Pequeña presunción
La semana pasada mucha gente me dio hermosas pistas de cosas que ver en San Francisco de las cuales yo no tenía ni idea. Por esto: ¿Alguien tiene una sugerencia puntual para ver en Nueva York? Ya lo sé, toda la ciudad. ¿Algo más? ¿Algo en concreto?
25.9.03
23.9.03
Para M., en un día confuso
Querida mía
no te sorprendas al ver tus ojos
- esos sauces de tu cara -
empapados de la recurrente partida de las mariposas
hay flores que despiertan en tu balcón
aunque tú no las hayas llamado
no puedes guardarlas, ni dormirlas
(sería como encerrar la lluvia en una pecera de colores)
pero las pequeñas hormigas que llevan el tiempo hasta tu almohada
sabrán detenerse al descubrir la niebla que dejas
después de cada madrugada
no vendrá otro predador a fincar su reino en tus campos
no lo dejarás pasar
levanta tu cara y deja que tus pestañas bailen con la brisa:
el regalo del atardecer es corto pero no le temes
hace años que raptaste al sol para llevarlo en la cabeza
y no habrá más cuervos que puedan alejarlo de ti.
Querida mía
no te sorprendas al ver tus ojos
- esos sauces de tu cara -
empapados de la recurrente partida de las mariposas
hay flores que despiertan en tu balcón
aunque tú no las hayas llamado
no puedes guardarlas, ni dormirlas
(sería como encerrar la lluvia en una pecera de colores)
pero las pequeñas hormigas que llevan el tiempo hasta tu almohada
sabrán detenerse al descubrir la niebla que dejas
después de cada madrugada
no vendrá otro predador a fincar su reino en tus campos
no lo dejarás pasar
levanta tu cara y deja que tus pestañas bailen con la brisa:
el regalo del atardecer es corto pero no le temes
hace años que raptaste al sol para llevarlo en la cabeza
y no habrá más cuervos que puedan alejarlo de ti.
Para esos ingenuos...
...que pensaban que la guerra ya se había acabado. Reporta el NYT que hoy 22 de septiembre explotó otra bomba frente a las oficinas de la ONU en Bagdad.
Kofi Annan dijo la semana pasada que la anterior explosión había "acabado con la inocencia" de la organización. ¿Será que, por fin, esta acabará con su pasividad?
...que pensaban que la guerra ya se había acabado. Reporta el NYT que hoy 22 de septiembre explotó otra bomba frente a las oficinas de la ONU en Bagdad.
Kofi Annan dijo la semana pasada que la anterior explosión había "acabado con la inocencia" de la organización. ¿Será que, por fin, esta acabará con su pasividad?
22.9.03
Y pensar que todo es culpa de Leonardo (da Vinci, dicen)
Los lunes comienzan con flojerita. Yo, que fuí atacada durante el fin de semana por una horda de mosquitos, no puedo concentrarme a causa de la comezón. Esta mañana decidí salir de mi casa con unos muy cómodos zapatos blancos de piso, en contra de todas las reglas no escritas que dicen que uno debe ir muy mono (traducir esto a falda o medias o zapatos sexies) a la oficina.
Lo lindo es que este artículo de opinión del NYT me da toda la razón. Los zapatos altos son crueles y no aptos para la agitada vida de ciudad.
("Ajá" - dice mi conciencia con voz reprobatoria -, "otra vez buscando razones para justificar ampliamente tus fachas. Que te crea tu mamá")
Los lunes comienzan con flojerita. Yo, que fuí atacada durante el fin de semana por una horda de mosquitos, no puedo concentrarme a causa de la comezón. Esta mañana decidí salir de mi casa con unos muy cómodos zapatos blancos de piso, en contra de todas las reglas no escritas que dicen que uno debe ir muy mono (traducir esto a falda o medias o zapatos sexies) a la oficina.
Lo lindo es que este artículo de opinión del NYT me da toda la razón. Los zapatos altos son crueles y no aptos para la agitada vida de ciudad.
("Ajá" - dice mi conciencia con voz reprobatoria -, "otra vez buscando razones para justificar ampliamente tus fachas. Que te crea tu mamá")
19.9.03
El autodestierro (I)
De cuando en cuando - lo más frecuentemente posible - me gusta salir de esta ciudad y reconocer otras. La semana pasada convencí al Duque y después de una serie de peripecias que incluyeron una gran mentira piadosa, tomamos un avión con destino final a San Francisco, CA.
Era un día difícil. Tuve mis temores de viajar en 11 de septiembre, por aquello de la histeria y los aviones estrellados. Pero todo fue más tranquilo de lo esperado. En realidad, por lo menos en el aeropuerto de México, el único problema nos lo ocasionó un oficial mexicano de migración, que se negaba a darme una forma de salida e ingreso al país porque "esa es nada más para mexicanos". Tuve que enseñarle mi pasaporte para que soltara el famoso papelito. Lo que me puso más nerviosa fue pensar que, si no me hago entender en español, ¿cómo espero poder hacerlo en inglés?
Subimos al avión después de la revisión de rutina. La mujer en el mostrador nos dijo que nos iba a dar asientos juntos, pero no nos advirtió que para que esto sucediera nos tenía que mandar a la última fila (esa en la que los asientos no se reclinan y, en los aviones viejitos, se sentía una intensa vibración).
Total, comenzó el vuelo. Los pasajeros eran de lo más variopinto. Alrededor de nosotros, chicanos, un businessman gringo y dos chicas disfrazadas de Frida Kahlo que no hablaban español. El vuelo comenzó más o menos bien, con excepción de que pasamos por una zona de muchísima turbulencia. Después, Jim Carrey y su a veces insoportable All-mighty hicieron su aparición en las pantallitas de televisión.
Todo iba bien. Todavía nos sentíamos un poco nerviosos por la huida y en ese momento ya nos había pegado el cansancio y el hambre. Las azafatas salieron con sus carritos que olían - raro en comida de avión - muy, muy bien... y caminaron hasta el principio del avión. Entre que la aeronave era larga, estaban sirviendo comida caliente con opciones (¿pollo, burrito, carne, vegetariano?) y que el avión estaba lleno de gente problemática, se tardaron una verdadera eternidad. La película se terminó y no nos habían servido de cenar. Comenzábamos a ponernos nerviosos.
Las personas cercanas a nosotros se pusieron pesadas. Las Fridas pelearon a la azafata porque ya no tenía alimentos vegetarianos y "low fat". El businessmen nada más les hizo caras. Cuando llegaron con nosotros ya solamente tenían carne. Nos la ofrecieron como disculpándose. Nosotros moríamos de hambre. No sabemos que tan buena era en realidad, pero nos supo a cielo y estuvimos a punto de besarlas de la emoción.
Luego, las bebidas. Ocúrreseme pedir vino tinto. Sí, por supuesto. La chica se agacha para buscar en el fondo de su carrito y se para con cara de congoja. "Es que ya no hay. Pero seguro guardado. Espérenme". Ni tiempo nos dió de decirle que no era importante, que una Coca Cola sería suficiente. Ella viajó por todo el avión regresando una y otra vez a pedirnos disculpas hasta que regresó con dos vasos servidos: "es que el vino que servimos en Primera no viene en botellas individuales".
(La verdad a mí me dió un poco la decepción. Tenía la negra intención de beberme sólo una de las dos botellitas que te dan y guardar la otra. Lo siento... mis instintos de roedor...)
Nos tomamos nuestro tiempo para cenar mientras ellas recorrían otra vez el avión recogiendo basura. Constantemente regresaban a preguntarnos si necesitábamos algo, en un estilo de atención que yo sólo conocí cuando por error me dieron un boleto en primera. A media cena, una de las chicas llegó con dos botellitas (yupi) y nos las dió. El vuelo siguió sin contratiempos.
Casi al llegar a Los Angeles (vuelo con conexión), la jefa de azafatas se acercó a nosotros. Traía una bolsa de plástico blanca en las manos. Se la extendió al Duque y le dijo: "Muchas, muchas gracias. Es de parte de todas nosotras, porque han sido la pareja más dulce que hemos atendido en el día". En la bolsa había una botella de vino chileno. El Duque me miró iluminado, sonriente. Era un buen augurio.
El paso por el aeropuerto de Los Angeles fue relativamente rápido. El oficial de migración se hizo loco con mis papeles cinco minutos, pero al final me dejó pasar. Salimos a la calle. Teníamos que tomar un camioncito para cambiar de terminal. Nos subimos a uno en el que la mujer que conducía decidió no parar en la terminal a la que teníamos que ir, por lo que le dimos dos vueltas completas al circuito. Muy extraño, en realidad.
El viaje entre Los Ángeles - San Francisco transcurrió sin problemas. El piloto golpeó un pedazo de metal que estaba en la pista antes de despegar, pero sólo nos retrasamos diez minutos. Otra vez nos habían sentado en la última fila, pero ya teníamos demasiado sueño, así que medio nos morimos. Al final, cuando aterrizamos, tuve mi único recordatorio del 11/09 de dos años atrás. La jefa de azafatas (otra) tomó el micrófono y dijo: "Hoy, más que cualquier día, el capitán y todo el equipo les agradecemos que hayan volado con nosotros en United. Esperamos que nuestros compañeros estén en otros cielos amistosos". En realidad, fue un poco triste. Su voz se quebró. Supongo que debe ser duro.
Al llegar a SFO el aeropuerto estaba desierto. Tratamos de buscar un camioncito para que fuera menos caro el transporte al centro de la ciudad, donde estaba nuestro hotel, pero fue inútil. Un hombre con apariencia de Dr. Zhivago se acercó y preguntó si queríamos un taxi. Dijimos que sí. Nos subió a su enorme automóvil color arena y arrancó, se comió la distancia a más de 80 millas por hora.
Al dar una vuelta, pudimos ver el skyline de la ciudad. Como en sincronía, el radio cambió de canción y comenzó Take Five, de Brubeck, una de las canciones favoritas del Duque. Otra vez brilló: esos augurios son felices.
Finalmente llegamos al hotel: una construcción de inicios del siglo pasado, en el corazón del distrito teatral, en la esquina de Geary y Taylor. Descendimos del auto y el Duque le preguntó al conductor su nombre: por supuesto, se llamaba Omar (lo de Shariff ya no lo confirmamos... creo que nos hubiera dado miedito).
Nos registramos y subimos a morirnos a una habitación pequeñita pero suntuosa, que tenía un armario de madera pesada y una cama con dosel. Una ventana que daba a un callejón que daba a la calle Taylor. En la esquina del callejón y Taylor, una casa de masajes con decenas de foquitos rojos llamada "Les nuits de Paris". Aunque parezca extraño, algo en eso me ayudó a dormir mejor.
De cuando en cuando - lo más frecuentemente posible - me gusta salir de esta ciudad y reconocer otras. La semana pasada convencí al Duque y después de una serie de peripecias que incluyeron una gran mentira piadosa, tomamos un avión con destino final a San Francisco, CA.
Era un día difícil. Tuve mis temores de viajar en 11 de septiembre, por aquello de la histeria y los aviones estrellados. Pero todo fue más tranquilo de lo esperado. En realidad, por lo menos en el aeropuerto de México, el único problema nos lo ocasionó un oficial mexicano de migración, que se negaba a darme una forma de salida e ingreso al país porque "esa es nada más para mexicanos". Tuve que enseñarle mi pasaporte para que soltara el famoso papelito. Lo que me puso más nerviosa fue pensar que, si no me hago entender en español, ¿cómo espero poder hacerlo en inglés?
Subimos al avión después de la revisión de rutina. La mujer en el mostrador nos dijo que nos iba a dar asientos juntos, pero no nos advirtió que para que esto sucediera nos tenía que mandar a la última fila (esa en la que los asientos no se reclinan y, en los aviones viejitos, se sentía una intensa vibración).
Total, comenzó el vuelo. Los pasajeros eran de lo más variopinto. Alrededor de nosotros, chicanos, un businessman gringo y dos chicas disfrazadas de Frida Kahlo que no hablaban español. El vuelo comenzó más o menos bien, con excepción de que pasamos por una zona de muchísima turbulencia. Después, Jim Carrey y su a veces insoportable All-mighty hicieron su aparición en las pantallitas de televisión.
Todo iba bien. Todavía nos sentíamos un poco nerviosos por la huida y en ese momento ya nos había pegado el cansancio y el hambre. Las azafatas salieron con sus carritos que olían - raro en comida de avión - muy, muy bien... y caminaron hasta el principio del avión. Entre que la aeronave era larga, estaban sirviendo comida caliente con opciones (¿pollo, burrito, carne, vegetariano?) y que el avión estaba lleno de gente problemática, se tardaron una verdadera eternidad. La película se terminó y no nos habían servido de cenar. Comenzábamos a ponernos nerviosos.
Las personas cercanas a nosotros se pusieron pesadas. Las Fridas pelearon a la azafata porque ya no tenía alimentos vegetarianos y "low fat". El businessmen nada más les hizo caras. Cuando llegaron con nosotros ya solamente tenían carne. Nos la ofrecieron como disculpándose. Nosotros moríamos de hambre. No sabemos que tan buena era en realidad, pero nos supo a cielo y estuvimos a punto de besarlas de la emoción.
Luego, las bebidas. Ocúrreseme pedir vino tinto. Sí, por supuesto. La chica se agacha para buscar en el fondo de su carrito y se para con cara de congoja. "Es que ya no hay. Pero seguro guardado. Espérenme". Ni tiempo nos dió de decirle que no era importante, que una Coca Cola sería suficiente. Ella viajó por todo el avión regresando una y otra vez a pedirnos disculpas hasta que regresó con dos vasos servidos: "es que el vino que servimos en Primera no viene en botellas individuales".
(La verdad a mí me dió un poco la decepción. Tenía la negra intención de beberme sólo una de las dos botellitas que te dan y guardar la otra. Lo siento... mis instintos de roedor...)
Nos tomamos nuestro tiempo para cenar mientras ellas recorrían otra vez el avión recogiendo basura. Constantemente regresaban a preguntarnos si necesitábamos algo, en un estilo de atención que yo sólo conocí cuando por error me dieron un boleto en primera. A media cena, una de las chicas llegó con dos botellitas (yupi) y nos las dió. El vuelo siguió sin contratiempos.
Casi al llegar a Los Angeles (vuelo con conexión), la jefa de azafatas se acercó a nosotros. Traía una bolsa de plástico blanca en las manos. Se la extendió al Duque y le dijo: "Muchas, muchas gracias. Es de parte de todas nosotras, porque han sido la pareja más dulce que hemos atendido en el día". En la bolsa había una botella de vino chileno. El Duque me miró iluminado, sonriente. Era un buen augurio.
El paso por el aeropuerto de Los Angeles fue relativamente rápido. El oficial de migración se hizo loco con mis papeles cinco minutos, pero al final me dejó pasar. Salimos a la calle. Teníamos que tomar un camioncito para cambiar de terminal. Nos subimos a uno en el que la mujer que conducía decidió no parar en la terminal a la que teníamos que ir, por lo que le dimos dos vueltas completas al circuito. Muy extraño, en realidad.
El viaje entre Los Ángeles - San Francisco transcurrió sin problemas. El piloto golpeó un pedazo de metal que estaba en la pista antes de despegar, pero sólo nos retrasamos diez minutos. Otra vez nos habían sentado en la última fila, pero ya teníamos demasiado sueño, así que medio nos morimos. Al final, cuando aterrizamos, tuve mi único recordatorio del 11/09 de dos años atrás. La jefa de azafatas (otra) tomó el micrófono y dijo: "Hoy, más que cualquier día, el capitán y todo el equipo les agradecemos que hayan volado con nosotros en United. Esperamos que nuestros compañeros estén en otros cielos amistosos". En realidad, fue un poco triste. Su voz se quebró. Supongo que debe ser duro.
Al llegar a SFO el aeropuerto estaba desierto. Tratamos de buscar un camioncito para que fuera menos caro el transporte al centro de la ciudad, donde estaba nuestro hotel, pero fue inútil. Un hombre con apariencia de Dr. Zhivago se acercó y preguntó si queríamos un taxi. Dijimos que sí. Nos subió a su enorme automóvil color arena y arrancó, se comió la distancia a más de 80 millas por hora.
Al dar una vuelta, pudimos ver el skyline de la ciudad. Como en sincronía, el radio cambió de canción y comenzó Take Five, de Brubeck, una de las canciones favoritas del Duque. Otra vez brilló: esos augurios son felices.
Finalmente llegamos al hotel: una construcción de inicios del siglo pasado, en el corazón del distrito teatral, en la esquina de Geary y Taylor. Descendimos del auto y el Duque le preguntó al conductor su nombre: por supuesto, se llamaba Omar (lo de Shariff ya no lo confirmamos... creo que nos hubiera dado miedito).
Nos registramos y subimos a morirnos a una habitación pequeñita pero suntuosa, que tenía un armario de madera pesada y una cama con dosel. Una ventana que daba a un callejón que daba a la calle Taylor. En la esquina del callejón y Taylor, una casa de masajes con decenas de foquitos rojos llamada "Les nuits de Paris". Aunque parezca extraño, algo en eso me ayudó a dormir mejor.
18.9.03
Escarabajos (y otros bichos) sin caparazón
El Mundo - literalmente el diario español El Mundo - muestra una nota escandalizante sobre la última locura de misses beatle Yoko Ono, quien decidió desnudarse en una obra de teatro para pedir la paz. ¿Cuál es la necesidad, pregunto yo? ¿Para qué se anda desnudando la viejita pidiendo la paz out of love y atentando así contra el buen gusto de los expuestos a los medios (ni hablar con los pobres que estaban en el teatro... qué impresión...)? Caramba, de que a la gente le gusta el show business, ni cómo quitarle el mal hábito.
Por si no fuera suficiente desnudez relativa a los liverpoolosos, hoy se anuncia que en noviembre saldrá a la venta un nuevo disco - de los también conocidos como refritos - cuyo nombre podría traducirse, con un poco de desobligación, como "déjalo andar... en pelotas" y que al final de cuentas se llamará "Let it be... naked". Que ahora sí como se oían en el estudio, sin más arreglos que su genio musical natural. Wórale, como diría Fiesquito. Si les interesa el más nuevo producto de la mercadotecnia musical post-mortem, aquí más referencias.
El Mundo - literalmente el diario español El Mundo - muestra una nota escandalizante sobre la última locura de misses beatle Yoko Ono, quien decidió desnudarse en una obra de teatro para pedir la paz. ¿Cuál es la necesidad, pregunto yo? ¿Para qué se anda desnudando la viejita pidiendo la paz out of love y atentando así contra el buen gusto de los expuestos a los medios (ni hablar con los pobres que estaban en el teatro... qué impresión...)? Caramba, de que a la gente le gusta el show business, ni cómo quitarle el mal hábito.
Por si no fuera suficiente desnudez relativa a los liverpoolosos, hoy se anuncia que en noviembre saldrá a la venta un nuevo disco - de los también conocidos como refritos - cuyo nombre podría traducirse, con un poco de desobligación, como "déjalo andar... en pelotas" y que al final de cuentas se llamará "Let it be... naked". Que ahora sí como se oían en el estudio, sin más arreglos que su genio musical natural. Wórale, como diría Fiesquito. Si les interesa el más nuevo producto de la mercadotecnia musical post-mortem, aquí más referencias.
Soy de lo peor
De lo peorcito. Malo, malo, malérrimo. Hoy de pronto me acuerdo - tarde, como siempre - que dos personas muy importantes para mi vida cumplieron años. Cumplieron. En el tiempo pasado.
Primero el amigo Alberto, quien la semana pasada se hizo un poquitito más sabio por tener más años. Pero bueno, eso no cuenta, porque él siempre es sabio y siempre es amigo. Y se le quiere tanto. Y lo sabe.
Luego mi querido Shorsh, que ayer llegó a la dorada edad de los 24 años. Creo que difícilmente se conoce a gente con tanta pasión como él. Lo quiero y estoy tan orgullosa como si fuera mi hermano... porque pensándolo bien, sí lo es. Este blog se une a los abrazos blogísticos de los cuales ya había dado cuenta el Jameslog.
El tercer cumpleaños - del que sí me acordé a tiempo gracias a Carlitos Loret de Mola - hum - es el de la XEW, que se celebra hoy 18 de septiembre (73 añotes). Yo estoy convencida de que la radio es la mejor caja de magia que puede existir en el mundo moderno.
Una de mis anécdotas preferidas sobre la radiodifusión me la contó mi papá. Dice que cuando tenía como 17 años, fue con sus hermanos y sus primos al rancho de mi bisabuelo, a las faldas del volcán de Colima. En la casa estaba una señora, que se encargaba de hacer el aseo y la comida. Desde temprano se levantaron todos los chamacos (diría el Mago Septién) y prendieron un radio de transistores en lo que se desayunaban. Al terminar, agarraron los caballos y se fueron hacia el monte. Serían aproximadamente las 7:30 de la mañana cuando salieron.
Después del recorrido, regresaron para comer, a eso de las tres de la tarde. Mientras se acercaban, veían a la distancia a la mujer barriendo la terraza y acercándose una y otra vez a la radio. Parecía como que le hablaba. Una vez que los vió venir, dejó de acercarse al radio y se metió a la cocina para preparar la mesa. Llegaron, se lavaron y mi papá se acercó al radio para apagarlo. Cuando la mujer salió con los platos de sopa y observó a mi padre apagar el aparato, suspiró ruidosamente y con mucho alivio. Dejó los platos en la mesa, se quitó el cabello de la cara con su mano rugosa y le dijo a mi padre:
- Ay, joven. Qué bueno ya los calló. Esos pobres... tienen desde tempranito cante y cante y, por más que les insistí, no quisieron irse ni siquiera a almorzar. Seguro ya estaban rete cansados.
De lo peorcito. Malo, malo, malérrimo. Hoy de pronto me acuerdo - tarde, como siempre - que dos personas muy importantes para mi vida cumplieron años. Cumplieron. En el tiempo pasado.
Primero el amigo Alberto, quien la semana pasada se hizo un poquitito más sabio por tener más años. Pero bueno, eso no cuenta, porque él siempre es sabio y siempre es amigo. Y se le quiere tanto. Y lo sabe.
Luego mi querido Shorsh, que ayer llegó a la dorada edad de los 24 años. Creo que difícilmente se conoce a gente con tanta pasión como él. Lo quiero y estoy tan orgullosa como si fuera mi hermano... porque pensándolo bien, sí lo es. Este blog se une a los abrazos blogísticos de los cuales ya había dado cuenta el Jameslog.
El tercer cumpleaños - del que sí me acordé a tiempo gracias a Carlitos Loret de Mola - hum - es el de la XEW, que se celebra hoy 18 de septiembre (73 añotes). Yo estoy convencida de que la radio es la mejor caja de magia que puede existir en el mundo moderno.
Una de mis anécdotas preferidas sobre la radiodifusión me la contó mi papá. Dice que cuando tenía como 17 años, fue con sus hermanos y sus primos al rancho de mi bisabuelo, a las faldas del volcán de Colima. En la casa estaba una señora, que se encargaba de hacer el aseo y la comida. Desde temprano se levantaron todos los chamacos (diría el Mago Septién) y prendieron un radio de transistores en lo que se desayunaban. Al terminar, agarraron los caballos y se fueron hacia el monte. Serían aproximadamente las 7:30 de la mañana cuando salieron.
Después del recorrido, regresaron para comer, a eso de las tres de la tarde. Mientras se acercaban, veían a la distancia a la mujer barriendo la terraza y acercándose una y otra vez a la radio. Parecía como que le hablaba. Una vez que los vió venir, dejó de acercarse al radio y se metió a la cocina para preparar la mesa. Llegaron, se lavaron y mi papá se acercó al radio para apagarlo. Cuando la mujer salió con los platos de sopa y observó a mi padre apagar el aparato, suspiró ruidosamente y con mucho alivio. Dejó los platos en la mesa, se quitó el cabello de la cara con su mano rugosa y le dijo a mi padre:
- Ay, joven. Qué bueno ya los calló. Esos pobres... tienen desde tempranito cante y cante y, por más que les insistí, no quisieron irse ni siquiera a almorzar. Seguro ya estaban rete cansados.
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