10.9.03

Cosas raras

Hoy pasaron puras cosas raras. En primer lugar, mi día laboral fue realmente productivo - por lo menos bajo mis estándares. Entonces estoy aquí, una hora después de mi momento de salida, escribiendo el cierre del día. Cosas.

Tomé la ruta más rara de mi casa al trabajo. Hice 1 hora y 45 minutos en llegar y no estaba de pésimo humor cuando por fin alcancé el elevador y pasé mi grillete electrónico por la puerta.

Dos hombres que quiero mucho me pidieron consejo sentimental. Me sentí en mis mejores épocas de psicoanalista de bolsillo. Espero haberlos ayudado. O por lo menos no confundirlos más.

Un hombre que quiero mucho lloró enfrente de mí. No me parece bueno: me parece profundamente valiente llorar y dejarse abrazar a pesar de los estúpidos estándares sexistas.

Me levanté un poco arrepentida, pero cierta, de que si uno quiere robarse la luna es por una buena razón. Quizá sea envidiosa, pero prefiero tener mis pequeños amuletos a la mano que arriesgar mi bienestar por la felicidad de los otros. Ya encontrarán otro satélite que refleje la luz.

Hoy volví a imaginarme de pelo muy cano, en unos 40 años. Y él estaba ahí, mirándome. Besándome la frente. Me sentí feliz al reconocer que aún sé lo que entonces sabía.

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