Me levanto temprano a escribir un poco porque sé que hoy el día no dará mucho para concentrarme. Hay que volver a la casa porque viene un proveedor que hizo el trabajo mal y hay que mostrarle los errores. Después quedé de ir a comer y a cenar fuera. Todo el mismo día. Una parte de mí, la responsable, dice que es mejor que nos quedemos dentro y trabajemos. Otra ve que el día será soleado y que necesitamos hablar con gente: así que salgo.
En la casa me subo de nuevo a las escaleras de obra, pero sólo hasta la mitad. No me parece que debería ir hasta arriba. Cómo me costó vestirme hoy para gustarme, para ver a alguien que no he visto en mucho tiempo. Y sigo en la casa hasta que toca irme, y encontrar los trenes retrasados, los mensajes que no se contestan y luego caminar hacia la que fuera mi oficina. Hay cosas que no cambian: y la luz que incide en esos escritorios parece la misma. Yo, sin embargo, igual veo la vida un poco distinta.
La comida gira alrededor de mi mudanza: mis ex-compañeras de trabajo no se lo pueden creer. "Así que por fin vas a venir. ¡Qué bueno!" Y hablamos de sus compañeros y sus hijos y sus jefes y el caos perpetuo que reina en las organizaciones no gubernamentales. Y pensamos cómo serán los próximos meses y cómo podré invitarlas a casa. Caminé por la ciudad y regresé a la que ahora es un poco mía a hablar con mi madre y mi hermano, con video de por medio.
Los dejé porque había sol y eso hay que aprovecharlo - un verano indio, que le llaman. Hicimos cita para comer junto al río y luego ir al cine. Mientras cenábamos y hablábamos, había tantas cosas a nuestro alrededor que no podía concentrarme en una sola. Además de los colores del atardecer, absolutamente descarados, me distrajo también una pareja sentada atrás de nosotros: él esperó casi mediahora y ella llegó después, toda botas vaqueras y cabellera rubia al viento. Después de saludarse con un beso medio a escondidas y cuando había llegado copa de vino espumoso, él sacó algo de su saco, apretándolo. Extendió el puño lleno hacia ella quien hizo un cuenco con sus manos y recibió un brazalete y algo negro. Se puso de inmediato el brazalete y después miró con sorpresa el pedazo de tela negra: era encaje. Lo extendió lo suficiente para reírse y para que antes de apresurarlo dentro de su bolso yo pudiera adivinar una tanga.
Y pensé que nada de lo que viera en el cine podría hacerme sonreír más.
La tesis: fuimos a ver While we're young, de Noah Baumbach. Atención: siguen un par de spoilers. Me dolió, a diferentes niveles. Me acordé de demasiados que no somos tan jóvenes. El personaje de Ben Stiller, haciendo durante diez años su documental perfecto, me dolió como cuando los que somos sensibles al frío mordemos directamente un helado. Con el estómago tocado por el reflejo, llegamos a casa. Y me dije que esto de la tesis, imperfecta o no, ya tiene que acabarse.
11.9.15
7.9.15
Acumulación (75)
Hoy leí un ensayo en Medium que decía que el mito de que uno tiene que acumular 10.000 horas haciendo cualquier cosa para considerarse un experto es solamente eso, un mito. Si acumulas 10.000 horas o te pones la meta de escribir 10.000 palabras cada día lo único que aseguras es que harás cantidad, pero no necesariamente calidad: vamos, que no se trata de hacer las cosas durante todo ese tiempo sino de hacerlas bien.
Hace una semana que no publico en el blog cuando prometí que haría 100 días de ejercicio de escribir todos los días. ¿Resultado? Tengo siete posts a medio terminar por los que tengo que pasar en algún momento. Porque, en el fondo, este es un ejercicio no de saber que escribo mejor o que podría escribir una columna diaria, sino de cumplir con unos mínimos establecidos. Entonces hay que volver a ese blog por día, aunque toque un día de no hacer otra cosa más que escribir blogs... como cuando uno no estudia y le toca todo al último minuto.
La primera cosa que hice esta mañana fue enviarle un email a mi director y decirle que no llegaría con la entrega que tenía para hoy. Que quizá sería para mañana, martes. A las 20:30 de la noche del lunes, creo que tampoco estaré para mañana. Pero algo estará. Algo habré avanzado.
Hoy trabajé, pero en otras cosas: saqué la cabeza de mi hoyo de avestruz que es la tesis para resolver asuntos pendientes de la universidad, de mis ex-clases, mandar cartas de presentación y currícula e incluso para asistir a una reunión de trabajo que me dejó un poco tocada... pero que me demuestra que la vida sigue y que habrá que hacer después del doctorado.
También importante, hoy me puse al día con mi curso "How to Survive your PhD". No, no es broma - es un MOOC de la Australian National University que tiene buenísima pinta... y en el que me reconozco en cada línea. Así que entre el blog, la tesis, la búsqueda de trabajo y el curso, lo que más he disfrutado es una caminata de casi 5 kilómetros (me desvíe de la ruta) donde pude escuchar la radio y pensar que no todo es tan ordenado como debería.
La tesis: en plena segunda parte, traduciendo, encontrando los hilos perdidos. Supongo que es más lento de lo que me gustaría, pero supongo también que en algún momento terminaré. Constaté lo que ya sabía - necesito acostarme tarde y levantarme temprano para trabajar. Soy más efectiva de noche, con siestas intermedias.
Hace una semana que no publico en el blog cuando prometí que haría 100 días de ejercicio de escribir todos los días. ¿Resultado? Tengo siete posts a medio terminar por los que tengo que pasar en algún momento. Porque, en el fondo, este es un ejercicio no de saber que escribo mejor o que podría escribir una columna diaria, sino de cumplir con unos mínimos establecidos. Entonces hay que volver a ese blog por día, aunque toque un día de no hacer otra cosa más que escribir blogs... como cuando uno no estudia y le toca todo al último minuto.
La primera cosa que hice esta mañana fue enviarle un email a mi director y decirle que no llegaría con la entrega que tenía para hoy. Que quizá sería para mañana, martes. A las 20:30 de la noche del lunes, creo que tampoco estaré para mañana. Pero algo estará. Algo habré avanzado.
Hoy trabajé, pero en otras cosas: saqué la cabeza de mi hoyo de avestruz que es la tesis para resolver asuntos pendientes de la universidad, de mis ex-clases, mandar cartas de presentación y currícula e incluso para asistir a una reunión de trabajo que me dejó un poco tocada... pero que me demuestra que la vida sigue y que habrá que hacer después del doctorado.
También importante, hoy me puse al día con mi curso "How to Survive your PhD". No, no es broma - es un MOOC de la Australian National University que tiene buenísima pinta... y en el que me reconozco en cada línea. Así que entre el blog, la tesis, la búsqueda de trabajo y el curso, lo que más he disfrutado es una caminata de casi 5 kilómetros (me desvíe de la ruta) donde pude escuchar la radio y pensar que no todo es tan ordenado como debería.
La tesis: en plena segunda parte, traduciendo, encontrando los hilos perdidos. Supongo que es más lento de lo que me gustaría, pero supongo también que en algún momento terminaré. Constaté lo que ya sabía - necesito acostarme tarde y levantarme temprano para trabajar. Soy más efectiva de noche, con siestas intermedias.
Orden (76)
"¿Avanzaste?", me dijo al llegar y plantarme un beso en la frente. Se había salido un par de horas antes al gimnasio y cuando me sugirió que lo acompañara yo miré el ordenador... la tesis... la bendita tesis que será un excusa que tendré que tirar muy pronto. Después de que él se fue yo me iba a poner a escribir... pero entonces me tocó acomodar la maleta del último viaje, y poner una lavadora, y cambiar de sitio las cosas en la nevera, y leer el diario, y ducharme muy largamente... esas cosas que se hacen en domingo.
El Jefe se reía de mi y decía que sabía con claridad que estaba que no cabía en mi de nervios cuando me ponía a arreglar mi casa. En los momentos más críticos, movía todos los muebles de lugar y desmontaba cosas, tiraba bolsas cosas que me parecían basura en ese momento. Y este domingo era como una versión mínima de eso: necesitaba acomodar cosas físicas para acomodar las cosas en la cabeza.
Cada vez que leo los capítulos en los que estoy trabajando me doy cuenta lo mal estructurados que están y cómo en realidad forman parte de una sola cosa. También me doy cuenta del tiempo que ha pasado y de lo diferente que soy a 2010 cuando comencé esta investigación. Quizá es cierto que uno tiene que pasar mucho tiempo haciendo su doctorado: es la única manera de asegurarse que las cosas caen por su peso.
La tesis: poco he hecho. Mal porque tengo que entregarle algo a mi director el lunes y más pronto que nunca será 30 de septiembre. Pff.
El Jefe se reía de mi y decía que sabía con claridad que estaba que no cabía en mi de nervios cuando me ponía a arreglar mi casa. En los momentos más críticos, movía todos los muebles de lugar y desmontaba cosas, tiraba bolsas cosas que me parecían basura en ese momento. Y este domingo era como una versión mínima de eso: necesitaba acomodar cosas físicas para acomodar las cosas en la cabeza.
Cada vez que leo los capítulos en los que estoy trabajando me doy cuenta lo mal estructurados que están y cómo en realidad forman parte de una sola cosa. También me doy cuenta del tiempo que ha pasado y de lo diferente que soy a 2010 cuando comencé esta investigación. Quizá es cierto que uno tiene que pasar mucho tiempo haciendo su doctorado: es la única manera de asegurarse que las cosas caen por su peso.
La tesis: poco he hecho. Mal porque tengo que entregarle algo a mi director el lunes y más pronto que nunca será 30 de septiembre. Pff.
6.9.15
Feliz cumpleaños por él (77)
Lo increíble de vivir en un país nuevo es que hay muchas, muchas cosas por aprender casi cada día. Todos los rituales que para ti son transparentes en tus espacios aquí son un descubrimiento: como casarse, cumplir años. Hoy él cumpleaños y a la que me felicitan es a mí. Llaman desde ayer sus hermanas y me dicen: "¡felicidades por su cumpleaños!". A él no le gustan, a mi me encantan - y me gusta que soy felicitada porque es como entender que el que él cumpla años y esté feliz también para mi es una fiesta.
De celebración (o anti-celebración) fuimos una boda: en una iglesia, todo muy dulce, muy católico, muy tradicional. Puedo seguir la celebración aún en holandés por todos los años que fui a misa los domingos. Me gustó ver a los novios felices. Me gustó el olor a flores, y velas e incienso. Me gustó - y me sorprendió - volver a ver una cosa que pensé que era inédita: durante la comunión, los sacerdotes piden a los no-católicos que quieran acercarse que lo hagan para recibir una bendición. Como abrir la mesa para todos.
La tesis: hoy no toca. Eso de los sábados que ya habíamos hablado. Pero eso no evita que siga teniendo pesadillas con el deadline por las noches.
De celebración (o anti-celebración) fuimos una boda: en una iglesia, todo muy dulce, muy católico, muy tradicional. Puedo seguir la celebración aún en holandés por todos los años que fui a misa los domingos. Me gustó ver a los novios felices. Me gustó el olor a flores, y velas e incienso. Me gustó - y me sorprendió - volver a ver una cosa que pensé que era inédita: durante la comunión, los sacerdotes piden a los no-católicos que quieran acercarse que lo hagan para recibir una bendición. Como abrir la mesa para todos.
La tesis: hoy no toca. Eso de los sábados que ya habíamos hablado. Pero eso no evita que siga teniendo pesadillas con el deadline por las noches.
5.9.15
Viajes y mentiras (78)
Me levanté a las seis de la mañana para cerrar los pendientes en casa y estar a tiempo en el aeropuerto. Se trataba un poco de hacerlo todo sin pensar, sin saber de qué casa a qué casa iba, sin darle más vueltas a esto de la vida en la maleta. Entonces: ducha, vestirse con ropa de cambio de clima, cerrar pendientes, sacar la basura, bajar los cuatropisosdeescalonesenanosconunamaletade15k, y hacer el viaje en el transporte público, con los demás que comienzan la vida temprano.
Me acordé de Esther que decía que uno de los sonidos que extrañaba de Barcelona era el tuctuctuctuc de las ruedas de las maletas de los turistas en los adoquines. Pero yo aún no soy una turista: soy una trashumante, que es diferente.
En el aeropuerto, solo olvidé comprar el diario. Lo de no trabajar no fue un olvido: fue elegido. Me quedé ahí, estando. A mí, como a algunos cuantos en el mundo, me da por deslizarme por los pasillos aeroportuarios como si fueran los de la casa de un pariente que conoces tan bien como la tuya. Y subir al avión para sentarme en mi asiento de ventanilla... a menos de que alguien se haya sentado ahí y te mire con ojos de pistola cuando le pides que te cambie el asiento.
No sé por qué en un momento dado tuve la necesidad de voltear y decirle a la parejita que me miraba con odio que necesitaba la ventana porque, cuando me daba miedo, tenía que mirar hacia afuera e imaginarme los espacios abiertos. Ahora sé que no sólo estaba mintiendo horriblemente: también estaba plagiando una novela más bien malita que leí hace poco.
El viaje pasó y yo llegué a cambiar no sólo de indumentaria sino también de tarjeta de transporte, llaves, y orientación. El mundo parece diferente con diez grados menos. Pero también aquí se está bien - sin mentiras.
La tesis: ¿que si me acordé de todo lo que dije de que el vuelo entero iba a trabajar? Claro que me acordé. Pero no lo hice.
Me acordé de Esther que decía que uno de los sonidos que extrañaba de Barcelona era el tuctuctuctuc de las ruedas de las maletas de los turistas en los adoquines. Pero yo aún no soy una turista: soy una trashumante, que es diferente.
| Así el cielo, que sí tranquiliza |
En el aeropuerto, solo olvidé comprar el diario. Lo de no trabajar no fue un olvido: fue elegido. Me quedé ahí, estando. A mí, como a algunos cuantos en el mundo, me da por deslizarme por los pasillos aeroportuarios como si fueran los de la casa de un pariente que conoces tan bien como la tuya. Y subir al avión para sentarme en mi asiento de ventanilla... a menos de que alguien se haya sentado ahí y te mire con ojos de pistola cuando le pides que te cambie el asiento.
No sé por qué en un momento dado tuve la necesidad de voltear y decirle a la parejita que me miraba con odio que necesitaba la ventana porque, cuando me daba miedo, tenía que mirar hacia afuera e imaginarme los espacios abiertos. Ahora sé que no sólo estaba mintiendo horriblemente: también estaba plagiando una novela más bien malita que leí hace poco.
El viaje pasó y yo llegué a cambiar no sólo de indumentaria sino también de tarjeta de transporte, llaves, y orientación. El mundo parece diferente con diez grados menos. Pero también aquí se está bien - sin mentiras.
La tesis: ¿que si me acordé de todo lo que dije de que el vuelo entero iba a trabajar? Claro que me acordé. Pero no lo hice.
4.9.15
Pequeños premios (79)
En algún momento leí que mientras estabas en el proceso de la tesis, tenías que hacer pequeñas celebraciones por cada hito. En un momento de histeria, con la fecha de entrega convertida en la más certera espada de Damocles, quizá sea un poco irresponsable. Pero esta mañana cuando por fin casi todo estaba en su sitio - incluso tenía Internet en casa - recibí un mensaje de mi director. "Buen día... ya me leí la primera parte y tengo un diagnóstico y un pronóstico". No exagero si digo que sentí un poco de sudor frío... este temor casi (pero no del todo) irracional al error, al fallo. Y había que llamarle. Y saber de qué se trataba.
El sonido de su voz más o menos me hizo bajar la guarda: sí, está en camino, mucho mejor que lo que había antes. Con esto seguramente saldremos. Hay muchas correcciones que hacer, sería bueno que alguien más lo leyera para tener más perspectiva y corrección de estilo, pero en términos generales va de camino. Y sería bueno que alguien más lo leyera.
Mi respuesta a la llamada fue cerrar el ordenador y bajar a hacer compras, ver a alguien para comer, cortarme el cabello, prepararme para el viaje. Como si fuera a llegar un nuevo momento. Como si esto finalmente tuviera visos de un final.
La tesis: la traducción sigue. Pero parece que la primera parte está semiaprobada.
El sonido de su voz más o menos me hizo bajar la guarda: sí, está en camino, mucho mejor que lo que había antes. Con esto seguramente saldremos. Hay muchas correcciones que hacer, sería bueno que alguien más lo leyera para tener más perspectiva y corrección de estilo, pero en términos generales va de camino. Y sería bueno que alguien más lo leyera.
Mi respuesta a la llamada fue cerrar el ordenador y bajar a hacer compras, ver a alguien para comer, cortarme el cabello, prepararme para el viaje. Como si fuera a llegar un nuevo momento. Como si esto finalmente tuviera visos de un final.
La tesis: la traducción sigue. Pero parece que la primera parte está semiaprobada.
1.9.15
Oídos débiles (82)
Hay dolores que generan un recuerdo pasmosamente claro y desagradable: en mi caso, uno es el dolor de oídos. Puedo claramente sentir cómo palpita dentro de tu cabeza y como nada, ni siquiera un biberón con leche de chocolate (así de jovencito es ese recuerdo) puede liberarte de ello. Así que cuando algo, lo que sea, pasa con mis oídos, tengo la consigna de ir lo más rápido posible al médico.
El lunes, después de desayunar con S y hablar eternamente de mudanzas y remodelaciones (es el tema del año) y luego trabajar en el café hasta que se me acabó el wifi de cortesía, fui a médico. Con todo y susto. A que revisara mis oídos que han estado más bien medio sordos desde que me bajé del último avión.
No está pasando nada: de hecho, mi nuevo médico - lo agrego a la lista de especialistas "en caso de emergencia" me explicó con lujo de detalles que, básicamente, estoy baja de defensas, tengo rinitis y mis oídos se quejan un poco de todos los aviones. Un par de medicamentos y la indicación de regresar en un mes. "¿Usted cree que me deba operar la nariz?", pregunté, antes de irme. Últimamente cada que voy a México uno u otro médico dice que, sin duda, lo que necesito es cambiar mi perfil por otro. "Bueno... si no te gusta tu nariz... pero funcionalmente no haríamos nada haciéndote una cirugía - la desviación que tienes no es tan grave: es solo molesta".
Salí con los oídos igual de tapados, pero más tranquila. Antes de visitarlo, había enviado a mi director las 100 páginas que terminé de corregir a las siete de la mañana. Por un momento, todo es más fácil. "No es tan grave, sólo molesta" la desviación - como la tesis. Y quizá lo de no poder escribir antes es tan metafísico como la explicación que me dió MJ para mi sordera: "A lo mejor lo que pasa es que no quieres oir lo que otros quieren decirte". No sería la primera ni la última vez.
La tesis: pues eso. El director está revisando la primera parte. La segunda está en inglés y es muy rara: es mi parte experimental y me temo que no entenderé cómo la estructuró mi cabeza. A ello.
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