Confieso que no he visto aún - problemas del diferido - el primer debate de los candidatos a la Presidencia de México. Confieso también que con las micro-crónicas y votantes-mutantes que estoy viendo en las redes sociales, tampoco me genera mucha emoción hacerlo.
Al parecer, no hubo sorpresas: todos instalados en el ataque, en el auto-bombo (que dicen acá) y tirando de las características de personalidad que los caricaturizan - el galán, la sosa, el populista. Y uno que "se salió del guión": el señor de los Cuadritos. El galán intelectual. El nuevo de la barrio.
En las últimas semanas he estado pensando mucho qué voy a hacer con ese sobrecito que el IFE hizo llegar a mi casa al parecer hoy (si lo quiere dejar la mensajera con mi compañero de piso - sino tendré que ir a buscarlo a una oficina para afirmar que sí soy yo la que quiere votar). Mucho además porque yo trabajo con este tema: con lo de la participación, la información, el compromiso ciudadano, el compromiso de los partidos...
Después de un montón de años escribiendo una tesis al respecto, me reservo un buen cargamento de escepticismo. Afortunadamente tengo muy cerca de mi a un anarquista que de vez en cuando me da una sacudida ideológica y aunque no defiendo la democracia directa para todo (ya hablaremos), sí me parece importante la participación en las elecciones.
Entonces: no siendo ni anulista, ni abstencionista, ni blanquista... ¿qué hago?
Se me ocurren un montón de cosas - la primera en la que quiero reflexionar hoy es aquella frase tan bonita de los abuelos de que "prometer no empobrece". Veo a algunos de mis "amigos" de redes sociales entusiasmados con el discurso propositivo del señor de los Cuadritos. Sí, seguro. Yo estoy convencida de que es el que tiene el programa más coherente y mejor escrito. Con una salvedad: no tiene NINGUNA posibilidad de ganar.
Lo más curioso es que este señor es el jugador frontal de un partido cuyos fundadores no se han distinguido por seguir la opción del diálogo, apostar por la calidad o por las decisiones más buenas para la mayoría. ¿Pero saben qué? Pues está bonito poner a alguien que hable bien y prometa el cielo, la luna y las estrellas. Y que levante la mano el que nunca se haya enamorado (aunque sea fugazmente) de alguien con quien "nada podía ser..."
El señor de los Cuadritos puede proponer y hablar muy bonito... logrando con eso una interesante atomización del voto. Vamos a llevarnos unos indecisos más de este lado, porque no... Pero de nuevo, no hay que olvidarse que a las elecciones no se presenta una persona: se presenta una maquinaria de partido, una fuerza ideológica y una serie de acciones claras.
Quizá el señor de los Cuadritos sí hizo una cosa muy importante ayer, sin embargo: en contraste, puso en evidencia a unos partidos "consolidados" pero incapaces de contarle al ciudadano sin gritar-correr-ni-empujar cómo se puede mejorar al país. Un plan.
Él tenía un plan. Los otros, muchos nervios. Uno puede tener un plan cuando no tiene nada que perder.
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7.5.12
4.7.09
Cinco esperanzas del voto nulo
- Que a lo mejor mucha gente que no iba a ir a votar va a ir, nada más por no votar por nadie.
- Que la gente se da cuenta ahora que puede pedir cuentas a los políticos y darles seguimiento después del voto.
- Que hay un grupo ciudadano que lo está promoviendo.
- Que este grupo ciudadano a lo mejor no alcanzó a registrarse como partido pero (también a lo mejor) está haciendo planes para 2012.
- Que como hay gente bien chida de la que dice que votes en blanco, más de alguna se comprometerá a ser candidato y por lo tanto diputado/senador o algo para realmente cambiar las cosas en México.
(Lo único que espero es que realmente la gente que está promoviendo tanto esto luego se arme de valor y participe de otras formas más tangibles en la vida política: formas que sí generen cambio. Porque, de neta, es que no cambia nada votar en blanco. De hecho, es no elegir y permitir equilibrios raros de poder que desembocan en cosas como ésta. Así que, por favor, si algo puedo tocar en sus corazones - uy qué cursi - hagan su voto efectivo. Las rabietas, que yo sepa - a menos de que seas hijo de un papá europeo laissez faire entrado en su middleage - nunca han tenido muchas consecuencias. No veo porqué ésta vaya a tenerlas.)
- Que la gente se da cuenta ahora que puede pedir cuentas a los políticos y darles seguimiento después del voto.
- Que hay un grupo ciudadano que lo está promoviendo.
- Que este grupo ciudadano a lo mejor no alcanzó a registrarse como partido pero (también a lo mejor) está haciendo planes para 2012.
- Que como hay gente bien chida de la que dice que votes en blanco, más de alguna se comprometerá a ser candidato y por lo tanto diputado/senador o algo para realmente cambiar las cosas en México.
(Lo único que espero es que realmente la gente que está promoviendo tanto esto luego se arme de valor y participe de otras formas más tangibles en la vida política: formas que sí generen cambio. Porque, de neta, es que no cambia nada votar en blanco. De hecho, es no elegir y permitir equilibrios raros de poder que desembocan en cosas como ésta. Así que, por favor, si algo puedo tocar en sus corazones - uy qué cursi - hagan su voto efectivo. Las rabietas, que yo sepa - a menos de que seas hijo de un papá europeo laissez faire entrado en su middleage - nunca han tenido muchas consecuencias. No veo porqué ésta vaya a tenerlas.)
29.6.09
Voto Nulo: Carta a Paco
(Esta es la respuesta que le dí a un amigo querido que me manda los forwards sobre el Voto Nulo que están circulando en México: no pongo el forward inicial porque está todo escrito en mayúsculas, pero es el que asegura que con un 20% de voto nulo se anularían los comicios).
Paquito:
Me estás poniendo a trabajar. Estoy ahorita revisándome la Ley Electoral, porque según yo no hay manera de declarar la elección nula, sobre todo si puedes contabilizar algunos votos. Cuando encuentre bien la regulación, te lo comento.
(unas horas después ;))
A ver, revisada la regulación. Tenemos democracia simple, esto es, gana quien tiene el mayor número de votos. Si hay más votos nulos que para el primer partido, igual gana el primer partido - se contabilizan los votos que se puedan. No se anulan ni casillas, ni distritos, ni elección. Simplemente se da el gane a quien tenga más votos "efectivos".
Se consideran votos nulos, según la ley electoral:
a) Aquel expresado por un elector en una boleta que depositó en la urna, sin haber marcado ningún cuadro que contenga el emblema de un partido político; y
b) Cuando el elector marque dos o más cuadros sin existir coalición entre los partidos cuyos emblemas hayan sido marcados (cité literalmente)
Sin embargo, el argumento que utiliza este mail entonces es parcialmente cierto. No se va a anular la elección. Sin embargo, sí que es cierto que los partidos chiquitos tienen que obtener por lo menos el 2% del voto total en el país para que se les mantenga el registro. ¿Esto qué quiere decir? Que con el voto nulo, en donde las personas no voten por los partidos chiquitos, estos van a perder el registro. ¿Riesgo? Que refuerzas la hegemonía de los pocos partidos en el poder.
La otra cosa que es parcialmente cierta de este correo es sobre la financiación de los partidos. Una vez que estás registrado frente al IFE como partido, tienes derecho a recibir una lana al año para financiar tus actividades de partido político. Digamos que el presupuesto del IFE es X. De esta X, el 30% se reparte a los partidos de manera igualitaria. El 70% restante se les otorga en función de los votos ganados en la elección inmediata anterior. Los años que hay elecciones, los partidos reciben exactamente el doble (como un aguinaldo, digamos) para sostener los gastos de campaña.
Conclusión: el voto nulo es una elección válida en el sentido de que no estás absteniéndote y te estás presentando ahí a no elegir para mostrar tu "descontento". Sin embargo, este descontento no se capitaliza en ganancias para nadie más que para los partidos grandes que, teniendo su voto duro, conservarán su posición de poder como hasta ahora. Los partidos grandes tampoco perderán financiación - más bien podrían ganar más, por la regla típica del "entre menos burros más olotes".
Osease Paquito, que o nos ponemos y hacemos movimientos sociales, nos colamos en los partidos o hacemos los propios, o no podemos generar realmente un cambio en el clima y comportamiento político del país. Las leyes electorales y las leyes en general son diseñadas y aceptadas justamente por los legisladores, por lo cual si evitamos elegirlos con cuidadito nos arriesgamos a que se pasen otros tres años sin generar nada que sea realmente bueno para el avance de la población.
Celebro que se abra la discusión, que más personas tengan un interés en la política del país y que, por lo tanto, crezca la cultura política - ese interés por indagar y saber qué y cómo se hace en nuestro país. Sin embargo, temo que esto de la promoción al voto nulo (sin tomar en cuenta las múltiples teorías de la conspiración) sea una actividad generada por la cercanía de las elecciones que no tendrá más eco que una especie de replica en 2012, sin que en el ínter nadie haya hecho nada para ofrecer "nuevas opciones". El hacer política de emails, artículos de opinión y grupos de Facebook es muy fácil (mírame a mí, despotricando desde el otro lado del océano), pero no genera cambios reales a menos de que demos el salto de la virtualidad a la vida cotidiana.
No voy a respaldar a Kahwagi y compañía en el dramón de "toda la sangre derramada por el voto será desperdiciada". No. Finalmente - afortunadamente - no se está llamando a la abstención. Sin embargo, de verdad, con todo el dolor de mi corazón y con todo lo poco cool que pueda resultar, no estoy a favor de anular el voto. Estoy a favor de una participación responsable y continuada. Desde mi punto de vista, esto de anular el voto es como aquel que hace oídos sordos a las necesidades sociales y cuando va al súper compra "Un Kilo de Ayuda" y se queda tan tranquilo y le sigue pagando una miseria a la señora que ayuda en su casa. Ojo, comprar Un Kilo de Ayuda no es malo. Pero es un poco terrible cuando sirve como una aspirina para la conciencia social. Me pregunto si el voto nulo no es una especie de aspirina para la conciencia política, cuando alguien dice: "yo ya les dije que me parecen unos sinverguenzas".
Ya. Como si a los sinverguenzas esto les cambiará mucho la vida.
En fin, Paquito, que agradezco que me compartas los argumentos que pululan por allá. Yo, acá en mi autoexilio, no votaré esta vez. Pero, desde mi tribuna electrónica, me encantará decirle a la gente que vote, y que se acuerde a quién vota y que lo fiscalice después. Que vote por la persona, pero también por el partido. Que elija. Ya sé que es horrible cuando el menú no es muy amplio o muy apetecible. Pero toca elegir. "Mojarse", como dicen acá. Y darle seguimiento a tus derechos como ciudadano.
Te mando un abrazo grande.
C.
Paquito:
Me estás poniendo a trabajar. Estoy ahorita revisándome la Ley Electoral, porque según yo no hay manera de declarar la elección nula, sobre todo si puedes contabilizar algunos votos. Cuando encuentre bien la regulación, te lo comento.
(unas horas después ;))
A ver, revisada la regulación. Tenemos democracia simple, esto es, gana quien tiene el mayor número de votos. Si hay más votos nulos que para el primer partido, igual gana el primer partido - se contabilizan los votos que se puedan. No se anulan ni casillas, ni distritos, ni elección. Simplemente se da el gane a quien tenga más votos "efectivos".
Se consideran votos nulos, según la ley electoral:
a) Aquel expresado por un elector en una boleta que depositó en la urna, sin haber marcado ningún cuadro que contenga el emblema de un partido político; y
b) Cuando el elector marque dos o más cuadros sin existir coalición entre los partidos cuyos emblemas hayan sido marcados (cité literalmente)
Sin embargo, el argumento que utiliza este mail entonces es parcialmente cierto. No se va a anular la elección. Sin embargo, sí que es cierto que los partidos chiquitos tienen que obtener por lo menos el 2% del voto total en el país para que se les mantenga el registro. ¿Esto qué quiere decir? Que con el voto nulo, en donde las personas no voten por los partidos chiquitos, estos van a perder el registro. ¿Riesgo? Que refuerzas la hegemonía de los pocos partidos en el poder.
La otra cosa que es parcialmente cierta de este correo es sobre la financiación de los partidos. Una vez que estás registrado frente al IFE como partido, tienes derecho a recibir una lana al año para financiar tus actividades de partido político. Digamos que el presupuesto del IFE es X. De esta X, el 30% se reparte a los partidos de manera igualitaria. El 70% restante se les otorga en función de los votos ganados en la elección inmediata anterior. Los años que hay elecciones, los partidos reciben exactamente el doble (como un aguinaldo, digamos) para sostener los gastos de campaña.
Conclusión: el voto nulo es una elección válida en el sentido de que no estás absteniéndote y te estás presentando ahí a no elegir para mostrar tu "descontento". Sin embargo, este descontento no se capitaliza en ganancias para nadie más que para los partidos grandes que, teniendo su voto duro, conservarán su posición de poder como hasta ahora. Los partidos grandes tampoco perderán financiación - más bien podrían ganar más, por la regla típica del "entre menos burros más olotes".
Osease Paquito, que o nos ponemos y hacemos movimientos sociales, nos colamos en los partidos o hacemos los propios, o no podemos generar realmente un cambio en el clima y comportamiento político del país. Las leyes electorales y las leyes en general son diseñadas y aceptadas justamente por los legisladores, por lo cual si evitamos elegirlos con cuidadito nos arriesgamos a que se pasen otros tres años sin generar nada que sea realmente bueno para el avance de la población.
Celebro que se abra la discusión, que más personas tengan un interés en la política del país y que, por lo tanto, crezca la cultura política - ese interés por indagar y saber qué y cómo se hace en nuestro país. Sin embargo, temo que esto de la promoción al voto nulo (sin tomar en cuenta las múltiples teorías de la conspiración) sea una actividad generada por la cercanía de las elecciones que no tendrá más eco que una especie de replica en 2012, sin que en el ínter nadie haya hecho nada para ofrecer "nuevas opciones". El hacer política de emails, artículos de opinión y grupos de Facebook es muy fácil (mírame a mí, despotricando desde el otro lado del océano), pero no genera cambios reales a menos de que demos el salto de la virtualidad a la vida cotidiana.
No voy a respaldar a Kahwagi y compañía en el dramón de "toda la sangre derramada por el voto será desperdiciada". No. Finalmente - afortunadamente - no se está llamando a la abstención. Sin embargo, de verdad, con todo el dolor de mi corazón y con todo lo poco cool que pueda resultar, no estoy a favor de anular el voto. Estoy a favor de una participación responsable y continuada. Desde mi punto de vista, esto de anular el voto es como aquel que hace oídos sordos a las necesidades sociales y cuando va al súper compra "Un Kilo de Ayuda" y se queda tan tranquilo y le sigue pagando una miseria a la señora que ayuda en su casa. Ojo, comprar Un Kilo de Ayuda no es malo. Pero es un poco terrible cuando sirve como una aspirina para la conciencia social. Me pregunto si el voto nulo no es una especie de aspirina para la conciencia política, cuando alguien dice: "yo ya les dije que me parecen unos sinverguenzas".
Ya. Como si a los sinverguenzas esto les cambiará mucho la vida.
En fin, Paquito, que agradezco que me compartas los argumentos que pululan por allá. Yo, acá en mi autoexilio, no votaré esta vez. Pero, desde mi tribuna electrónica, me encantará decirle a la gente que vote, y que se acuerde a quién vota y que lo fiscalice después. Que vote por la persona, pero también por el partido. Que elija. Ya sé que es horrible cuando el menú no es muy amplio o muy apetecible. Pero toca elegir. "Mojarse", como dicen acá. Y darle seguimiento a tus derechos como ciudadano.
Te mando un abrazo grande.
C.
13.6.09
Voto blanco/nulo
Cuando comencé mi doctorado en Medios, Política y Sociedad y comencé a interesarme más por el sistema electoral español entendí una cosa bastante interesante. Mientras que aquí tienes que meter en el sobre una identificación o papeleta del partido por el que quieres votar que esté registrado (o del que se te ocurra que debería estarlo), en México la situación es que tienes una boleta con todos los partidos que se registraron previamente y cuya candidatura fue aceptada. Por fuerza tienes que elegir a alguno, marcándolo con una cruz. Si cruzas o anulas toda la boleta, tu voto es considerado nulo, a pesar de que te hayas presentado ahí a emitirlo. En España, si entregas el sobre en blanco, tu voto está "en blanco", no cuenta, aunque igualmente hayas ido a presentarlo.
La gran diferencia más allá del proceso es que, según entiendo, en el supuesto aquí podrías directamente proponer a alguien distinto y ver qué pasa si ese alguien recibe más votos. Porque no es dejarlo en blanco. No es simplemente aceptar que no quieres elegir. Es poner algo más y confiar en que podría ganar.
Yo sigo necia en que se tiene que votar por alguien. Y leo aquí y allá múltiples noticias sobre el tema. En términos de abstención, había una notita en el El País digital escrita por Gonzalo Navarro Colorado en la que se pregunta si una elección con más del 54 por ciento de abstención no debería ser impugnada como no válida.
Lo primero que dice en su artículo, además, es que el voto no debería de ser obligatorio porque va en contra de los derechos políticos más fundamentales. Entonces, reflexiona:
Me quedo con "la manera de ilusionar a los ciudadanos". Ilusionar. Curioso verbo. Se sabe que los puntos más altos de participación (hay evidencia científica, como diría un profesor mío) en la vida de las personas son cuando acaban de tener un hijo o están a punto de jubilarse. No necesitan que nadie los "ilusione". De pronto se dan cuenta más claramente que son parte de un sistema, que viven dentro de un marco político en donde su opinión cuenta y podría cambiar algo esencial para su vida.
Me niego a creer que la elección depende de la capacidad de "ilusionar" a alguien. Y válgannos que don Obama ganó en parte porque logró sacar a mucha gente de su fastidio, de su situación de incredulidad. Pero porque era una persona confiable - que no pintaba, pero en lo absoluto, como candidato hasta poco tiempo antes de la contienda.
No se vale que como ciudadanos digamos que los otros - esos, los extraños, los políticos... los que parece que pertenecen a una raza extraña - no nos ilusionan. Que los vamos a "castigar" sin ir a las urnas. Permítaseme aquí una analogía burda: estamos en un campamento, una oficina y tenemos la obligación de comer ahí. Pero resulta que nada de lo que preparan nos gusta ni nos parece digno de que lo comamos.
Esta actitud, de no votar, de no elegir, sería como una actitud de dejar de comer. Porque no nos gusta nada de lo que hay. Tampoco salimos a buscar afuera del campamento o vemos cómo podemos ayudarle al cocinero a mejorar su sazón: simplemente dejamos de comer porque lo que hay no nos ilusiona, no nos gusta, no es para nosotros.
La cuestión es, cuando tengamos una anemia de miedo, a quién le vamos a "echar la culpa". No sé, pero a mi me parece que es un poco infantil darnos media vuelta y decir que la culpa es de los cocineros. Porque también puede uno hacer más cosas, sacarlos de ahí, modificarlo. Lo demás, lo de dejar de comer y luego apuntar con el dedo acusador, es tramposo. Es convertirse en "víctima" a si mismo. No es una decisión de un ciudadano comprometido. Es la de, perdón, un niño caprichoso que encuentra más fácil tirar la culpa frente a cualquier otro. Con la diferencia que nosotros no tenemos un súper padrazo que nos vaya a sacar del lío.
La gran diferencia más allá del proceso es que, según entiendo, en el supuesto aquí podrías directamente proponer a alguien distinto y ver qué pasa si ese alguien recibe más votos. Porque no es dejarlo en blanco. No es simplemente aceptar que no quieres elegir. Es poner algo más y confiar en que podría ganar.
Yo sigo necia en que se tiene que votar por alguien. Y leo aquí y allá múltiples noticias sobre el tema. En términos de abstención, había una notita en el El País digital escrita por Gonzalo Navarro Colorado en la que se pregunta si una elección con más del 54 por ciento de abstención no debería ser impugnada como no válida.
Lo primero que dice en su artículo, además, es que el voto no debería de ser obligatorio porque va en contra de los derechos políticos más fundamentales. Entonces, reflexiona:
Impugnando cualquier votación en la que la abstención supere a la mitad del electorado, los políticos y los medios de comunicación se verían obligados a replantearse la manera de ilusionar a los ciudadanos, a cuyo servicio se supone que están y de los cuales emana la legitimidad del poder.
Me quedo con "la manera de ilusionar a los ciudadanos". Ilusionar. Curioso verbo. Se sabe que los puntos más altos de participación (hay evidencia científica, como diría un profesor mío) en la vida de las personas son cuando acaban de tener un hijo o están a punto de jubilarse. No necesitan que nadie los "ilusione". De pronto se dan cuenta más claramente que son parte de un sistema, que viven dentro de un marco político en donde su opinión cuenta y podría cambiar algo esencial para su vida.
Me niego a creer que la elección depende de la capacidad de "ilusionar" a alguien. Y válgannos que don Obama ganó en parte porque logró sacar a mucha gente de su fastidio, de su situación de incredulidad. Pero porque era una persona confiable - que no pintaba, pero en lo absoluto, como candidato hasta poco tiempo antes de la contienda.
No se vale que como ciudadanos digamos que los otros - esos, los extraños, los políticos... los que parece que pertenecen a una raza extraña - no nos ilusionan. Que los vamos a "castigar" sin ir a las urnas. Permítaseme aquí una analogía burda: estamos en un campamento, una oficina y tenemos la obligación de comer ahí. Pero resulta que nada de lo que preparan nos gusta ni nos parece digno de que lo comamos.
Esta actitud, de no votar, de no elegir, sería como una actitud de dejar de comer. Porque no nos gusta nada de lo que hay. Tampoco salimos a buscar afuera del campamento o vemos cómo podemos ayudarle al cocinero a mejorar su sazón: simplemente dejamos de comer porque lo que hay no nos ilusiona, no nos gusta, no es para nosotros.
La cuestión es, cuando tengamos una anemia de miedo, a quién le vamos a "echar la culpa". No sé, pero a mi me parece que es un poco infantil darnos media vuelta y decir que la culpa es de los cocineros. Porque también puede uno hacer más cosas, sacarlos de ahí, modificarlo. Lo demás, lo de dejar de comer y luego apuntar con el dedo acusador, es tramposo. Es convertirse en "víctima" a si mismo. No es una decisión de un ciudadano comprometido. Es la de, perdón, un niño caprichoso que encuentra más fácil tirar la culpa frente a cualquier otro. Con la diferencia que nosotros no tenemos un súper padrazo que nos vaya a sacar del lío.
9.6.09
Voto Nulo I
Tengo semanas tratando de reflexionar sobre mi posición al respecto del voto nulo. Es un movimiento muy fuerte ahora en México, respaldado por intelectuales varios y de manera intensa por muchas personas que han sido cercanas en diversos momentos de mi vida y en las cuales, por lo general, confiaría.
Hay que poner en contexto aquí que yo estoy haciendo justo ahora una tesis doctoral en donde busco destripar un mecanismo de educación para la ciudadanía y la participación. Por lo tanto, mi primera opinión al respecto - la más visceral - es de rechazarlo. Pero he oído argumentos que me han hecho pensar muy seriamente.
Según dicen, anular la boleta no es huir de la responsabilidad y el derecho del voto, sino dejarle claro a la clase política que no estamos de acuerdo con el tipo de representantes que tenemos. El resto de la reflexión, hasta donde yo lo he entendido, es que con cada vez más votos nulos tanto los organismos electorales como los partidos y otros ciudadanos entenderán esta falta de satisfacción y algo se modificará.
Ese último "algo" tiene rintintín. ¿Qué exactamente esperan que se modifique? ¿Que las leyes electorales cambien para que si hay un porcentaje X de votos nulos las elecciones sean declaradas en si mismas nulas o poco representativas y, por lo tanto, convoquen a nuevas selecciones y así ad infinitum? Yo veo un problema esencial aquí: en el mejor de los casos, eso generaría bastante caos y una cantidad enorme de gobiernos interinos que permanecerían y no en el poder hasta que se encuentre - por fin - al candidato "elegible". Entre una cosa y otra, podrían pasar años en la completa inmovilidad dentro de los marcos legales... algo que, en un país como el nuestro, sería más que debastador.
Por otro lado, me llama la atención la visión de todas estas personas al respecto de que el anular el voto es el más radical acto de participación en la democracia. Crean plataformas en Internet, personajes, manifiestos. Sin embargo, en ninguna de éstas veo la intención de realmente cambiar las cosas - involucrarse. Dice la sabiduría popular (muchas veces en boca de Vargas Llosa) que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Esto me queda claro cada vez que escucho hablar de "la clase política". "Es que la clase política es una porquería". "Es que no hay ningún político que represente mis ideas". Es que son ELLOS (esa entidad borrosa) contra NOSOTROS. Supongo que ese NOSOTROS se refiere a los pobres y sufridos ciudadanos que no tienen tiempo para nada más que para trabajar y hacer política de escritorio.
Porque claro, participan en los foros de Internet. Y leen los periódicos, encantados cuando un "líder de opinión" está de su lado en la afirmación que es mejor anular el voto que votar por cualquiera de los partidos actuales. Lo que me llama la atención es que no se sientan parte de la "clase política". Si nadie los representa, ¿no sería entonces lo más lógico que intentaran representarse a si mismos? ¿que salieran con una formación política dentro del marco de la ley para poner en la agenda nacional los temas que les interesan?.
Los últimos días he estado siguiendo las elecciones europeas. Vemos cuáles son los votos para cada partido, pero no vemos cuántos ni cuáles son los votos nulos. ¿Por qué? Porque no son relevantes. Porque quizá, aunque los hayan emitido sus dueños con la plena consciencia de que están en contra de cómo se están llevando las cosas hasta ahora, no cambian nada. No son noticia. Y aunque lo fueran, están dentro de un marco normativo que simple y afortunadamente los van a convertir en una anécdota. No en una modificación o en un momento de inmovilidad.
No hay que olvidar, además, que la gran mayoría de los votos que se van a emitir - los que no están afectados por oleadas de abstencionismo o nulismo - son de personas que tienen una clara identificación por los partidos con representación mayoritaria. Así entonces, el índice de abstencionistas no será capaz de tapar los métodos clientelistas con los que muchos de los partidos actuales mantienen sus puestos en el gobierno o sus registros, en el caso de los pequeños.
Entiendo que quizá es demasiado tarde para actuar de otra manera. Que lo único que aparentemente queda es alzarse desesperados en pos del voto nulo para demostrar que no estamos de acuerdo. Pero lo que hacemos en realidad es perder la oportunidad de diversificar el voto, de dejar más diversificados los cotos del poder actual.
La solución que yo veo es que cuando no nos sentimos representados y estamos convencidos de que todo está mal hecho y no tiene solución, es que tenemos que comprometernos directamente con la opción política. Hacer política en la acción, en la responsabilidad ciudadana de tomar la decisión de ser un candidato o un partido y ofrecer una nueva opción. No hablo de cosas intangibles y lejanas. Entre mi revisión de noticias europeas, descubro que en Suecia el Partido Pirata - cuya plataforma de campaña incluye deshacerse de las leyes de derechos de autor, del sistema de patentes y la vigilancia en Internet - no sólo sigue vivo sino que logró un escaño en el Parlamento Europeo. Quizá no puedan hacer muchas cosas, pero serán una especie de mosquito que revoloteará de un sitio a otro recordando que hay ciudadanos que tienen estas cosas en mente, que quieren una legalidad y un gobierno diferente.
No creo que se valga hacer "vida política" desde el sillón de la casa o desde el café donde nos tomamos una cerveza. El votar nulo para demostrar nuestra superioridad moral contra los partidos actuales tampoco representa una propuesta clara para el cambio. Si la "clase política" no es la que queremos, invadámosla. Hagamos que lo sepan con cartas, reclamos, diálogos - con la creación de nuevos partidos. Seamos propositivos con la creación de nuevas opciones y nuevos instrumentos ciudadanos de presión. El problema del condenado a muerte nunca ha sido que lo suban al cadalso y lo humillen frente a la gente del pueblo. Su problema es que lo maten, que lo saquen de la jugada. Y para eso se necesitan acciones, más que palabras.
Hay que poner en contexto aquí que yo estoy haciendo justo ahora una tesis doctoral en donde busco destripar un mecanismo de educación para la ciudadanía y la participación. Por lo tanto, mi primera opinión al respecto - la más visceral - es de rechazarlo. Pero he oído argumentos que me han hecho pensar muy seriamente.
Según dicen, anular la boleta no es huir de la responsabilidad y el derecho del voto, sino dejarle claro a la clase política que no estamos de acuerdo con el tipo de representantes que tenemos. El resto de la reflexión, hasta donde yo lo he entendido, es que con cada vez más votos nulos tanto los organismos electorales como los partidos y otros ciudadanos entenderán esta falta de satisfacción y algo se modificará.
Ese último "algo" tiene rintintín. ¿Qué exactamente esperan que se modifique? ¿Que las leyes electorales cambien para que si hay un porcentaje X de votos nulos las elecciones sean declaradas en si mismas nulas o poco representativas y, por lo tanto, convoquen a nuevas selecciones y así ad infinitum? Yo veo un problema esencial aquí: en el mejor de los casos, eso generaría bastante caos y una cantidad enorme de gobiernos interinos que permanecerían y no en el poder hasta que se encuentre - por fin - al candidato "elegible". Entre una cosa y otra, podrían pasar años en la completa inmovilidad dentro de los marcos legales... algo que, en un país como el nuestro, sería más que debastador.
Por otro lado, me llama la atención la visión de todas estas personas al respecto de que el anular el voto es el más radical acto de participación en la democracia. Crean plataformas en Internet, personajes, manifiestos. Sin embargo, en ninguna de éstas veo la intención de realmente cambiar las cosas - involucrarse. Dice la sabiduría popular (muchas veces en boca de Vargas Llosa) que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Esto me queda claro cada vez que escucho hablar de "la clase política". "Es que la clase política es una porquería". "Es que no hay ningún político que represente mis ideas". Es que son ELLOS (esa entidad borrosa) contra NOSOTROS. Supongo que ese NOSOTROS se refiere a los pobres y sufridos ciudadanos que no tienen tiempo para nada más que para trabajar y hacer política de escritorio.
Porque claro, participan en los foros de Internet. Y leen los periódicos, encantados cuando un "líder de opinión" está de su lado en la afirmación que es mejor anular el voto que votar por cualquiera de los partidos actuales. Lo que me llama la atención es que no se sientan parte de la "clase política". Si nadie los representa, ¿no sería entonces lo más lógico que intentaran representarse a si mismos? ¿que salieran con una formación política dentro del marco de la ley para poner en la agenda nacional los temas que les interesan?.
Los últimos días he estado siguiendo las elecciones europeas. Vemos cuáles son los votos para cada partido, pero no vemos cuántos ni cuáles son los votos nulos. ¿Por qué? Porque no son relevantes. Porque quizá, aunque los hayan emitido sus dueños con la plena consciencia de que están en contra de cómo se están llevando las cosas hasta ahora, no cambian nada. No son noticia. Y aunque lo fueran, están dentro de un marco normativo que simple y afortunadamente los van a convertir en una anécdota. No en una modificación o en un momento de inmovilidad.
No hay que olvidar, además, que la gran mayoría de los votos que se van a emitir - los que no están afectados por oleadas de abstencionismo o nulismo - son de personas que tienen una clara identificación por los partidos con representación mayoritaria. Así entonces, el índice de abstencionistas no será capaz de tapar los métodos clientelistas con los que muchos de los partidos actuales mantienen sus puestos en el gobierno o sus registros, en el caso de los pequeños.
Entiendo que quizá es demasiado tarde para actuar de otra manera. Que lo único que aparentemente queda es alzarse desesperados en pos del voto nulo para demostrar que no estamos de acuerdo. Pero lo que hacemos en realidad es perder la oportunidad de diversificar el voto, de dejar más diversificados los cotos del poder actual.
La solución que yo veo es que cuando no nos sentimos representados y estamos convencidos de que todo está mal hecho y no tiene solución, es que tenemos que comprometernos directamente con la opción política. Hacer política en la acción, en la responsabilidad ciudadana de tomar la decisión de ser un candidato o un partido y ofrecer una nueva opción. No hablo de cosas intangibles y lejanas. Entre mi revisión de noticias europeas, descubro que en Suecia el Partido Pirata - cuya plataforma de campaña incluye deshacerse de las leyes de derechos de autor, del sistema de patentes y la vigilancia en Internet - no sólo sigue vivo sino que logró un escaño en el Parlamento Europeo. Quizá no puedan hacer muchas cosas, pero serán una especie de mosquito que revoloteará de un sitio a otro recordando que hay ciudadanos que tienen estas cosas en mente, que quieren una legalidad y un gobierno diferente.
No creo que se valga hacer "vida política" desde el sillón de la casa o desde el café donde nos tomamos una cerveza. El votar nulo para demostrar nuestra superioridad moral contra los partidos actuales tampoco representa una propuesta clara para el cambio. Si la "clase política" no es la que queremos, invadámosla. Hagamos que lo sepan con cartas, reclamos, diálogos - con la creación de nuevos partidos. Seamos propositivos con la creación de nuevas opciones y nuevos instrumentos ciudadanos de presión. El problema del condenado a muerte nunca ha sido que lo suban al cadalso y lo humillen frente a la gente del pueblo. Su problema es que lo maten, que lo saquen de la jugada. Y para eso se necesitan acciones, más que palabras.
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