26.6.13

La chica que bailaba

Estaba vestida como alguien que viene o va del gimnasio. Llevaba una coleta alta y un fleco que le cubría un poco por debajo de las cejas. Movía la cabeza, constantemente. Pero no por el fleco. Se estaba mirando en el reflejo de una tienda de colchones en algún punto de Avenida Meridiana. De cuando en cuando se llevaba las manos a los auriculares, para escuchar más la música, para enfatizar un movimiento. Intentaba ser discreta, pero quien la mirara con cuidado encontraría los signos de su cuerpo delatándola:  estaba ensayando algo, un baile. No ponía toda la intención, sino que simplemente marcaba en corto cada desplazamiento, cada levantamiento de rodilla, punta, talón.. parecía como que diera pequeñísimos saltos de un sitio a otro. Movimientos diminutos que esperaran agua, espacio, tiempo para crecer.

A veces miraba hacia la avenida, hacia el parabús desde donde yo la observaba. Ella también estaba esperando. Pero aprovechaba el tiempo para mirarse en el reflejo e imaginarse, seguramente, en otro sitio. Bajo el primer sol inclemente de un verano tímido, ella se transportaba a un teatro, un escenario, enfrente a un público.

Y bailaba. Bailaba sin parar.

Entonces llegó su autobús. Y yo decidí irme en el metro - viéndola bailar en mi cabeza.

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