Ella es preciosa. Sin lugar a dudas, una de las niñas más bonitas que he conocido en mi vida. Su cara es perfecta, es delgada, sonriente y, por lo menos para mí, simpática. Claro que ella es simpática conmigo (o para mí) porque tenemos una diferencia de 18 años y alguien en común. Pero no sé cómo sea con el resto de las personas.
Ayer hablábamos de su primer día de clases. Se quedó dormida y llegó tarde, casi con media hora de retraso. Y me contó que el primer día uno puede seleccionar con quien se sienta, con quien comparte la mesa. Me acordé de aquellas horas de angustia en las que uno deseaba que su amigo, el otro freak de la clase, llegara a tiempo para poder refugiarse juntos con tranquilidad en un rincón del salón. Y el horror que te tocara sentarte contra alguien más bajo en la "escala" social de la escuela que tú --- si es que esto existía.
En fin, que ella llegó tarde. Y los sitios ya estaban asignados. Y le tocó sentarse con alguien que no es "popular". Nos contó esto con un poco de horror. Su padre - quien supongo que como yo no era un niño muy popular - la miró y se quedó un poco en silencio. "Piénsalo así: para un niño no muy popular es una fiesta que tú te sientes junto a él. Así que deberías ser una buena compañera y disfrutarlo". Ella se quedó pensando. Yo también. Luego seguimos preparando la ensalada.
3.9.08
Ventanas
En casa de mi abuela, la última que fue mi casa en Guadalajara, yo vivía en una habitación con un gran ventanal hacia la calle. En términos de usos y costumbres, era el sitio ideal para que alguien llegara a dar una serenata, o hacer una canción de amor desesperada. L dice que mis relaciones anteriores no son válidas porque nunca, nadie, me ha dado una serenata. Yo le digo que no es cierto: a mis 15 años tenía un galán programador de radio que me llamaba y me iba diciendo cuáles eran las siguientes canciones en la estación. Eso me bastaba por serenata.
Lo contraproducente (o no) de ese ventanal es que se oye o se ve todo lo que pasa en la calle. Estuve el sábado pasado observando durante mucho tiempo, esperando que llegara alguien. Lo curioso es que no sé quién en específico. Y llegaron. Y los que llegaron fueron muy bienvenidos. Y son los que están y deberían de estar.
* * * * *
Estuve en mi ciudad una semana, trabajando. Tanto, que realmente no me pude sentir de vuelta ahí. Me despertaba y veía por la ventana de mi cuarto de hotel una calle que me era conocida, pero no familiar. Fui a la nueva ciudad, a la que creció sin mí. Y era como cuando ves a tu primo favorito y lo encuentras 15 centímetros más alto que tú.
* * * * *
Estuve en casa de la madre de una de mis mejores amigas. Diseñada por su padre, es un cubo blanco perfecto, con grandes ventanales que fueron cubierto con falsos esmerilados para que nadie pueda asomarse. Sólo el sol. Lo más bonito eran los patios de la primera planta, con vidrios sin esmerilar; o esa enorme ventana que está en la cocina y da al parque, donde había niños, y perros, y lluvia.
* * * * *
A través de la ventanilla de un avión, vi Guadalajara, Las Vegas y Nueva York. Intenté no llorar mientras miraba el llano donde se quedaba un pedacito de mi corazón. Me sorprendió cómo Vegas sale de la nada, en medio del desierto y cerca de una gran presa. Me emocionó descubrir Central Park desde arriba. Pero no me sentí tranquila hasta que comencé a ver la orilla de las dunosas playas holandesas. Ahí el próximo destino.
* * * * *
Vivo temporalmente en una pensión en la Van Somethingstraat. Mi habitación, en el último piso de una casa típica, "en una calle muy aburrida" según un crítico observador local, tiene una ventana pequeñita con cortinas azules, desde donde puedo ver quien pasa y quien no. A una media cuadra, hay una mujer que da clases de piano. Lo sé porque tiene un letrero afuera de casa y porque tiene el piano en la primera ventana, desde donde puede verse. La ví tocando y, horas después, escribiendo algo en una pesada Remington. Con sus dedos huesudos, largos y blancos, cayendo ligeramente sobre las pesadas teclas. Hubiera querido tomarle una foto, pero me dio verguenza. Si algo he aprendido en este país es que el vidrio debería ser suficiente protección para que no te miren - estás dentro de casa.
* * * * *
Él es muy crítico con su departamento. Dice que es increíble que hace seis años que lo está arreglando y sea imposible terminarlo. A mí me encantó: lleno de plantas, y de ventanas, con dos gatos, con muchísimos libros. Mínimo, pero suficiente. Hay fotografías que él tomó y dibujos que la niña ha estado haciendo durante años. Quiere tirar uno de los muros que quedan y convertirlo en otra ventana. Es lo lógico, dice, mientras uno de los gatos se encarama en el borde de la ventana y se queda mirando hacia los ciclistas que pasan, rápido, para no mojarse.
* * * * *
(No cabe duda, pues: cuando se cierra una puerta, se abren varias ventanas).
Lo contraproducente (o no) de ese ventanal es que se oye o se ve todo lo que pasa en la calle. Estuve el sábado pasado observando durante mucho tiempo, esperando que llegara alguien. Lo curioso es que no sé quién en específico. Y llegaron. Y los que llegaron fueron muy bienvenidos. Y son los que están y deberían de estar.
* * * * *
Estuve en mi ciudad una semana, trabajando. Tanto, que realmente no me pude sentir de vuelta ahí. Me despertaba y veía por la ventana de mi cuarto de hotel una calle que me era conocida, pero no familiar. Fui a la nueva ciudad, a la que creció sin mí. Y era como cuando ves a tu primo favorito y lo encuentras 15 centímetros más alto que tú.
* * * * *
Estuve en casa de la madre de una de mis mejores amigas. Diseñada por su padre, es un cubo blanco perfecto, con grandes ventanales que fueron cubierto con falsos esmerilados para que nadie pueda asomarse. Sólo el sol. Lo más bonito eran los patios de la primera planta, con vidrios sin esmerilar; o esa enorme ventana que está en la cocina y da al parque, donde había niños, y perros, y lluvia.
* * * * *
A través de la ventanilla de un avión, vi Guadalajara, Las Vegas y Nueva York. Intenté no llorar mientras miraba el llano donde se quedaba un pedacito de mi corazón. Me sorprendió cómo Vegas sale de la nada, en medio del desierto y cerca de una gran presa. Me emocionó descubrir Central Park desde arriba. Pero no me sentí tranquila hasta que comencé a ver la orilla de las dunosas playas holandesas. Ahí el próximo destino.
* * * * *
Vivo temporalmente en una pensión en la Van Somethingstraat. Mi habitación, en el último piso de una casa típica, "en una calle muy aburrida" según un crítico observador local, tiene una ventana pequeñita con cortinas azules, desde donde puedo ver quien pasa y quien no. A una media cuadra, hay una mujer que da clases de piano. Lo sé porque tiene un letrero afuera de casa y porque tiene el piano en la primera ventana, desde donde puede verse. La ví tocando y, horas después, escribiendo algo en una pesada Remington. Con sus dedos huesudos, largos y blancos, cayendo ligeramente sobre las pesadas teclas. Hubiera querido tomarle una foto, pero me dio verguenza. Si algo he aprendido en este país es que el vidrio debería ser suficiente protección para que no te miren - estás dentro de casa.
* * * * *
Él es muy crítico con su departamento. Dice que es increíble que hace seis años que lo está arreglando y sea imposible terminarlo. A mí me encantó: lleno de plantas, y de ventanas, con dos gatos, con muchísimos libros. Mínimo, pero suficiente. Hay fotografías que él tomó y dibujos que la niña ha estado haciendo durante años. Quiere tirar uno de los muros que quedan y convertirlo en otra ventana. Es lo lógico, dice, mientras uno de los gatos se encarama en el borde de la ventana y se queda mirando hacia los ciclistas que pasan, rápido, para no mojarse.
* * * * *
(No cabe duda, pues: cuando se cierra una puerta, se abren varias ventanas).
22.8.08
Regreso
Cuando uno está adolescente y tiene la fortuna que le haya tocado una habitación para si mismo en casa, la convierte en algo así como en un reino de absoluta tranquilidad. Que afuera se puede estar cayendo el mundo pero ahí, detrás de las puertas, en esas cuatro paredes, todo está aparentemente bien. Por lo menos durante un rato. En poco tiempo. Luego descubres que hay que salir para ir al baño o a la cocina a comer algo y necesitas liberarte de la verdadera "zona de confort".
Después, el concepto de "zona de confort" se extiende a toda la casa. Pero igual, uno no se puede quedar encerrado atrás de la puerta con tres candados - aunque no sea negra, ja -. Hay que salir a la calle, a comprar víveres, a encontrarse con otros.
Regreso a Guadalajara y tengo la sensación de estar en la recámara de mi adolescencia, en la casa en la que crecí. Es una zona de confort: conozco sus errores y sus zonas mullidas, lo mejor y lo peor.
A veces creo que quiero quedarme. Pero sé que necesito salir para entender, para completarme, para estar.
Después, el concepto de "zona de confort" se extiende a toda la casa. Pero igual, uno no se puede quedar encerrado atrás de la puerta con tres candados - aunque no sea negra, ja -. Hay que salir a la calle, a comprar víveres, a encontrarse con otros.
Regreso a Guadalajara y tengo la sensación de estar en la recámara de mi adolescencia, en la casa en la que crecí. Es una zona de confort: conozco sus errores y sus zonas mullidas, lo mejor y lo peor.
A veces creo que quiero quedarme. Pero sé que necesito salir para entender, para completarme, para estar.
20.8.08
Esta muñeca...
Se cambia de aparador por los próximos 40 y pico días. Ya estaremos reportando. Por lo pronto, al aeropuerto bajo el cielo encapotado de Barcelona. Qué ilu. Esta noche estaré cenando tacos en Guadalajara.
Chau.
Chau.
18.8.08
Dos posts extraviados
En sábado de limpieza, encontré algunos recortes que voy guardando de cosas que quiero postear... y luego se me olvidan y dejan de tener sentido. Pero como este blog es como cuaderno de notitas, van:
Frases épicas encontradas en una revista Glamour americana
(o por lo menos épicas para mí)
- La mujer americana promedio pesa 74.4 kilos y tiene una estatura de 1.63 metros - esto es tiene cerca de 16 kilos más y 15 centímetros menos que la súper modelo promedio.
- Está bien si:
* tienes una política de no hacer la cama en fin de semana
* nunca has tenido perfectamente claro qué es lo que te gustaría hacer con tu cabello
* realmente nunca te ha gustado la música tecno
* no estás especialmente interesada de momento en "encontrarte a ti misma".
- Siete maneras nuevas de ver a tu cuerpo
* es una fuerza de la naturaleza y merece tu respeto siempre que desafía tu control: desde explosiones de adrenalina, un cólico insoportable hasta un ataque de lujuria por un casi-extraño.
* es de músculo sólido, aunque no lo creas.
* es una "máquina de placer". Y hay que jugar con todos sus “botones”.
* te dice como te sientes en realidad – todo signo físico es un indicador emocional y hay que ponerles atención.
* se regenera solo: ocho horas de sueño, cinco minutos de risa o diez saludos al sol pueden hacerte sentir nueva.
* puede crear cosas de belleza trascendental: una sonata, un jardín de rosas, un bebé.
* es único en el sentido más puro de la palabra: siempre habrá alguien con muslos más firmes, pero nunca nadie con un cuerpo exactamente como el tuyo.
(ya, vale, lo acepto, esto es vergonzante. Hay algo un poco torcido en que busque iluminación en publicaciones femeninas, pero ya que me ventaneo tanto a mi misma…)
Cosas que había que hacer en Londres
- Ir a la galería White Cube a ver la exposición más reciente de los Chapman, con tema del holocausto – “If Hitler Had Been a Hippy How Happy We Would Be…” (hum, esto no era bonito, pero sí interesante: compraron un lote de pinturas hechas por Hitler y las intervinieron pintándoles arcoiris y cosas “cute”, hicieron unas maquetas horribles sobre el peor de los Holocaustos y luego intervinieron también retratos de personas que compraron olvidados. El nombre de esta última parte de la exposición era “One Day You Will No Longer Be Loved”. Bua. Ya no está. Se acabó el 12 de julio).
- Ir al cine a ver un documental que se llama “A Complete History of My Sexual Failures”. Directamente, el señor Chris Waitt se confiesa ante la audiencia, va y nos presenta a todas las ex novias, toma viagra y sale a buscar con quien acostarse y, con un guión magnífico, se asegura su entrada eventual al mundo de las comedias románticas, me supongo. Ya no creo que esté en el cine en Londres, pero yo la vería otra vez. Me reí demasiado.
- Ir a la Tate Modern y ver la exposición de Cy Twombly (expresionismo abstracto americo-italiano) y una que se llama Street & Studio sobre el uso social del retrato fotográfico. Ambas siguen, son de paga, pero conviene comprar el boleto combinado. Están bien bonitas. Además, ya de pasada, hay que comprarse la línea del tiempo del arte que tiene el Museo en el primer piso. También es la onda.
- Ir al Barbican a ver la casa de muñecas que montaron los diseñadores holandeses Viktor & Rolf. La verdad, me pareció una de las exposiciones más interesantes que he visto últimamente, no sólo por su contenido en moda, sino por el uso de los múltiples medios para el arte y la creación de concepto alrededor de los desfiles. Me reí un poco porque me acordé de cuando el cine y la fotografía se veían con escepticismo como arte en contraste con esta exposición dedicada a la ropa – gran representante de las visiones culturales de la sociedad contemporánea. Es bien bonito, de veritat. Hay que ir.
Dato curioso: el día que fui con L a ver la película, en la mañana, paseamos por el barrio donde vive el directo. Y lo ví. Antes de ver la película. Creí reconocerlo porque habíamos visitado el site de Internet, pero dudé. Me hizo feliz haber visto un famoso, aunque no fuera tan famoso. Y lo único que lamenté fue no haberlo reconocido en el momento. Creo que hasta le hubiera hecho ilusión que lo saludáramos en la calle.
Frases épicas encontradas en una revista Glamour americana
(o por lo menos épicas para mí)
- La mujer americana promedio pesa 74.4 kilos y tiene una estatura de 1.63 metros - esto es tiene cerca de 16 kilos más y 15 centímetros menos que la súper modelo promedio.
- Está bien si:
* tienes una política de no hacer la cama en fin de semana
* nunca has tenido perfectamente claro qué es lo que te gustaría hacer con tu cabello
* realmente nunca te ha gustado la música tecno
* no estás especialmente interesada de momento en "encontrarte a ti misma".
- Siete maneras nuevas de ver a tu cuerpo
* es una fuerza de la naturaleza y merece tu respeto siempre que desafía tu control: desde explosiones de adrenalina, un cólico insoportable hasta un ataque de lujuria por un casi-extraño.
* es de músculo sólido, aunque no lo creas.
* es una "máquina de placer". Y hay que jugar con todos sus “botones”.
* te dice como te sientes en realidad – todo signo físico es un indicador emocional y hay que ponerles atención.
* se regenera solo: ocho horas de sueño, cinco minutos de risa o diez saludos al sol pueden hacerte sentir nueva.
* puede crear cosas de belleza trascendental: una sonata, un jardín de rosas, un bebé.
* es único en el sentido más puro de la palabra: siempre habrá alguien con muslos más firmes, pero nunca nadie con un cuerpo exactamente como el tuyo.
(ya, vale, lo acepto, esto es vergonzante. Hay algo un poco torcido en que busque iluminación en publicaciones femeninas, pero ya que me ventaneo tanto a mi misma…)
Cosas que había que hacer en Londres
- Ir a la galería White Cube a ver la exposición más reciente de los Chapman, con tema del holocausto – “If Hitler Had Been a Hippy How Happy We Would Be…” (hum, esto no era bonito, pero sí interesante: compraron un lote de pinturas hechas por Hitler y las intervinieron pintándoles arcoiris y cosas “cute”, hicieron unas maquetas horribles sobre el peor de los Holocaustos y luego intervinieron también retratos de personas que compraron olvidados. El nombre de esta última parte de la exposición era “One Day You Will No Longer Be Loved”. Bua. Ya no está. Se acabó el 12 de julio).
- Ir al cine a ver un documental que se llama “A Complete History of My Sexual Failures”. Directamente, el señor Chris Waitt se confiesa ante la audiencia, va y nos presenta a todas las ex novias, toma viagra y sale a buscar con quien acostarse y, con un guión magnífico, se asegura su entrada eventual al mundo de las comedias románticas, me supongo. Ya no creo que esté en el cine en Londres, pero yo la vería otra vez. Me reí demasiado.
- Ir a la Tate Modern y ver la exposición de Cy Twombly (expresionismo abstracto americo-italiano) y una que se llama Street & Studio sobre el uso social del retrato fotográfico. Ambas siguen, son de paga, pero conviene comprar el boleto combinado. Están bien bonitas. Además, ya de pasada, hay que comprarse la línea del tiempo del arte que tiene el Museo en el primer piso. También es la onda.
- Ir al Barbican a ver la casa de muñecas que montaron los diseñadores holandeses Viktor & Rolf. La verdad, me pareció una de las exposiciones más interesantes que he visto últimamente, no sólo por su contenido en moda, sino por el uso de los múltiples medios para el arte y la creación de concepto alrededor de los desfiles. Me reí un poco porque me acordé de cuando el cine y la fotografía se veían con escepticismo como arte en contraste con esta exposición dedicada a la ropa – gran representante de las visiones culturales de la sociedad contemporánea. Es bien bonito, de veritat. Hay que ir.
Dato curioso: el día que fui con L a ver la película, en la mañana, paseamos por el barrio donde vive el directo. Y lo ví. Antes de ver la película. Creí reconocerlo porque habíamos visitado el site de Internet, pero dudé. Me hizo feliz haber visto un famoso, aunque no fuera tan famoso. Y lo único que lamenté fue no haberlo reconocido en el momento. Creo que hasta le hubiera hecho ilusión que lo saludáramos en la calle.
17.8.08
Las malas horas
Nueve de la mañana del domingo. Tengo dos horas trabajando. Es lo que tiene el trabajo "global" - no siempre se encuentra en el mismo huso horario. Cuando sonó mi teléfono en la mañana, por un momento pensé que me había olvidado de quitar el despertador. Pero no, era el teléfono en el que me pedían, desde el otro lado del Atlántico, un documento que sólo estaba en mi computadora de la oficina. Así que tocó rehacerlo, mandarlo y bueno, ya encarrilados, seguir trabajando.
Me dediqué a unas cosas que tenía pendientes en la Wikipedia. Y me doy cuenta que necesito una clase, porque realmente lo hice por instrumentos. Bendito sea el cortar y pegar.
Voy por el diario y hacia la playa. Ya que me levanté temprano, que sirva de algo. A ver qué me encuentro en la playa de domingo por la mañana en este agosto barcelonés.
Me dediqué a unas cosas que tenía pendientes en la Wikipedia. Y me doy cuenta que necesito una clase, porque realmente lo hice por instrumentos. Bendito sea el cortar y pegar.
Voy por el diario y hacia la playa. Ya que me levanté temprano, que sirva de algo. A ver qué me encuentro en la playa de domingo por la mañana en este agosto barcelonés.
16.8.08
Las distancias relativas
Me gusta caminar. Pero cuando se trata de salir en la noche, tengo una lista grande de sitios cerca de mi casa (incluyendo la misma casa) hasta los cuales trato de arrastrar a mis amigos siempre - me da una pereza enorme regresarme sola y tarde desde un sitio lejano. Con el ipod las cosas habían cambiado un poquito - a casa de X son 3 canciones, a casa de L son siete, aprox. Y así me voy con todas.
Pero hay límites geográficos que no paso. Para los que termino tomando un autobús o un taxi en mis días de vino y rosas, ja.
Ayer crucé uno de mis límites geográficos. El barrio de Gracia, que siempre creo que es tan, pero tan lejos. Ni está tan lejos. Es mi cerebrito el que le pone el límite - digo, al final, L vive a las puertas de Gracia. Y sin embargo, confirmé una cosa: lo que me pone enferma de caminar en la noche es caminar sola. Porque si vienes muerto de risa y con una cerveza de más (porque la más mala siempre es la última, no las cuatro que te tomaste antes), tonteando con alguien que se ríe de tí porque te balanceas mientras mandas mensajitos en el móvil y se toma la molestia de acompañarte hasta casa porque es un solecito, no da flojera, ni horror, ni nada.
De hecho, te das cuenta que las distancias son relativas y que Barcelona es - en tapatío y con tapatía compañía (cacofónica, la niña) - bien bonita de noche.
Pero hay límites geográficos que no paso. Para los que termino tomando un autobús o un taxi en mis días de vino y rosas, ja.
Ayer crucé uno de mis límites geográficos. El barrio de Gracia, que siempre creo que es tan, pero tan lejos. Ni está tan lejos. Es mi cerebrito el que le pone el límite - digo, al final, L vive a las puertas de Gracia. Y sin embargo, confirmé una cosa: lo que me pone enferma de caminar en la noche es caminar sola. Porque si vienes muerto de risa y con una cerveza de más (porque la más mala siempre es la última, no las cuatro que te tomaste antes), tonteando con alguien que se ríe de tí porque te balanceas mientras mandas mensajitos en el móvil y se toma la molestia de acompañarte hasta casa porque es un solecito, no da flojera, ni horror, ni nada.
De hecho, te das cuenta que las distancias son relativas y que Barcelona es - en tapatío y con tapatía compañía (cacofónica, la niña) - bien bonita de noche.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
