26.5.04

Derrumbando casas

Para sorpresa de mucha gente, yo me siento cómoda en las iglesias. Especialmente cómoda. Es como si me sentara en la sala de alguien cercano a mí, a una casa con un silencio delicioso, que me deja pensar un ratito.

Con sus errores y todo, la Iglesia Católica sigue siendo parte de mí. Entiendo cuando la gente va a refugiarse ahí. A buscar paz.

En Boston, la gente se está quedando sin esa "casa extra". Resulta que la arquidiócesis acaba de informar a sus fieles que una quinta parte de sus parroquias en la ciudad van a cerrar. ¿Causa? Problemas económicos derivados por una parte de la falta de quórum y, por otra, de los "arreglos" a los que ha llegado la Iglesia con algunos de los feligreses que han interpuesto demandas por abuso sexual.

No es tan sencillo como cerrar las puertas. Es como demoler casas. Como esas conmovedoras historias cursis que le sirvieron de base a Disney y a no sé qué tantas productoras para hacer películas navideñas. Es tirar pedacitos de historia, de vidas.

Quizá a los jóvenes de Boston no les pueda importar menos. Quizá a los jóvenes de México no les pueda importar menos. Pero hay sufrimiento en cientos de hombres y mujeres mayores que pasaron toda su vida revoloteando alrededor de esas congregaciones, que viven más tranquilos por la conciencia de que el perdón - ergo, el cielo - están casi a la vuelta de la esquina.

Realmente no sé qué tanto tengo que decir al respecto. Me entristece por empatía la historia de la mujer que dice llorando: "Tomé todos mis sacramentos aquí. Aquí fui a la escuela y aquí es donde paso todas las mañanas. Yo estaba segura de que en esta parroquia me iban a enterrar, pero ahora ni siquiera sé en dónde quedarán mis restos".

Quizá sólo sea una manera de recordarle a la Iglesia que, aunque iluminada por Dios, está formada por hombres. Por seres falibles. Y, si lo hacen más complicado para ellos en términos humanos (el celibato, el no castigar a quienes abusan de sus feligreses), también la Iglesia puede recibir serios daños.

"Quisiera que hubiera una manera de mantener abiertas y llenas todas estas casas de hogar y vida. Pero no la hay", dijo el arzobispo Sean P. O'Malley en su conferencia de prensa para anunciar el cierre de 70 iglesias. Sí hay manera, señor. Renovando la fé. Y la conducta de los que se supone son guías de la fe.

20.5.04

Las ventajas de salir a comer

Trabajo en el piso diez de un edificio en el corazón neurálgico de Reforma Centro. Tengo una ventana desde la cual puedo ver un centro de telemarketing ubicado en el edifico de enfrente. Tengo cuatro macetas con bambús. Una tiene plaga. Y miles, cientos, millones de papeles y pendientes en todos lados.

Desde hace dos meses, decidieron comenzar a "remodelar" Reforma, exactamente a la altura de mi oficina. Es horrible. Ruido, piedras, calles cerradas, aguas negras. No es precisamente alentador el salir a la calle.

Sin embargo, esta semana salí lunes y martes a comer. Lejos. Y regresé tan contenta. Ví tantas cosas. El lunes, nos metimos seis en un carro y fuimos a la Roma, cerca del Palacio de Hierro. Para el horror de algunos de mis acompañantes, yo insistí en que nos sentáramos en la acera. Diez minutos después, al ver pasar a tanta gente, coincidieron en que era bueno. Además, la sombra de los árboles - o el sol que tercamente se escapaba entre las ramas - te toca de una manera muy distinta que la luz de oficina.

El martes sí fue magnífico. Nos armamos de valor y fuimos hasta el Museo Franz Mayer. Es cerca, pero entre las manifestaciones y la remodelación, casi no llegamos. Sorteamos los obstáculos y en menos tiempo del esperado estábamos ahí en el claustro del Museo, comiendo ensaladas y jugos y postres. Es increíble como estás aislado, como se escucha el rumor de los árboles y los pájaros alrededor. Estaban montando también una exposición de orquídeas exóticas. Eran tan bonitas. Todas.

Al terminar, rápido, rápido, vimos la exposición de Art Nouveau. Está hermosísima. Eso es tan feliz.

Hoy no tengo comida. Ni plan. ¿Los chinos o un sándwich a domicilio? Paciencia...

Frente de víbora

El sábado fuimos a Six Flags. Yo, Marce, mi hermano postizo y el Shorsh. Toda la tremenda "banda" que se había anotado para el huateque nunca asistió. Pero ni falta que hizo.

Nos subimos a tooodos los juegos más fuerte. Nos reímos, gritamos tanto, bailamos al ritmo de Ana Bárbara (sabíamos que le hubiera gustado tanto a Fiesquito...). Hasta nos mojamos... a las seis de la tarde, cuando ya no había sol. Comimos banderillas y nachos con queso y carne. Ah, y un algodón de azúcar.

Cuando creímos que se había acabado el día, Shorsh y yo volvimos a subir a Batman The Ride. Me golpeé y tengo un tremendo morete en el codo izquierdo. Al bajar, tuve otro rush de adrenalina cortesía de un par de tórtolos que eligieron el momento más inoportuno para informarme su amor y verme pasar del verde al morado al azul. Pero fue tan contento.

¿Legado de un sábado en el sol? Mi frente se está cayendo a pedazos. Cual víbora cambiando de piel. Y todo cambia. Poco a poco. Gracias a los preocupados por mi angustia de becas. Ya llegará el momento.

(La verdad es que no saben con quién están tratando... más terca que yo... casi no se puede)

14.5.04

Cero y van cuatro

Otra carta de "rechazado".

¿Qué digo ahora?

Sobre los seres sin ombligo - ni sexo definido

El problema mayor de leer las críticas de cine en el New York Times es que a veces esperas ver películas que tardan mucho en llegar o de plano no llegan. En diciembre, leí las críticas y reseñas de Angels in America, una miniserie de 6 horas de HBO dirigida por Mike Nichols (El Graduado, 67) con trabajo de Al Pacino, Meryl Streep y Emma Thompson entre otros.

Tenía varios puntos interesantes para mí. En primer lugar, se trata de una adaptación de una obra de teatro. Una obra de teatro que dura seis horas, se divide en dos montajes y tuvo un éxito rotundo en Nueva York, Los Angeles y San Francisco. Una obra de teatro que habla sobre las reacciones de la sociedad estadounidense a mediados de los 80 al respecto del surgimiento del SIDA.

Pues bueno. Las estrellas se conjugaron - se supone - y tenía que verla esta semana. Pues no la ví. Nada más ví la primera hora completa y de las otras he visto pedacitos. Se supone que el sábado veré el resto.

Es muy fuerte, muy fuerte. Sobre todo porque en ese entonces era una condena inmediata de muerte y un estigma... Sigue siendo. Me enteré la semana pasada que un ser cercano se está muriendo. Se está muriendo porque nunca quiso aceptar que estaba enfermo y no se trató. La última vez que lo ví estaba muy delgado. Entonces fuí yo la que no quise aceptar. Ahora no quiere que nadie lo vea. Nadie. Y la muerte en soledad es como lo más triste jamás.

Hasta el momento, el único ángel que he visto en la serie fue una Emma Thompson un poco sobreactuada. Mi mejor consejo para ver la miniserie es no leer ninguna reseña antes porque tienen la mala constumbre de prejuiciar.

¿Lo más fuerte? Al Pacino. Su personaje es el diablo. Un diablo que, bien mirado, da como tristeza.

Ahora me voy. Pero regresaré.

Descubrimiento mañanero

Esta mañana me costó más de lo normal levantarme de la cama. La perspectiva de los últimos dos días en los que habíamos hecho más de dos horas de la casa al trabajo francamente no era muy alentadora. Además, realmente estaba cansada.

Me paré amodorrada y el calentador estaba apagado. Cinco minutos más a la cama. Por fin cuando, tarde, salí de bañarme, el Duque me dijo amodorrado desde la cama: "Llueve. Se está cayendo el cielo". A mí me dió la emoción. Algunas mañanas de septiembre tenía que irme a la escuela todavía lloviendo y me encantaba. Me senté a la orilla de la cama y subí la persiana. Entonces, la revelación: en la luz apenas clara del amanecer, dos arcoiris perfectamente definidos con sus colores me daban los buenos días.

Grité. El Duque salió corriendo de la regadera. Se hizo aún más tarde porque yo no quería irme. No hasta que se fuera por completo el arcoiris.

11.5.04

Feliz, feliz, feliz, feliz

Hoy cumple años alguien que habita un pedazo grande mi corazón. Vayan todas las bendiciones, los buenos deseos y los arreglos florales con moños azules al querídisimo BEF, que lo queremos tanto.