7.7.05

La cárcel y las galletas de chocolate

Hoy el New York Times registra en sus páginas la decisión del juez Thomas F. Hogan de enviar a la cárcel a la reportera investigadora Judith Miller por negarse a revelar sus fuentes en una investigación al respecto de un operativo encubierto dentro de la CIA. Frente al argumento de Miller - quien afirmó ante el juez que no le revelaría sus fuentes porque "si los periodistas no pueden garantizar confidencialidad y tener la confianza de sus fuentes, entonces los periodistas no pueden funcionar y no existirá una prensa libre" - el juez Hogan la mandó a una cárcel "conveniente" hasta que se decida a hablar o termine el mandato del gran jurado en octubre.

Las razones del juez, por supuesto, son impecables. Su explicación fue la siguiente: "Tengo una persona enfrente de mí que está desafiando la ley", afirmó. "Es como el niño que dice: 'De cualquier manera tomaré esa galleta de chocolate y me la voy a comer. No me importa'".

Qué pena, verdaderamente. Que Miller vaya a la cárcel y - seguramente - sin concesiones en lo que a galletas de chocolate se refiere. Ahora que me vengan a decir a mí que Estados Unidos defiende la democracia, la libertad de expresión, de información. Digo, sólo para probar.

Barcelona también es Sefarad

La primera vez que sonó la palabra "sefardí" en mis labios se refería exclusivamente a la deliciosa comida que sirven en el restaurante Saks en México, D.F. Recuerdo bien esa primera sobremesa donde me dieron mi rápida introducción a la cultura judaíca que se había desarrollado en los territorios de España.

Según wikipedia, Sefarad es el nombre que los antiguos judíos de esta región daban a los territorios de España. En esta región, donde convivían con musulmanes y cristianos, la cultura judaíca evolucionó rápidamente - incluida la gastronómica, que es de la que yo tengo conocimiento. Se considera que en la edad media los judíos hispanos eran reconocidos como líderes de la fé y la cultura de esta religión.

Esta influencia se modificó geográficamente a partir de 1492, año en el que estas comunidades fueron expulsadas del país por los Reyes Católicos y se establecieron en el norte de África, Francia meridional, Italia y la Nueva España, entre otros sitios. Su cultura y costumbres se conservaron en estos espacios y poco a poco - como tiene que ser - vuelve a su lugar de origen.

El domingo pasado, en las páginas de La Vanguardia (uno de los diarios con más circulación en Barcelona) apareció un artículo sobre la recuperación de las tradiciones de esta religión aquí, en la Ciudad Condal. Resulta además que el artículo es de la autoría de Manel, un querido amigo catalán por extensión, je. Me doy el lujo de reproducirlo en este blog, ya que eventualmente el link nos llevaría a un artículo de paga y yo quiero conservarlo.

Vaya el vistazo, pues, a la comunidad judía en Barcelona.

Una Torá española tras cinco siglos

Manel Estapé Esparza - 03/07/2005

La sede de la comunidad Jabad Lubavitch en Barcelona (www.chabadbarcelona.org) está en unos bajos de la calle Joan Gámper. Sin lujos ni glamour, en sólo 80 m² hay espacio para un despacho y un salón. En el salón está la biblioteca, especializada en temas judaicos, y la sinagoga, con capacidad para unas decenas de fieles. En una de sus paredes hay un armario, llamado aaron ha-qodeix (arca sagrada) donde se guardan los rollos de la Torá. Al lado, una especie de pupitre o tevá para leerla, siempre que el grupo de reunidos supere la decena. Todo judío está obligado al estudio de la Torá, que es la designación tradicional judía para el Pentateuco, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio). En ella se encuentran los 613 preceptos que ha de observar un creyente para llevar una vida correcta.

Los jueves por la tarde, la actividad del rabino David Libersohn es muy variada. En su despacho atiende a un joven con dudas religiosas. En el salón le aguarda una familia judía que acaba de llegar a Barcelona. Sólo lleva la dirección de la sinagoga y busca alojamiento. Al otro lado del teléfono móvil, un comercial de una empresa de distribución cárnica necesita urgentemente de sus servicios para mandar una partida de carne kosher, que es como exige comerla su religión. El rabino los atiende a todos casi simultáneamente. En una comunidad en la diáspora, y con una ley religiosa que afecta tanto desde la manera de comer y beber hasta la forma de descansar o vestirse, su misión incluye tanto solventar problemas logísticos como los espirituales o litúrgicos.

La vuelta a Sefarad
Esta actividad confirma una presencia cada vez mayor en Barcelona de la comunidad judía internacional, que lentamente, y desde hace unos 100 años, "ha ido volviendo a Sefarad. Es normal que ahora, en la madurez de la comunidad, se impulse la escritura de la Torá".

"Escribir un rollo (sefer) de la Torá es un mitzvá, un precepto, un privilegio para cada familia y cada comunidad", explica el rabino. "En tiempos pasados, cuando el padre llegaba a su plenitud, lo hacía como un legado para sus hijos. Era para él un momento con una gran carga emocional. Comunitariamente ahora sucede lo mismo".

No obstante, y aunque es aconsejable para todos los judíos cumplir este precepto ("Escribid para vosotros este cántico", Dt 31, 19), en la práctica son muy pocos los que lo llevan a cabo por la dificultad que representa. La escritura de la ley judía debe realizarse a mano, como si se hubiera recibido en el Sinaí, sobre un pergamino de piel de vacuno que no haya sido utilizado para el trabajo. El instrumento es una pluma de ave o una caña y la tinta utilizada es la vegetal. El escriba debe estar purificado y para asegurar eso debe pasar por un baño ritual llamado miqvé.Se debe pronunciar cada palabra que se transcribe en voz alta para no equivocarse en ninguna letra, puesto que no se puede modificar lo dicho por Dios. Además, la lengua del texto es el hebreo bíblico y la grafia es la cuadrática, una especie de letra de imprenta antigua.

Una gran oportunidad para España
Jaim Jalfon es un judío apasionado, espiritual y extravertido. Es gerente de dinero privado y el fundador del Centro de Curación LifeStyle, una institución que promueve la asistencia médica natural. Tiene más de 70 años. Llegó a Barcelona hace sólo cinco y su cabeza no para de generar ideas. Tras contactar con su comunidad "rápidamente nos dimos cuenta de que faltaba una Torá propia. Escribirla sería, y es, un gran tikun".Tikun es una palabra de complicada traducción y que sugiere la oportunidad de corregir y también la posibilidad de reconciliarse y enmendar el pasado.

"Es una gran oportunidad para España y para los judíos. En primer lugar, para España, porque de este modo podrá subsanar los errores que cometió con la expulsión y con la persecución de la Inquisición. Después de 500 años podrá celebrarse el renacimiento de la cultura judía. En segundo lugar, para los judíos que vivimos en esta ciudad, porque de este modo seguro que estaremos más unidos". Por eso invita a cualquiera, judío o no judío, a sumarse a este proyecto y a financiarlo.

Según él, se necesitan unos 54.000 dólares para cubrir los gastos de escritura durante aproximadamente el año y medio que dura el trabajo. Sin embargo, no busca grandes donaciones ni grandes mecenas. "Buscar un mecenas es fácil. Yo mismo doné, en nombre de mis padres, la actual Torá del centro Lubavitch. Preferimos que participen muchas personas para que así todo el mundo pueda cumplir con este precepto". De momento han contribuido desde amigos suyos irlandeses no judíos hasta niños de una escuela de Brooklyn que hicieron una colecta especial. "Tosés, do el mundo puede subvencionar una letra de esta Torá por cinco euros".

El sofer (escriba) encargado de realizarlo es David Anidjar, que vivió de los cinco a los 18 años en Barcelona. "Para que la Torá sea de España y para España necesitábamos que el sofer fuera español -dice Jaim Jalfon-. Y no hay muchos".

Las primeras letras se escribieron en Barcelona el 23 de diciembre de 2003, en plena festividad de Januca, en un acto presidido por el Gran Rabino de Israel, HaRav HaRashí haRav Iona Metzger y otras altas personalidades de la vida judía y social. Posteriormente, el sofer se trasladó a Elon Moreh, donde reside, para realizar el grueso del trabajo. Elon Moreh es un asentamiento judío de 250 familias a unos escasos cinco kilómetros de Nablús (Cisjordania). Según cuenta él mismo, es un lugar especial. "Hace aproximadamente unos 4.000 años, Abraham se instaló en esta tierra al venir de Babilonia y Jacob compró aquí un terreno, tal como se explica en la Torá. Cerca está el monte Ebol, donde Josué, el sucesor de Moi-escribió la Torá por primera vez en la tierra de Israel (Js 8,32), después de su regreso de Egipto".

Desde esta población, David Anidjar escribe unas ocho horas diarias, después de la oración matutina y del miqvé, el baño purificador. "Más tiempo es muy complicado. La principal dificultad a la hora de escribir la Torá no es respetar todas las reglas de la escritura, la principal dificultad es la paciencia. Trabajando solo es muy fácil perder la concentración y este trabajo requiere una concentración extrema y no tener prisa". Así pues, no es extraño que en los estudios rabínicos se preste mucha atención en la formación de los sofer a los temas relacionados con el carácter de las personas. "No todo el mundo puede ser sofer",señala. "Para serlo, además de ser judío, buen observante y temeroso de Dios, hay que ser muy paciente".

Sólo al final de la escritura, que está prevista para dentro de pocos meses, trabajará con un equipo de gente que, junto con la ayuda de un escáner, revisarán letra a letra el texto. Una vez las autoridades rabínicas lo aprueben, vendrá para Barcelona a escribir las últimas letras. Más de 500 años después, en Sefarad se habrá vuelto a escribir un Sefer Torá.

Desconcierto y lejanía

Me entero por el blog de Alberto que Abel Velázquez, el Mago, falleció en estos días. La verdad es que yo no puedo presumir de haberlo conocido mucho. Sé sin embargo que tanto Alberto como mi querido Duque tenían una relación larga, complicada y entrañable con él.

Leí la noticia como quien lee el periódico y siente que algo se rompe. No sé dónde esté, pero espero que esté bien. Vaya este mensaje como pequeño homenaje a su vida... y lo que siga después.

29.6.05

Nueva dirección de Alberto

Yo debería estar atendiendo a mi clase de precisión... pero resulta que el blog de mi querido Alberto Chimal se cambió de casa. La nueva dirección - denominada Ánima Dispersa - ya está en las ligas de la derecha, donde también permanece Mundo Raro por razones de archivo. Ambas merecen mucho la visita.

20.6.05

De Rax y los libros

Mi querida Rax ya me había enviado una cadena de música. Ahorita no cuenta porque estoy en la máquina de la oficina, así que sólo tengo los archivos que me caben en un USB hoy que recién descubrí - a diez días de dejar el trabajo - que mi portátil tiene altavoces. Buenos días.

Mientras tanto, voy respondiendo la otra, que había leído con harto gusto en el blog de Alberto. A ver...

Estás atrapado en Fahrenheit 451, ¿qué libro te gustaría ser?

Pues a mí siempre me gustaría ser un libro de artículos de Jorge Ibarguengoitia. Por ejemplo, La Casa de Usted y otros viajes. O Instrucciones para vivir en México. A ver quién me lee. En una buena traducción, por supuesto.

¿Alguna vez te enamoraste de algún personaje de ficción?

Siempre. Tiendo a padecer del síndrome de Estocolmo: cualquier personaje que me secuestre, por lo general termina en la lista de los amores imposibles. ¿Qué tal el ingeniero de La autopista del Sur? Es que así soy de cursi.

El último libro que compraste fue...

Uno chiquitito con un par de cuentos de Nick Hornby, en una librería en Oxford. Se llama Otherwise Pandemonium, y no lo he leído. Me gustó mucho la idea de libros pequeñitos y baratos - sí, ya sé que 1.50 libras no es barato, pero no me hagan la conversión - pensados para leer de camino o rápidamente. Las ediciones bonitas son bonitas, y ya.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Justo terminé el sábado Purple Hibiscus, de una escritora nigeriana que se llama Chimamanda Ngozi Adichie. Es una narración francamente espeluznante sobre lo que es vivir con alguien que abusa físicamente de su familia por razones religionas. Cree que tiene derecho y razón divino para hacerlo y peor, ellos también. No sé si me gustó demasiado, la verdad. Tengo en mi bolsa una novelita inglesas de esas simplotas - tipo Bridget Jones - que se llama Snobs, de Julian Fellowes. Y bueh... supongo que empezaré más tarde. Estoy leyendo también un libro de poesía de Boris Vian e intentando leer otro de poesía en catalán de una chica de cuyo nombre no puedo acordarme. Lo siento. Por si fuera poco, también estoy leyendo mi tesis. ¿Alguien quiere ayudarme con eso, snif?

Cinco libros que llevarías a una isla desierta:

1. El otoño recorre las islas de José Carlos Becerra (Alberto, dixit).

2. La cursilísisisisisima Mujercitas de May Alcott. Soy tan cursi. Y me gusta, no puedo negarlo.

3. Pegados por el lomo: Desayuno en Tiffany's y A Sangre Fría de Capote.

4. American Psycho, de Bret Easton Ellis - por aquello del balance.

5. Muchos libros en uno: el tomo uno de la edición de los cuentos completos de Córtazar en Alfaguara. Así, en uno, se van los cronopios y los fuegos.

¿A quién le pasas el relevo y por qué?

Al Duque para que escriba mucho (con besos y todo); a Benjamín para que se ría un poquito y nos ponga libros que nadie lee más que en Japón; a Quantumbyte, para que nos diga qué hay en Austin; a Verde por que lo quiero y a Sergio-Bates para que se acuerde de mí.

Promesas sin cumplir

Tengo días sin ganas de escribir aquí. Será porque sigo tecleando la tesis, que parece no acabarse nunca. No estoy del todo satisfecha, pero es que tampoco se puede hacer mucho en este contexto. Hoy se espera que la temperatura llegue a los 39 grados, con toda la humedad del mundo. Las calles están llenas de unas flores amarillas que hacen tapices como si fueran jacarandas. Si las ves con cuidadito, son como mini-orquídeas muy monas. Habrá que tomarles fotos.

Y sin embargo, sigo pensando en las crónicas que debo. Y las que deberé. Me voy a Madrid. Hace años, ir a la escuela de El País sonaba tan a País de las Maravillas que me asombra la serenidad con la que tomo mis planes. Pero hace tanta ilusión sentarse entre periodistas, oirlos hablar, aprender.

Yo quería regresar a la escuela. Qué lástima que la que elegí no fue la más indicada. Pero ya casi se acaba. Ya casi. Y me encanta la idea de probar en otras.

9.6.05

Tres buenas y una mala

Una buena: Hoy el NYT publica un artículo en donde cuenta cómo dos cineastas daneses se han dedicado en el último año a hacer "videocartas" para que las personas alejadas por el conflicto de los Balcanes se reencuentren con amigos de la infancia a los que habían abandonado en medio de la guerra. Parece que funciona. Pura buena voluntad.

Dos buena: Me voy a Londres en un rato. ¡Hace una ilusión! Estoy trabajando en la crónica de Montpellier, pero va lenta... (en parte por la mala noticia).

Tres buena: Recién me aceptaron en un curso en el diario El País. Orgullosito y emocionado.

LA MALA: La tesina va un poco mal. Creo que quiero llorar. Mucho.

(Pero igual me voy de viaje y fin de semana adelantado. Esto es así).