Salía de casa como siempre, atropellándome con el abrigo, la bufanda, los auriculares, la selección de música, los dos mil pensamientos en mi cabeza... A unas veinte casas de la mía, una chica salió también de casa. La ví acomodarse el abrigo, el bolso y cuando comenzó a caminar, escuchamos que alguien silbaba. Ese silbido clásico que se hace para las chicas guapas.
Ella miró hacia arriba y, en el último piso de su edificio, un chico estaba asomado a una ventana pequeña, con cara pícara. La misma sonrisa de él se telegrafío en ella. Ambos besaron la mano - no creo que sincrónicamente, quizá ella inició y él copió el gesto - y sacudieron el beso para que llegara hasta el receptor.
El cerró la ventana con la misma sonrisa pícara. Ella sacudió la cabeza y siguió su camino dando pequeños saltitos, hasta que dejé de verla al cruzar la avenida.
7.3.13
6.3.13
Comandante (21)
Aquejados de un exceso de información, parece que haya pocas cosas hoy por hoy que nos sorprendan. Me sorprende a veces ver gente, o mirarme a mi misma, hojeando el periódico como quien cambia las páginas de un cómic o una historia de ficción... aunque lo que se publica en esas hojas papel revolución o en los sitios web sea más sorprendente que cualquier ficción posible.
Esta mañana, en clase - rala, gracias a la lluvia - hablamos de la muerte del comandante. Mientras nos miraba desafiante desde la portada de todos los diarios, alguien espetó al frente: "Yo es que, la verdad, no sé, no termino de entender por qué tendría que odiarlo... ¿por que se supone que tengo que odiarlo, verdad?"
Miré los dos diarios a mi alrededor - uno supuestamente moderado y otro de derechas. Después lo miré a él y contesté aquel: "uno no está obligado nunca a odiar a nadie". Y me sorprendí, de cómo la gente puede esperar, que le enseñen a quien odiar o no en un aula de universidad.
Esta mañana, en clase - rala, gracias a la lluvia - hablamos de la muerte del comandante. Mientras nos miraba desafiante desde la portada de todos los diarios, alguien espetó al frente: "Yo es que, la verdad, no sé, no termino de entender por qué tendría que odiarlo... ¿por que se supone que tengo que odiarlo, verdad?"
Miré los dos diarios a mi alrededor - uno supuestamente moderado y otro de derechas. Después lo miré a él y contesté aquel: "uno no está obligado nunca a odiar a nadie". Y me sorprendí, de cómo la gente puede esperar, que le enseñen a quien odiar o no en un aula de universidad.
5.3.13
Polaroid (20)
La primera noche que pasamos ahí, no estaba abierto al público. Éramos casi todos, entonces, mucho más jóvenes, me temo. Llevabamos la tarea de probar todos los cócteles que se presentarían en la inauguración una semana después... y bebernos los restos de lo que había quedado del restaurante anterior. Ya habíamos pasado algún día a ayudar o a ver cómo pintaban una pared. A dar ideas. A donar algo. A imaginar, a soñar todos juntos.
Lo maravilloso que es tener amigos a los que sus proyectos les va bien es que te acuerdas, estás ahí para compartirlo. De la primera noche de vida del Polaroid me quedan algunas fotografías que denuncian que yo iba maquillada como si siguiera en mi era dark y el recuerdo clarísimo de mi primera noche detrás de una barra. No sé si mis amigos lo sabían entonces pero me ayudaron ahí a tachar una cosa más en aquella lista eterna de "cosas que hacer antes de que te mueras".
Recién había cumplido los treinta. Parece ayer y parece hace una vida.
Supongo que es un poco así.
Lo maravilloso que es tener amigos a los que sus proyectos les va bien es que te acuerdas, estás ahí para compartirlo. De la primera noche de vida del Polaroid me quedan algunas fotografías que denuncian que yo iba maquillada como si siguiera en mi era dark y el recuerdo clarísimo de mi primera noche detrás de una barra. No sé si mis amigos lo sabían entonces pero me ayudaron ahí a tachar una cosa más en aquella lista eterna de "cosas que hacer antes de que te mueras".
Recién había cumplido los treinta. Parece ayer y parece hace una vida.
Supongo que es un poco así.
4.3.13
Remedios (19)
Cuando el día ha sido demasiado largo, demasiado lleno de vida real, a veces es una buena idea refugiarse en la ficción (o en la realidad) de una sala de cine. Alguien ha entendido en los cines cerca de mi despacho que el día que el cine tiene que ser más barato es el lunes - tiene que tener algo de día bueno cuando el trabajo vuelve a caer sobre tí como una avalancha después del acto de escapismo que orquestraste durante el fin de semana.
Después de correr y comprar tu entrada en la oscuridad, acompañada con un intenso olor a palomitas, todo parece un poco menos real. Hasta parece que tu vida también podría ser un documental donde, contra todos los pronósticos, las cosas salga bien. Una película que, por más absurdo que parece, tiene algo similar a un final agridulce.
También es un remedio para el lunes tener unas horas libres y fingir que es sábado e ir a tomar una cerveza o un té y comportarte, entre las 9 y las 11 de la noche, como si pudieras seguir de fiesta interminablemente.
Todo hasta que uno de tus ojos cede y el párpado cae... y piensas que quizá el mejor remedio para el lunes es que entre en su capullo de noche y se convierta, natural e irremisiblemente, en martes.
Después de correr y comprar tu entrada en la oscuridad, acompañada con un intenso olor a palomitas, todo parece un poco menos real. Hasta parece que tu vida también podría ser un documental donde, contra todos los pronósticos, las cosas salga bien. Una película que, por más absurdo que parece, tiene algo similar a un final agridulce.
También es un remedio para el lunes tener unas horas libres y fingir que es sábado e ir a tomar una cerveza o un té y comportarte, entre las 9 y las 11 de la noche, como si pudieras seguir de fiesta interminablemente.
Todo hasta que uno de tus ojos cede y el párpado cae... y piensas que quizá el mejor remedio para el lunes es que entre en su capullo de noche y se convierta, natural e irremisiblemente, en martes.
3.3.13
Hermes (18)
Quizá sea más cómodo ir en taxi por la vida, pero también es un poco más irreal. Así, cuando llegas en taxi a una sala de concietos en las afueras de Badalona - sala que está absolutamente cerrada aunque las entradas que tienes en tu mano dicen que el concierto comienza a las ocho - te da un poco de miedo. Es la mitad de un polígono y está mal iluminado. La única presencia humana perceptible es un grupo de chicos en un coche, que vomita música punk enfrente de la puerta del local, que han comenzado a beber hace horas.
Tu taxista te mira por el retrovisor y te pregunta si estás seguro que quieres que te deje ahí. Hay algo en su voz que suena a alerta y a desconcierto. Afirmas y él asiente con la cabeza y te dice el costo de llevarte al fin del mundo. Mientras él rebusca sus monedas para darte el cambio, una punzada de precaución te hace que le pidas un teléfono, alguna manera de comunicarte a un sitio de taxis.
Entonces te das cuenta que se llama Hermes - como aquel "dios de transiciones y fronteras", según Wikipedia. Un mensajero de los dioses, un protector, el que lleva a las almas a lo que haya después de la vida.
Sonríes - quizá su nombre sea mejor augurio de lo que te esperas.
Tu taxista te mira por el retrovisor y te pregunta si estás seguro que quieres que te deje ahí. Hay algo en su voz que suena a alerta y a desconcierto. Afirmas y él asiente con la cabeza y te dice el costo de llevarte al fin del mundo. Mientras él rebusca sus monedas para darte el cambio, una punzada de precaución te hace que le pidas un teléfono, alguna manera de comunicarte a un sitio de taxis.
Entonces te das cuenta que se llama Hermes - como aquel "dios de transiciones y fronteras", según Wikipedia. Un mensajero de los dioses, un protector, el que lleva a las almas a lo que haya después de la vida.
Sonríes - quizá su nombre sea mejor augurio de lo que te esperas.
2.3.13
Soundtrack (17)
Ayer, en un concierto, me dí cuenta de cómo ha ido cambiando del soundtrack de mi vida. Hay cosas que quizá ahora me daría un poco de verguenza y sin embargo, me encantan. Para los más conocedores de la música entre mis amigos, reconozco también que mi ipod es terreno vedado: no quiero que me miren con cara de "¿túescuchasestodeverdad?".
Y en el concierto de ayer, de Julieta Venegas, fue como hacer un recorrido por mis últimos quince años. Todas las cosas que han pasado desde entonces, cómo las he encajado, cómo he preferido dejarlas de lado. Y las canciones no sólo eran buenas porque lo fueron en su momento, si no que de pronto me permitían leerlas en clave actual, como si me ofrecieran una respuesta clara a las preguntas que se agolpan ya en mi cabeza, ahora mismo.
En lugar de llevar un dietario (o el blog, que es su versión moderna), quizá deberíamos llevar también un registro de las canciones que nos hicieron el día. Con suerte podríamos incluso descubrir maneras de recuperarnos de las pérdidas, de los cambios.
Es el doble filo del "shuffle" electrónico de nuestras canciones favoritas: nunca sabemos quién sabrá del cajón de los recuerdos en qué momento...
Y en el concierto de ayer, de Julieta Venegas, fue como hacer un recorrido por mis últimos quince años. Todas las cosas que han pasado desde entonces, cómo las he encajado, cómo he preferido dejarlas de lado. Y las canciones no sólo eran buenas porque lo fueron en su momento, si no que de pronto me permitían leerlas en clave actual, como si me ofrecieran una respuesta clara a las preguntas que se agolpan ya en mi cabeza, ahora mismo.
En lugar de llevar un dietario (o el blog, que es su versión moderna), quizá deberíamos llevar también un registro de las canciones que nos hicieron el día. Con suerte podríamos incluso descubrir maneras de recuperarnos de las pérdidas, de los cambios.
Es el doble filo del "shuffle" electrónico de nuestras canciones favoritas: nunca sabemos quién sabrá del cajón de los recuerdos en qué momento...
1.3.13
Un escondite (16)
En esta ciudad en la que cada día hay más personas viviendo en las calles, es menos común ver portales abiertos. Sólo los que tienen un portero o un policía atento, sólo los que llevan a una oficina o un espacio público.
Y eso nos está quitando no sólo lugares para dormir, sino también lugares para el amor. Para esconderse y cuchichear lejos del mundanal ruido.
Yo caminaba Vía Laietana abajo. Hacia frío, hacia viento, hacían muchas ganas de estar en casa envuelta en una manta. Y entonces, al pasar por un portal inusualmente abierto, los ví: tendrían máximo 17 años, quizá menos. Con las mochilas en el suelo, estaban sentados él en el escalón más alto y ella en el primero. Sus chaquetas parecían haberse convertido en una sola. Al estar más abajo, ella volteaba a verle y de alguna manera todo parecía una composición similar a "El Beso" de Klimt, pero con tela de jeans y abrigos sintéticos en lugar de brocados y colores vivos.
Lo mío fue un pasar y husmear un momento su intimidad. Y alcancé a ver sus ojos, que no tenían amplitud de foco para verse más que el uno al otro.
Agradecí que ese portal estuviese abierto, verlos, sentir que a mi también se me quitaba el frío. Y me fui sin detenerme, imaginándome cómo terminaba ese beso.
Y eso nos está quitando no sólo lugares para dormir, sino también lugares para el amor. Para esconderse y cuchichear lejos del mundanal ruido.
Yo caminaba Vía Laietana abajo. Hacia frío, hacia viento, hacían muchas ganas de estar en casa envuelta en una manta. Y entonces, al pasar por un portal inusualmente abierto, los ví: tendrían máximo 17 años, quizá menos. Con las mochilas en el suelo, estaban sentados él en el escalón más alto y ella en el primero. Sus chaquetas parecían haberse convertido en una sola. Al estar más abajo, ella volteaba a verle y de alguna manera todo parecía una composición similar a "El Beso" de Klimt, pero con tela de jeans y abrigos sintéticos en lugar de brocados y colores vivos.
Lo mío fue un pasar y husmear un momento su intimidad. Y alcancé a ver sus ojos, que no tenían amplitud de foco para verse más que el uno al otro.
Agradecí que ese portal estuviese abierto, verlos, sentir que a mi también se me quitaba el frío. Y me fui sin detenerme, imaginándome cómo terminaba ese beso.
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