Mientras acababa de secarme y dejaba de temblar, BEF y yo nos tomamos un café. Le mostré la novela primigenia. Y me preguntó porqué estaba tan insegura de ella. Le dije que probablemente era una herencia de todos los talleres por los que había pasado, en donde me había quedado con la sensación de que nada que no fuera "la gran nueva voz del siglo XXI" valía la pena.
Entonces, BEF me contó algo que le decía un amigo suyo, muy querido, un hombre mayor que también escribe. "Los talleres sirven para una sola cosa. Escribes un cuento, lo llevas la primera vez y todo mundo te crítica y te dice minuciosamente cómo eres una mierda. La segunda vez vuelves a llevar un texto. Lo lees. Dejas a todo el mundo que te diga que eres una mierda. Cuando terminen te levantes y dices. "Pues este texto, que ustedes dicen que es una mierda, es un cuento de Hemingway. Entonces, lo que ustedes quieren, es joder".
Fin de la historia.
Yo creo que los mejores talleres sirven para hacer un poquito mejor lo que escribimos. Son los ojos de un amigo cercano que tiene los tamaños de decirte: "esto es una mierda porque no se entiende", "tienes mal puestos los tiempos", "no hace sentido por X, Z o Y".
Es bonito hacer ejercicios de escritura para soltar la mano. Tratar de cambiar de sexos de personajes, de tiempos, de narrador. Son ejercicios para aprender a utilizar tus herramientas. Pero si no eres capaz de corregirlos, de ver qué es lo que OBJETIVAMENTE esta mal (rimas internas, faltas de ortografía, etc), entonces no te sirven de nada.
Creo que no porque perenganito que tiene diez libros escritos y hasta un Nobel escribe con faltas de ortografía, yo también tengo que hacerlo. Es una cuestión de disciplina personal. Y, desde mi humilde y amargosita opinión, no hay nada más triste que alguien que se diga "escritor" y no sepa respetar las normas que se imponen en el idioma que escribe... así sean escribir inglés fonético cuando busca el spanglish.
Y bueno. Esa es la dosis de amargura del día de hoy.
10.6.04
Periplo para llegar a la Cineteca
Uno no puede evitar sentirse nervioso de vez en cuando. Después de escuchar durante meses sobre la inseguridad en la capital, cada que vas a tomar un taxi preguntas si serás el siguiente en la primera plana de los periódicos amarillistas de la mañana.
Ayer era tarde. Había quedado con BEF de estar a las 7.30 en la Cineteca Nacional. Sí, lo reconozco. Nunca había ido a la Cineteca. Estaba hasta emocionada. Había pensado irme en Metro desde el principio, pero me ganó la comodidad de esperar a que me dieran un ride. Sorpresa. El ride no llegó. Salí poco antes de la siete a la calle, a mojarme y buscar un taxi. Cuando por fin uno se paró, hubo algo que no me gustó. Me alteró la manera en cómo daba sus vueltas, cómo se pasaba los altos. Tuve miedo. Pensaba en otras cosas, trataba de concentrarme. "Si pasa algo, lo golpeo. ¿Y si le hablo a alguien y le doy el número de placa? Mejor le digo que al llegar al Metro Centro Médico me deje bajar y me voy en metro desde ahí".
Timbró su teléfono celular. Hablaba con su esposa. Al colgar, se volteó y me dijo: "Disculpe, pero la voy a tener que dejar aquí. Es que tengo que ir por mi esposa". Me dejó en la entrada del metro Centro Médico, como colmo de las coincidencias. Bajé y ví como se iba el carro en lo que pasaba por las puertas. Cuando llegó el siguiente convoy, me subí. A los dos minutos, el metro se paró a la mitad del túnel. Y estuvo parado durante diez minutos. Demás está decir que cuando llegué a la estación más cercana de la Cineteca - Coyoacán - ya eran las 7.30. Y todavía tenía que caminar.
Al salir del metro, seguía lloviendo. Sentí frío. Miré con lástima mis botas recién boleadas... de enorme tacón. Comencé a caminar. Sabía que era más o menos por ahí, pero no estaba segura. Seis cuadras después, calada de agua, con los pies adoloridos, llegué a Cuauhtémoc. Me quedé unos cuantos segundos parada, pensando hacia dónde caminar. Me decidí por mi derecha y eventualmente llegué. Lo triste fue que no pude entrar al cine, porque la película que queríamos ver era "estrictamente con invitación". Lo bueno fue que ahí estaba BEF, y verlo es reconfortante como tomarse un chocolate caliente.
Ayer era tarde. Había quedado con BEF de estar a las 7.30 en la Cineteca Nacional. Sí, lo reconozco. Nunca había ido a la Cineteca. Estaba hasta emocionada. Había pensado irme en Metro desde el principio, pero me ganó la comodidad de esperar a que me dieran un ride. Sorpresa. El ride no llegó. Salí poco antes de la siete a la calle, a mojarme y buscar un taxi. Cuando por fin uno se paró, hubo algo que no me gustó. Me alteró la manera en cómo daba sus vueltas, cómo se pasaba los altos. Tuve miedo. Pensaba en otras cosas, trataba de concentrarme. "Si pasa algo, lo golpeo. ¿Y si le hablo a alguien y le doy el número de placa? Mejor le digo que al llegar al Metro Centro Médico me deje bajar y me voy en metro desde ahí".
Timbró su teléfono celular. Hablaba con su esposa. Al colgar, se volteó y me dijo: "Disculpe, pero la voy a tener que dejar aquí. Es que tengo que ir por mi esposa". Me dejó en la entrada del metro Centro Médico, como colmo de las coincidencias. Bajé y ví como se iba el carro en lo que pasaba por las puertas. Cuando llegó el siguiente convoy, me subí. A los dos minutos, el metro se paró a la mitad del túnel. Y estuvo parado durante diez minutos. Demás está decir que cuando llegué a la estación más cercana de la Cineteca - Coyoacán - ya eran las 7.30. Y todavía tenía que caminar.
Al salir del metro, seguía lloviendo. Sentí frío. Miré con lástima mis botas recién boleadas... de enorme tacón. Comencé a caminar. Sabía que era más o menos por ahí, pero no estaba segura. Seis cuadras después, calada de agua, con los pies adoloridos, llegué a Cuauhtémoc. Me quedé unos cuantos segundos parada, pensando hacia dónde caminar. Me decidí por mi derecha y eventualmente llegué. Lo triste fue que no pude entrar al cine, porque la película que queríamos ver era "estrictamente con invitación". Lo bueno fue que ahí estaba BEF, y verlo es reconfortante como tomarse un chocolate caliente.
9.6.04
Poca verguenza
En esta ciudad, hay cosas que uno no se explica. Una de ellas, son las instrucciones equivocadas. En un ejercicio hecho en la oficina la semana pasada, caí en la cuenta de que - horas más, horas menos - cada semana invierto 24 horas de mi tiempo en traslados de mi casa a mi oficina y a mis juntas fuera de la misma.
24 horas. Eso es un día. Y mucha gente lo hace. En mi caso, gracias a las sacrosantas obras en el distribuidor vial, en un muy buen día me hago una hora y quince minutos a mi oficina. Esto en un MUY BUEN DÍA. No quiero ni pensar en caso de accidente lo que puede pasar.
Hoy perdí más de dos horas porque alguien nos dió una dirección equivocada. Nos mandaron de extremo a extremo de la ciudad. En un exceso de distracción o plana estupidez, no lo sé. Pero me parece increíble que alguien se pueda equivocar en esa situación.
Más increíble me parece aún la cantidad de estrés que puede desarrollar alguien en el automóvil. O alrededor de los vehículos automotores.
Una sola vez en mi vida me he sentido realmente capaz de matar a alguien. Un ser al volante de un auto-compacto casi me atropelló en medio de la lluvia. Cuando logré cruzar la calle, ví a lo lejos que llegaban por mí. Agite mis brazos, absolutamente empapada. El Duque se orilló y puso sus direccionales. Y atrás de él, un sujeto en un minibus empezó a empujarle el vehículo, a pitar, y a golpear la defensa. El Duque arrancó y tuvo que dar otra vuelta a la cuadra. Bajo la lluvia, el conductor del minibús todavía se volvió a mirarme. Nunca en mi vida había tenido consciencia de mi odio absoluto. De haber tenido una pistola, se la hubiera descargado encima sin pensar.
Absurdo. Sí. Peligroso. También. Pero lo cierto es que no queremos salir de aquí y seguimos llegando. Todo sea por un trabajo decoroso, afirman algunos. ¿Valdrá la pena?
24 horas. Eso es un día. Y mucha gente lo hace. En mi caso, gracias a las sacrosantas obras en el distribuidor vial, en un muy buen día me hago una hora y quince minutos a mi oficina. Esto en un MUY BUEN DÍA. No quiero ni pensar en caso de accidente lo que puede pasar.
Hoy perdí más de dos horas porque alguien nos dió una dirección equivocada. Nos mandaron de extremo a extremo de la ciudad. En un exceso de distracción o plana estupidez, no lo sé. Pero me parece increíble que alguien se pueda equivocar en esa situación.
Más increíble me parece aún la cantidad de estrés que puede desarrollar alguien en el automóvil. O alrededor de los vehículos automotores.
Una sola vez en mi vida me he sentido realmente capaz de matar a alguien. Un ser al volante de un auto-compacto casi me atropelló en medio de la lluvia. Cuando logré cruzar la calle, ví a lo lejos que llegaban por mí. Agite mis brazos, absolutamente empapada. El Duque se orilló y puso sus direccionales. Y atrás de él, un sujeto en un minibus empezó a empujarle el vehículo, a pitar, y a golpear la defensa. El Duque arrancó y tuvo que dar otra vuelta a la cuadra. Bajo la lluvia, el conductor del minibús todavía se volvió a mirarme. Nunca en mi vida había tenido consciencia de mi odio absoluto. De haber tenido una pistola, se la hubiera descargado encima sin pensar.
Absurdo. Sí. Peligroso. También. Pero lo cierto es que no queremos salir de aquí y seguimos llegando. Todo sea por un trabajo decoroso, afirman algunos. ¿Valdrá la pena?
Encontrando lo perdido
Esta mañana, me levanté con unas ganas insoportables de escuchar "I know it's over" de The Smiths. Extraños augurios. Un poco después, prendí la computadora y me puse a buscar pedazos de mi, de lo que escribía. Encontré el archivo. Encontré la "novela".
Son casi 50 cuartillas. Me sorprendo al darme cuenta de que no es tan mala. Con un poco de ayuda y un mucho de trabajo, puede valer la pena. Creo.
La verdad es que estoy contentita. :)
Son casi 50 cuartillas. Me sorprendo al darme cuenta de que no es tan mala. Con un poco de ayuda y un mucho de trabajo, puede valer la pena. Creo.
La verdad es que estoy contentita. :)
8.6.04
Caprichito
A mí me gustan las primeras I-Book. Las de colores. Me gustan como para trabajar en un café y ser feliz. ¿Alguien me quiere vender una?
7.6.04
Estadísticas
"¿Cuántas veces escribes a la semana?". La pregunta - lo admito - me dolió. Mi primer impulso, de hecho, mi primer respuesta fue "diario". La verdad es que no es diario. Y lo que escribo "diario" no son comentarios, ni crónicas, ni narrativa. Son boletines de prensa. ¿Y mi plan de vida y carrera? Caramba. Creo que en realidad lo que pasa es que no quiero pensar...
4.6.04
Gerardo está libre
BEF me acaba de avisar que Gerardo Sifuentes salió ya libre. Absuelto de todos los cargos. Y sólo puedo parafrasear al mismo BEF "en este país no existirá la justicia, pero sí la solidaridad".
Un abrazo. Un ramo de gardenias. Una lágrima de gusto porque estés fuera. Un beso.
Un abrazo. Un ramo de gardenias. Una lágrima de gusto porque estés fuera. Un beso.
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