol.

La tesis: Ayer antes de dormir cerré la introducción. Estoy en la página 9 del primer capítulo, revisando, traduciendo, ajustando. No sé si me convence - sí sé, no me convence. Creo que estoy demasiado acostumbrada a escribir lo que me da la regalada gana y, cuando sé que habrá alguien evaluándolo, entro en pánico.  Estoy en pánico. Pero hay alguien dentro de mi que a veces habla conmigo y me dice: "Vuelve. Sigue. Termina. No puede ser tan terrible al final". Y suspiro. Y regreso.

Una imagen: del sol.

1.9.11

El fin de agosto, Boijmans y el Futuro

Privilegio que tenemos los que nos hemos convertido en viajeros constantes, regresamos a algunas ciudades que no son propiamente "nuestras" pero las consideramos parcialmente de nuestra propiedad. A pesar de no entender todo lo que se habla en las calles sabemos, por ejemplo, cómo leer un menú, qué estación del metro es la más cercana al mercado y qué día de la semana el museo más bonito de la ciudad no cobra entrada.

En Rotterdam, el Museo Boijmans Van Beuningen es gratuito los miércoles - mejor que cualquier dos por uno. Y yo me siento incluso culpable de estar aquí un miércoles y no ir, aunque sea a visitar a esos Magrittes que ya se que me encantan, a asomarme a sus jardines, a ver la colección de diseño industrial que incluye un walkman sony de aquellos amarillos. Es, digamos, mi cita con la ciudad.

Ayer fuí al Boijmans y entre otras cosas maravillosas que me encontré, fuí al Futuro. El Futuro es una pieza de plástico hecha en 1968 por el arquitecto finlandés Matti Suuronen. En los sesenta, había esta corriente de construir espacios para vivir que pudieran llevarse e instalarse por todos lados, que fueran muy baratos - el plástico era barato entonces - y solucionaran el problema de la vivienda mundial. Tan fácil como construirla y llevarla ahí donde fuera necesaria. Futuro era una casa con forma de OVNI que ya se entregaba amueblada y donde podían caber ocho personas - bajitas, he de decir.

Ni para qué explicar que el proyecto fue un poco una ruina. Sin embargo, se construyeron 96 casas que dan vueltas por el mundo y recuerdan ese momento de diseño y de ilusión. El Boijmans compró una de las casas y le dió un súper salón en donde se puede entrar a verla - siempre y cuando esté uno dispuesto a no tocar, ponerse unos patucos como quirúrgicos y aguantar el olor a plástico viejo. A mí esas cosas no me amilanan así que pude entrar a verlo por dentro: y fuí muy feliz.

Una chica dentro de Futuro. Yo la fotografío desde afuera.


Un hombre saliendo de Futuro. Nos estuvimos siguiendo por el Museo y salimos al mismo tiempo porque estaban por cerrar. Caminamos lado a lado por como cinco minutos hasta que él se quedó en su hotel (o se escondió en el lobby de un hotel). No sé cuál de los dos estaba más asustado. Creo que él - al final, yo le había tomado fotos.


La sala del Futuro. Con ventanas y vistas al exterior.


Vista desde el baño a un guardia del Museo cansado y que miraba su reloj para que dieran las cinco. 

 Yo misma, feliz, posando delante de Futuro.


Tengo que decir también que, además de ver el futuro, ví otras cosas muy lindas en el Boijmans. Las que ya se que me gustan, como el edificio mismo, la colección permanente que hace dar mucha envidia a mucha gente, los guardias que se estaban riendo y picándose las costillas y otras cosas maravillosas y sorprendentes como:


La "Wombhouse" del Atelier Van Lieshout. Ellos ya no pretenden que la gente de facto viva en sus trabajos, pero tienen muchos artistas trabajando para ellos. En caso de que no se entienda, a aquellos que dicen que les gustaría volver a la calma del seno materno, pues esto es una "casa" diseñada como un útero. La cama en el centro, en uno de los ovarios una cava y múltiples cosas entretenidas.


Este Magritte que yo no conocía (Le modèle rouge III, 1937). Me gustó. No tanto como me gusta "La Reproduction Interdite", pero me gustó.


La calma de esos ejecutivos sentados en los jardines del Museo, disfrutando de los rarísimos rayos de sol que bañaron la ciudad la tarde de ayer.

Cerré agosto como había que cerrarlo - visitando el Futuro y disfrutando de la calle.

4.9.09

Momentos de museo

Fanática irredenta de los museos holandeses, cuando ando de este lado intento culturizarme a marchas forzadas. El resultado es que acabo muy cansada, pero hay cosas que siempre estoy feliz de haber visto.

Gemeentemuseum, La Haya
* De schone slappster (La Bella Durmiente): una mini colección de unas diez piezas pre-rafaelistas traídas del Museo de Arte de Ponce, en Puerto Rico. Hay un cuadro de tres por siete metros de "El último sueño de Arturo en Avalon" que le tomó 20 años a su autor, Edward Burne-Jones, pintar. De hecho, se murió sin verlo terminado.
* Un montón de salas hasta el fondo de museo, en las que a alguien se le ocurrió "mudar" los muebles y las paredes de palacios del siglo XVIII. Lo increíble es lo mal que casan con el edificio. Y mejor aún, que hayan decidido poner a la mitad de todo una serie de piezas de arte contemporáneo en vidrio. Es como si alguien hubiera perdido un pedazo de la cabeza ahí.
* Un cuadro azul de Yves Klein por ahí... en una esquinita... como si el museógrafo no supiera muy bien dónde ponerlo. Y lo mismo pasa con un par de grabados de Otto Dix y hasta un Van Gogh.

Boijmans Van Beuningen, Rotterdam
* Los miércoles es gratuito.
* Justo a la entrada, entre las cajas y el guardarropas más lindo del mundo, hay tres salas que son gratuitas siempre. Entre ellas, un montaje de Pipilotti Rist que se llama Laat Je Haar Neer (Let your Hair Down) en el que te subes a una escalera y luego te puedes subir a una estructura de red y quedarte suspendido a una altura de dos pisos, mirando una película. La sensación es lo máximo.
* Otra intervención, cerca de la cafetería, de Tobias Putrih y el estudio de arquitectura MOS. Hicieron una cueva de hielo seco a la mitad de una sala. Es lo máximo. Y uno se puede meter ahí.
* Las piezas nuevas de la colección: ojo con un súper coso amarillo de Klaas Kloosterboer - no es una pieza clásica de pintura pero está construido con los mismos elementos e igualmente colgado de la pared. A la mitad de la expo hay una pieza de Emo Verkerk, sobre la visión de los peces ;). Al fondo, fondo, fondísimo, un par de piezas de Berend Strik que no hay que perderse: complementa fotos, diseños o pinturas cosiéndoles encima tela. Ojo con la vista africana impresionante.


Casa de Anne Frank, Amsterdam

* 8.50 euros la entrada.
* Las colas de verdad son larguísimas. Yo llegué temprano y ya estaba lleno de gente.
* Está planeado para que lo experimentes en muchos idiomas, lo que está muy bien.
* La casa es increíble.
* Hay una exposición interactiva que se llama Free2choose sobre los derechos fundamentales. Una manera muy divertida de descubrir si eres o no neoconservador.

Museo Van Gogh, Amsterdam

* Es carísimo: la entrada cuesta 12,50 sin reducción para nadie.
* Está cerrado como por mitad. Entiendo que a partir de finales de septiembre ya lo tendrán abierto todo, pero están cambiando las salas.
* La museografía cronográfica de los Van Goghs es lo máximo. Y los cuadros japoneses muy perturbadores.
* Hay una exposición temporal sobre un coleccionista - Andries Bonger, en específico sobre lo que tenía de Odilon Redon y Emile Bernard. Son contemporáneos a Van Gogh y Bonger le compraba la obra a Theo Van Gogh, hermano del artista. A pesar de que tuvo algunos cuadros de Vincent, los vendió, porque no le gustaban mucho. De estos dos, de sus colecciones, ojo con los grabados y las litografías. Y con la manera en cómo la obra de Van Gogh bueno, no casaba con los gustos de la época.