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7.10.11

Gente con futuro / en vez de rostro

No sé si me gustaría decir que sé tanto que en realidad siempre tengo claras mis quinielas para el Nobel de Literatura. A decir verdad, lo que suele sucederme es que la ceremonia y entrega del Nobel tiende a ser una manera para encontrarme con algo que no había visto en ninguna de mis estanterías cercanas.

Me pasó ayer con Transtörmer - miré a muchos amigos quesísabendeliteratura hacer infinitas bromas al respecto del nombre del señor sueco y me quedé un poco parada. En el fondo, siempre me llena de esperanza que también se den premios a los poetas... esos, que parece que sólo los leen aquellos que les conocen.

Inmediatamente comencé a buscar algo de Transtörmer, algo que me dijera quién era y porqué le habían dado el Nobel. Además de Wikipedia, encontré algunas páginas con obra y me topé con esto, que me sobrecogió. Y celebré el Nobel, abiertamente.

Hoja de Libro Nocturno

Una noche de mayo aterricé
en un frío claro de luna
en que la hierba y las flores eran grises
pero el aroma, verde.

Resbalé cuesta arriba
en la noche daltónica
mientras las piedras blancas
señalaban la luna.

Un espaciotiempo
de algunos minutos
cincuenta y ocho años de ancho.

Y tras de mí
más allá de las aguas relucientes cual plomo
estaba la otra costa
y los poderosos.

Gentes con futuro
en vez de rostro.

15.7.11

Murakami, Cerati y yo

El verano está en pleno apogeo en Barcelona. La Universidad se va quedando desierta, los profesores firman actas de fin de curso y los becarios/doctorandos empezamos a hacer planes de cómo lograr - esteveranosí - avanzar un poco más en la tesis. Cómo no distraernos entre un mar de cosas que hacer.

Hay gente a la que le encanta el sol y la playa. Yo, bicho de ciudad, amo la playa pero no al pleno sol del mediodía. Me gusta en las tardes o a primera hora de la mañana. Lo que no me gusta, más bien, es el sol - es a lo que huyo. Así que hace unos días que decidí volver a correr comencé hacerlo alrededor de las ocho de la noche - todavía con un poco de luz, pero no con calor.

Comencemos por el principio: no es posible llamarme corredora. En realidad, no es posible llamarme deportista. Quienes me conocen saben que con excepción de bailar - que me encanta - pocas actividades físicas me parecen entretenidas. Ir al gimnasio es un hábito que he tomado transitoriamente pero acabo abandonando siempre por exceso de trabajo o cualquier cosa.

Y hace unos días, en medio de uno de esas situaciones imposibles que conjugan un mundo de trabajo y un mundo de culpa por el exceso de grasa en el cuerpo, tomé en mis manos el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" de Haruki Murakami. Me lo prestó alguien que ha hecho del ejercicio una forma de vida y de búsqueda de equilibrio. Me costó leer - todo me cuesta últimamente. Pero ahora estoy enganchada. Y no sólo eso: cuando iba por la página 30 tuve de pronto el impulso de salir a correr. De ponerme los zapatos de deporte, ropa cómoda y un acompañamiento musical adecuado y salir.

No es importante el tiempo ni la distancia - lo que es importante es que estoy comenzando a disfrutar los recorridos, aunque los primeros minutos sean una tortura en la que siempre estoy a punto de claudicar. Pero luego todo tiene sentido - mi cuerpo comienza a responder, mi respiración se acompasa y puedo ir a un ritmo consistente, no alto, pero bueno. Y comienzo a concentrarme en la música.

Ayer hubo un rato especialmente difícil por la humedad que había en la ciudad. Sudaba e incluso mi aparato de música lo resentía - se paró en algún momento. Cuando me quedaban un par de minutos para terminar, comenzó a sonar "En la ciudad de la furia", en aquel unplugged de Cerati con Andrea Echeverri. Y me quedé ahí, corriendo, hasta que se terminó la canción, pensando en nada más que en la letra, en la música, en la posibilidad de estar ahí.

Quizá correr sea parte de lo que tengo que aprender para terminar la tesis, la novela o lo que sea. Lo dice de alguna manera Murakami: esa necesidad de constancia, de sentir el cuerpo bien para tener las ideas amueblando adecuadamente la cabeza. No lo sé - lo único que sé es que hoy amanecí con ganas de escribir y hace tanto que no pasaba.

Es muy pronto para anunciarlo pero la tesis, el blog y todo lo pendiente pueden beneficiarse de este correr lento, pausado, pero constante. Veremos si me dura el verano.

30.3.10

Los Malos (un cuento de benevolencia)

A los cuatro años, más o menos, fui a ver La Bella Durmiente. Maléfica me asustó tanto que duré noches y noches y noches sin dormir mal. Creo que ha sido la última vez que realmente una figura malvada me asuste.

Me gustan los malos. Empezando por Cruela de Vil y acabando con Hannibal Lecter. Supongo que me parecen personajes más complejos, más ricos. Supongo que es parte de mi absoluta curiosidad y metichez. Pero me gustan.

La verdad es que también me causa conflicto que me gusten. En específico, durante años me azotó mi culpa judeocristiana cuando me daba cuenta de mi identificación y hasta cierto cariño a personajes como Humbert Humbert en Lolita o al protagonista de The End of Alice, novela introductoria para mí a A.M. Homes. O incluso, en mi postadolescencia, mi enamoramiento absoluto por el malo-malísimo de Patrick Bateman. Libros de malos.

El año pasado fui en París a una exposición que se llamaba El Infierno - la Biblioteca Nacional mostraba todo su material que alguna vez fue prohibido por su contenido de "malas costumbres". Y me acordé de aquello que dicen varios expertos que lo mejor para saber qué leer es buscar los libros prohibidos por las instituciones, como el Index Vaticano.

Y aunque no es la Iglesia, últimamente se ha desatado en Estados Unidos toda una controversia acerca de un libro de Jonathan Littel llamado aquí "Las Benévolas". Básicamente porque el personaje es malo muy malo. Después de leerme todas críticas, decidí comprarme el libro - hace más de un año.

Duré un año para lograr pasar todas y cada una de sus 900 y pico páginas. Ayer que por fin lo terminé llegué a una sola conclusión: no lo vuelvo a hacer. Aunque el personaje es un malo interesante y hace una descripción distinta de la cuestión de los nazis (sobre todo las reflexiones), la altísima cantidad de descripciones escatológicas y la difícil de entender traducción de RBA (que deja en alemán los cargos y muchas cosas relacionadas al ejército alemán) lograron deshacerse minuciosamente de mi paciencia.

Este malo no me cae bien. Es eso.

13.6.09

Mañana de sábado

Durante la semana, todos los días, leo un resumen del NYT. Juiciosamente leo las noticias y, los artículos de fondo que me parecen entretenidos, los voy dejando abierto en una de las ochenta ventanas de mi firefox (ahí, publicidad para mi navegador). Los sábados comienzo a leerlos, uno a uno. El primero que me quedaba pendiente era un review sobre las novedades literarias en términos de "literatura femenina" para el verano americano. No pude terminar de leerlo. En mi cama están la novela de uno de mis mejores amigos y la sorpresa que decidí regalarme esta semana.

Podríamos decir que estoy enferma. A principios de la semana pensé que en realidad era un ataque muy agresivo de alergia. Intenté convencerme de ello, a pesar de que hace semanas que pasó lo peor del polen. Pero parece que es la típica respuesta de mi cuerpo a pasar mucho tiempo en México. Ya pasó el año pasado. Extraño, pero es así.

Y me compré un regalo para distraerme. Para consentirme. Me compré los "Papeles Inesperados" de Cortázar y de pronto, inesperadamente, descubrí más cuentos de cronopios y otras cosas. Como si hace años, cuando comencé a leerlo, me hubiese olvidado de abrir un par de páginas que se habían quedado pegadas. Me lo estoy dosificando, porque tengo cosas tesineras que hacer. Pero ahora más que nunca me llama a tirarme en la cama y pasarme todo el día leyendo, recuperando eas cosas que estaban esperando en algún otro sitio.