Ayer, mientras comía en un restaurante tailandés, escuché a una inglesa declarar que las “mujeres con muslos amplios son más inteligentes”. No sé cómo terminó el asunto, porque se fueron. Pero era muy curioso oír eso de la boca de una mujer digamos, grandota.
En la noche, mientras esperaba el autobús en el frío inclemente (cómo me gusta quejarme, caray), llegaron un par de chicos vestidos de chicas. No sé cómo llamarlos de forma políticamente correcta. Pero eran bellísimos. Como chicas. Y con unos muslos súper chicos. Yo espero que sean inteligentes, aún así. Por lo menos en lo que a inteligencia masculina se refiere.
9.1.08
4.1.08
Calzado
Hace años, en México, el Palacio de Hierro (una tienda departamental) tenía una línea buena en su campaña. Decía algo así como "porque un psicoanalista nunca entenderá el poder curativo de un vestido nuevo".
Hoy, en las calles de Barcelona, ví las bolsas de la zapatería Vermont y quise erigirles un monumento. Literalmente, rezan: "Dichosa la mañana en que aparezcan tus hermosos zapatos debajo de mi cama".
Chapeu.
Hoy, en las calles de Barcelona, ví las bolsas de la zapatería Vermont y quise erigirles un monumento. Literalmente, rezan: "Dichosa la mañana en que aparezcan tus hermosos zapatos debajo de mi cama".
Chapeu.
Soundtrack político
Hoy, los periódicos del mundo relatan cómo Obama ganó en Iowa. Y cómo Hillary no se rinde. Y yo no puedo dejar de acordarme de la canción de Morrissey - America is not the World - que desafortunadamente no está en Youtube.
¿Qué será más crítico? ¿Romper el paradigma del sexo, el color de la piel o la orientación sexual? Ni sé. Pero me gusta poder preguntármelo.
In America
The land of the Free, they said
And of Opportunity
In a just and a truthful way
But where the President
Is never black, female or gay
And until that day
You’ve got nothing to say to me
To help me believe
In America
¿Qué será más crítico? ¿Romper el paradigma del sexo, el color de la piel o la orientación sexual? Ni sé. Pero me gusta poder preguntármelo.
Declaración de principios
Si he robado - o pedido prestadas - frases a tantos, por qué no pedírselas también a Sabina.
Recomenzar es como volver a nacer. A ver si es cierto.
Este adiós no maquilla un hasta luego
este nunca no esconde un ojalá
estas cenizas no juegan con fuego
este ciego no mira para atrás
este notario firma lo que escribo
esta letra no la protestaré
ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después
a este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitir que taladre un corazón podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos ya no lloran más por ti.
Recomenzar es como volver a nacer. A ver si es cierto.
2.1.08
Back in black
Como canción de Amy Winehouse llego a una casa que me parece insoportablemente limpia, aséptica, ajena. Están sus cosas aún en el clóset. En la mesa del comedor, un par de libros que quería yo desde hace años. Y la culpa, toda la culpa en las paredes. Todavía siento el movimiento del avión en el que crucé el Atlántico. Tengo una maleta perdida. Una carta del ministerio de educación que dice que quieren OTRO documento para el trámite de homologación de mi título. Y unas ganas de llorar, salir corriendo, y entrar a la casa en Guadalajara, en Vallarta, a un VIPS en el DF. Seguro es la falta del sueño. O el jetlag. O la cruda moral de empezar un año nuevo.
Lo raro es que algo me dice que será mejor. Que tiene que ser mejor. Quizá sea el estúpido optimismo que de vez en cuando se apodera de mí. O la necesidad de creer en los reyes magos. O la esperanza de otro vuelo que me lleve a cualquier otro lado. You should be stronger than me, suena. Retumba en mis oídos. Quizá debo irme a dormir.
Lo raro es que algo me dice que será mejor. Que tiene que ser mejor. Quizá sea el estúpido optimismo que de vez en cuando se apodera de mí. O la necesidad de creer en los reyes magos. O la esperanza de otro vuelo que me lleve a cualquier otro lado. You should be stronger than me, suena. Retumba en mis oídos. Quizá debo irme a dormir.
16.12.07
El extraño estado de las comunicaciones, parte II
Estoy sentada en una camioneta. Voy camino al WTC de la ciudad de México desde el aeropuerto de Toluca. El vehículo tiene un receptor de internet inalámbrico que me permite escribir desde mi computadora. La modernidad.
Descubrí justo que la aerolínea cobró dos veces mi boleto de avión y no quieren, bajo ninguna circunstancia, devolverme el dinero. Creo que ni siquiera podré arreglar un cambio de ruta o de nombre. La más grande mentira de las low cost.
Han pasado tantas cosas en los últimos días me cuesta ordenar mi cabeza. Ayer, por ejemplo, me reuni después de más de ocho años con un grupo de los que eran mis mejores amigos en la prepa. A casi todos los había visto con cierta frecuencia. Pero nunca antes habíamos vuelto a estar juntos. Ahora todos tenemos una casa fuera de la de nuestros padres. Pero lo que realmente me hizo darme cuenta cómo hemos cambiado fue el menú. Hace diez años seguramente hubiéramos pedido unas pizzas. Ayer, uno de ellos, médico homeópata, preparó una cena vegetariana. Tomamos vino tinto y tequila, buenos ambos, no los más baratos que podíamos alcanzar. Hablamos de todo al mismo tiempo. De los profesores, de las experiencias exóticas - una visita a la morgue "a ver la muerte" cortesía de nuestra profesora de filosofía -, de la vida, de los amores. Descubrimos que C, una de mis mejores amigas, y yo, somos unas amargositas. Y estuvimos despotricando contra las relaciones aún enfrente de la flamante novia del único que está actualmente emparejados.
No queríamos que se nos acabara la noche. Juan nos llevó a las dos a casa y duramos otra hora platicando fuera de la casa de mi abuela, pasando del tráfico de la ciudad, a la ropa, a los adolescentes.
Es bueno volver a casa. Es más bueno cuando ves a tu gente. Es aún más bueno cuando sabes que es momentáneo.
Descubrí justo que la aerolínea cobró dos veces mi boleto de avión y no quieren, bajo ninguna circunstancia, devolverme el dinero. Creo que ni siquiera podré arreglar un cambio de ruta o de nombre. La más grande mentira de las low cost.
Han pasado tantas cosas en los últimos días me cuesta ordenar mi cabeza. Ayer, por ejemplo, me reuni después de más de ocho años con un grupo de los que eran mis mejores amigos en la prepa. A casi todos los había visto con cierta frecuencia. Pero nunca antes habíamos vuelto a estar juntos. Ahora todos tenemos una casa fuera de la de nuestros padres. Pero lo que realmente me hizo darme cuenta cómo hemos cambiado fue el menú. Hace diez años seguramente hubiéramos pedido unas pizzas. Ayer, uno de ellos, médico homeópata, preparó una cena vegetariana. Tomamos vino tinto y tequila, buenos ambos, no los más baratos que podíamos alcanzar. Hablamos de todo al mismo tiempo. De los profesores, de las experiencias exóticas - una visita a la morgue "a ver la muerte" cortesía de nuestra profesora de filosofía -, de la vida, de los amores. Descubrimos que C, una de mis mejores amigas, y yo, somos unas amargositas. Y estuvimos despotricando contra las relaciones aún enfrente de la flamante novia del único que está actualmente emparejados.
No queríamos que se nos acabara la noche. Juan nos llevó a las dos a casa y duramos otra hora platicando fuera de la casa de mi abuela, pasando del tráfico de la ciudad, a la ropa, a los adolescentes.
Es bueno volver a casa. Es más bueno cuando ves a tu gente. Es aún más bueno cuando sabes que es momentáneo.
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