23.11.07
Personalísimo y desgarrado
Pero de pronto aparece. Como aparecen las ráfagas de viento: parecería que quieren otra cosa, volar las hojas que dibujan el otoño por toda la ciudad. Pero lo que en realidad buscan esas ráfagas es colarse debajo de los pantalones y las faldas y recordar qué era eso fresco que nos gustaba, cómo se sentía. Y aparece así. Simula una llamada de trabajo, que necesita algo, que se le antoja comer cualquier cosa, y luego al final dice que no, que lo que pasa es que me extraña.
Ahora me cuesta trabajo decirle que lo extraño. Porque lo extraño. Pero había estado tanto tiempo ausente, desdibujado, que ya a veces me parece normal su falta. Que lo extraño, pero no sé cómo decirlo, porque siento que mis palabras se van a desdibujar, a ahogarse en la ausencia.
Y sigue siendo minuciosamente doloroso. Como sacarse las cejas frente a un espejo de aumento.
22.11.07
Gracias por 10 cosas
1. Tener a mi familia al alcance de un teléfono y quererlos tanto.
2. Comer fruta fresca (y si es posible pelada, mejor).
3. Haberme casado muy enamorada. Muchas cosas cambian a la vista de esas fotografías.
4. Saber que tengo un boleto de avión que en 15 días me llevará a México.
5. Hablar con mis amigos por teléfono o por Skype o lo que se tercie.
6. Comprarme un boleto de un concierto o un disco que me gusta.
7. Que a alguien le guste lo que escribo.
8. Recibir comments en mi blog.
9. Tomarme una foto y gustarme.
10. Ver una jacaranda en flor y sentirme inmediatamente en casa.
(Podría seguir. Pero son buenas 10 para empezar).
21.11.07
Una perla
20.11.07
"Yo las cosas desagradables no las veo"
Nunca será periodista
El otro día ví a un chico joven en la tele de estos que ahora quieren explicar. Pues ese chico que está empezando...estuvo ridiculizando a la Duquesa de Alba, nada menos.
Sacó unas fotografías y empezó a reirse de ella. De como hablaba, de que llevaba unos perros...haciendo burla de la señora. De alta alcurnia, quiera o no quiera, amigo. Es una aristócrata.
Haciendo burla de un viejo. De una señora anciana. Más respeto, hombre. Si quiere ser periodista ya no lo será nunca. Porque si no sabe respetar y no tiene educación, ya no puede ser gran periodista.
Ni presentador. No se hace burla, hombre, de un anciano. Y para más de una personalidad. No me hizo gracia ninguna. Lo apagué y ni me enteré ni como se llamaba.
Yo las cosas desagradables no las veo.
Negación, o la nueva terapia de pareja
O sea que se trata de mentirse a si mismo. Y asegurarse que todas esas cosas - esas molestas pequeñas cosas - son en realidad actos de grandiosa genialidad. Vaya. Haberlo sabido antes. La de dinero y lágrimas que se ahorraría uno diciéndose mentiritas a sí mismo.
Pequeñita
Hacía mucho que no veía una niña tan increíblemente bonita. Parecía una muñeca. Su cabello negro, liso, perfecto, peinado en coletas. Sonriente. Sus ojos tan rasgados. Su piel - un lugar común más - blanca como porcelana. Y contenta. Y tenía contentos a todos los que estaban en el sitio. No sólo no la oí llorar: si te acercabas y le hablabas, ella alzaba su manita como para tocar tu cara y después te decía adios abriendo y cerrando las manos, como una flor. Pequeñita, pero perfecta. Cada uno de sus dedos señalando al techo, a tu cara. Sonriendo.
Una amiga querida está hoy en el hospital esperando que sus dos gemelas tengan un poco de paciencia y no quieran nacer antes de lo que les toca. Otro amigo querido está en otro hospital, al otro lado del mar, luchando contra una infección pulmonar. Y al ver a la niña, tan pequeñita, tan perfecta, tuve por un momento la sensación clara de esperanza. En que ella caminará solita, en que seguirá sonriendo. En que mis amigos saldrán de sus respectivos hospitales con los mejores resultados posibles. En que lo que venga, lo que sea, tiene que ser mejor que lo que había hasta ahora. Puedo ser un estúpida optimista, sí. Pero supongo que también para eso son los blogs.
15.11.07
Benditos sean los tecladistas que desaparecen
me dices, casi en serio,
que me quieres matar,
yo te digo que lo entiendo y que a mi,
me pasaría igual
En algún momento, el guitarrista de Tulsa pidió un aplauso para los tecladistas que no habían llegado para el concierto. Estaban cabreados y se les notaba. Ella es un poco inexpresiva en el escenario, casi totalmente. Y tiene esa mezcla extraña de Carpenter-Folk-Apple con las letras de mujer sufridísima. Y todas esas guitarras. Y poco menos de cien personas en la sala Bikini. Y esa sensación casi dolorosa de emoción cuando descubres, entre todo el ruido, un grupo que te dice algo, una canción que se ajusta al momento.
Y luego canta "Into my arms": No creo en un dios intervencionista/pero sé que tú sí mi amor/pero si creyera me arrodillaría y le pediría/que no interviniera en tí. Y no creo que Nick Cave estaría decepcionado.
Una hora y cuarto, poco más o menos. Ellos estaban cabreados cuando dejaron el escenario y yo no era la más feliz de que se fueran. Pero me compre el disco y todo. Y agradecí al "no intervencionista" que los puso en mi camino y luego me trajo a mi casa. Ahora me duermo.
