23.11.07

Personalísimo y desgarrado

Hace más de un año que no escribe. Y tampoco lee. Que parece que no está. Ausente, creo, es la palabra que utilizan para esos casos. Pero la ausencia es más dolorosa cuando no es del todo certera. Cuando un buen día deja de calentar su lado de la cama, de tomarse los refrescos, de sentarse horas enteras frente al ordenador a no hacer nada, es cuando la ausencia es, ahora sí, delicadamente dolorosa, como las agujas supuestamente indoloras con las que se pinchan los diabéticos.

Pero de pronto aparece. Como aparecen las ráfagas de viento: parecería que quieren otra cosa, volar las hojas que dibujan el otoño por toda la ciudad. Pero lo que en realidad buscan esas ráfagas es colarse debajo de los pantalones y las faldas y recordar qué era eso fresco que nos gustaba, cómo se sentía. Y aparece así. Simula una llamada de trabajo, que necesita algo, que se le antoja comer cualquier cosa, y luego al final dice que no, que lo que pasa es que me extraña.

Ahora me cuesta trabajo decirle que lo extraño. Porque lo extraño. Pero había estado tanto tiempo ausente, desdibujado, que ya a veces me parece normal su falta. Que lo extraño, pero no sé cómo decirlo, porque siento que mis palabras se van a desdibujar, a ahogarse en la ausencia.

Y sigue siendo minuciosamente doloroso. Como sacarse las cejas frente a un espejo de aumento.

22.11.07

Gracias por 10 cosas

En plena euforia del Thanksgiving, el NYT publica hoy un artículo de opinión sobre lo bueno que es conservar un "diario de gratitud". La teoría dice que si escribimos las cosas por las que nos sentimos felices, seremos cada vez más felices. Y bueno, siguiendo la faramalla, doy gracias por 10 cosas que me han hecho o me hacen feliz.

1. Tener a mi familia al alcance de un teléfono y quererlos tanto.
2. Comer fruta fresca (y si es posible pelada, mejor).
3. Haberme casado muy enamorada. Muchas cosas cambian a la vista de esas fotografías.
4. Saber que tengo un boleto de avión que en 15 días me llevará a México.
5. Hablar con mis amigos por teléfono o por Skype o lo que se tercie.
6. Comprarme un boleto de un concierto o un disco que me gusta.
7. Que a alguien le guste lo que escribo.
8. Recibir comments en mi blog.
9. Tomarme una foto y gustarme.
10. Ver una jacaranda en flor y sentirme inmediatamente en casa.

(Podría seguir. Pero son buenas 10 para empezar).

21.11.07

Una perla

En Plaça Espanya, hay una antigua plaza de toros llamada Las Arenas que están reconvirtiendo en un centro comercial. Por alguna extraña razón - o por los hados del destino - Samsung puso tremenda valla cubriéndola durante las obras. Lo extraordinario es que debajo de la valla actualmente hay un letrero que reza como sigue: "Samsung colabora con la restauración de la fachada de la escuela de derecho de la Universidad de Barcelona". ¿Será que los abogados son tan brutos como los toros? Cada quien.

20.11.07

"Yo las cosas desagradables no las veo"

La semana pasada el mundo del blog se revolucionó al saber que el premio BOB al mejor blog en español se lo llevó una abuelita gallega de 95 años que escribe desde su casa en A Coruña en un formato como este, de Blogger. No pude evitar darme una vuelta por el sitio y encontrar un alegato contra las formas de los "periodistas" de hoy que me recordó qué es lo que se debe hacer. Felicidades también, Maria Amelia. Ya me gustaría a mí convencer a mis abuelitas de que escribieran un blog. O a los periodistas de la tele que eso que hacen será lo que sea, pero no es periodismo.

Nunca será periodista

El otro día ví a un chico joven en la tele de estos que ahora quieren explicar. Pues ese chico que está empezando...estuvo ridiculizando a la Duquesa de Alba, nada menos.

Sacó unas fotografías y empezó a reirse de ella. De como hablaba, de que llevaba unos perros...haciendo burla de la señora. De alta alcurnia, quiera o no quiera, amigo. Es una aristócrata.

Haciendo burla de un viejo. De una señora anciana. Más respeto, hombre. Si quiere ser periodista ya no lo será nunca. Porque si no sabe respetar y no tiene educación, ya no puede ser gran periodista.

Ni presentador. No se hace burla, hombre, de un anciano. Y para más de una personalidad. No me hizo gracia ninguna. Lo apagué y ni me enteré ni como se llamaba.

Yo las cosas desagradables no las veo.

Negación, o la nueva terapia de pareja

Según un artículo en el New York Times de hoy, el doctor House tiene razón: todo el mundo miente. Nuestra capacidad de negación es básica para vivir en un grupo social y nuestra inventiva alrededor de nuestras relaciones son las que las hace más ricas. Literalmente: "hay estudios que han encontrado que las parejas que se idealizan (aunque sea mintiéndose - nota del traductor) tienen más probabilidades de permanecer juntas y reportar estas satisfechas con su relación que las que no".

O sea que se trata de mentirse a si mismo. Y asegurarse que todas esas cosas - esas molestas pequeñas cosas - son en realidad actos de grandiosa genialidad. Vaya. Haberlo sabido antes. La de dinero y lágrimas que se ahorraría uno diciéndose mentiritas a sí mismo.

Pequeñita

Ayer fui a comer con la Cumbiera Intelectual a un restaurante japonés escondido en las calles del gótico. Este sí es japonés-japonés, y la gente que atiende son como una familia muy bien llevada. Siempre me había llamado la atención que una de las chicas tuviese el cabello pintado de un rubio cenizo rabioso, muy al estilo Marilyn. Y recordaba también la presencia de una carrito de bebé. Supongo que hace mucho tiempo que no iba, porque el bebé estaba ayer jugando con su mamá, caminando por la sala del restaurante.

Hacía mucho que no veía una niña tan increíblemente bonita. Parecía una muñeca. Su cabello negro, liso, perfecto, peinado en coletas. Sonriente. Sus ojos tan rasgados. Su piel - un lugar común más - blanca como porcelana. Y contenta. Y tenía contentos a todos los que estaban en el sitio. No sólo no la oí llorar: si te acercabas y le hablabas, ella alzaba su manita como para tocar tu cara y después te decía adios abriendo y cerrando las manos, como una flor. Pequeñita, pero perfecta. Cada uno de sus dedos señalando al techo, a tu cara. Sonriendo.

Una amiga querida está hoy en el hospital esperando que sus dos gemelas tengan un poco de paciencia y no quieran nacer antes de lo que les toca. Otro amigo querido está en otro hospital, al otro lado del mar, luchando contra una infección pulmonar. Y al ver a la niña, tan pequeñita, tan perfecta, tuve por un momento la sensación clara de esperanza. En que ella caminará solita, en que seguirá sonriendo. En que mis amigos saldrán de sus respectivos hospitales con los mejores resultados posibles. En que lo que venga, lo que sea, tiene que ser mejor que lo que había hasta ahora. Puedo ser un estúpida optimista, sí. Pero supongo que también para eso son los blogs.

15.11.07

Benditos sean los tecladistas que desaparecen

me dices, casi en serio,
que me quieres matar,
yo te digo que lo entiendo y que a mi,
me pasaría igual


En algún momento, el guitarrista de Tulsa pidió un aplauso para los tecladistas que no habían llegado para el concierto. Estaban cabreados y se les notaba. Ella es un poco inexpresiva en el escenario, casi totalmente. Y tiene esa mezcla extraña de Carpenter-Folk-Apple con las letras de mujer sufridísima. Y todas esas guitarras. Y poco menos de cien personas en la sala Bikini. Y esa sensación casi dolorosa de emoción cuando descubres, entre todo el ruido, un grupo que te dice algo, una canción que se ajusta al momento.

Y luego canta "Into my arms": No creo en un dios intervencionista/pero sé que tú sí mi amor/pero si creyera me arrodillaría y le pediría/que no interviniera en tí. Y no creo que Nick Cave estaría decepcionado.

Una hora y cuarto, poco más o menos. Ellos estaban cabreados cuando dejaron el escenario y yo no era la más feliz de que se fueran. Pero me compre el disco y todo. Y agradecí al "no intervencionista" que los puso en mi camino y luego me trajo a mi casa. Ahora me duermo.