30 por ciento de descuento... permanente
La disquera Universal anunció hoy que recortará los precios de sus discos compactos para evitar la piratería y los problemas que les está ocasionando el libre mercado en Internet.
Josh Bernoff, uno de los analistas que ayudó a tomar esta decisión, afirma: "No se supone que la música deba ser un producto elitista. No estamos hablando sobre un Lexus. Es mejor que tengamos a más gente comprando música a bajos precios que descubramos que ya salió del mercado".
¿Y qué pasaría si hicieramos eso en México? Igual no funcionaría. Confieso que cuando camino por el centro de la ciudad me siento tentada tanto por la piratería como por todos los productos audiovisuales originales y de dudosa procedencia que inundan las calles. Pero la tentación no es suficiente justificación como para evitar que se complete el círculo de comercio. Al final, los perjudicados también somos nosotros. Ahora, esperemos que la iniciativa de Universal se refleje en otras disqueras del mercado y también en las tiendas de discos del resto del mundo.
4.9.03
3.9.03
Bienvenido a la casa de las muñecas
Todo indica que don Michael Jackson efectivamente está en quiebra. Ahora, milagrosamente, ha decidido abrir las puertas de su Tierra de Nunca Jamás para una cena exclusiva con show y demás. ¿Alguien se apunta? Más bien, ¿alguien está dispuesto a pagar cinco mil dólares por visitar la tierra de la perversión, perdón, de la diversión creada por don MJ? Quién sabe... a lo mejor ya tiene tan fea la cara que necesita el dinero para hacerse una nueva.
Todo indica que don Michael Jackson efectivamente está en quiebra. Ahora, milagrosamente, ha decidido abrir las puertas de su Tierra de Nunca Jamás para una cena exclusiva con show y demás. ¿Alguien se apunta? Más bien, ¿alguien está dispuesto a pagar cinco mil dólares por visitar la tierra de la perversión, perdón, de la diversión creada por don MJ? Quién sabe... a lo mejor ya tiene tan fea la cara que necesita el dinero para hacerse una nueva.
Infamia
Hoy, casi muero de coraje. Una mujer a la que me encantaría madrearme - Madam Sharpie - comentó de manera que llegara a mí su opinión al respecto de que las empresas encargadas de hacer alimentos nutritivos y que contienen azúcar mejor no deben hablar de la obesidad en los niños, por temor a que esto mine su mercado.
¿No conocerá el término "costo de oportunidad"? ¿No habrá comprendido que su empresa está - o por lo menos yo creo que está - comprometida con la buena nutrición y por lo tanto debe dar a conocer los datos que la ponen en un buen lugar? ¿No le parecerá que la educación es mejor que la ignorancia? Ojalá leyera este artículo del NYT sobre la importancia de enseñarles a los niños cómo comer. Ojalá pensara en que otra gente también tiene puntos de vista valiosos.
Caramba. Si no fuera por idiotas de su calaña hubiera menos problemas en el mundo. De verdad. Ojalá que se ponga gorda y le salgan granos. Humpf.
Hoy, casi muero de coraje. Una mujer a la que me encantaría madrearme - Madam Sharpie - comentó de manera que llegara a mí su opinión al respecto de que las empresas encargadas de hacer alimentos nutritivos y que contienen azúcar mejor no deben hablar de la obesidad en los niños, por temor a que esto mine su mercado.
¿No conocerá el término "costo de oportunidad"? ¿No habrá comprendido que su empresa está - o por lo menos yo creo que está - comprometida con la buena nutrición y por lo tanto debe dar a conocer los datos que la ponen en un buen lugar? ¿No le parecerá que la educación es mejor que la ignorancia? Ojalá leyera este artículo del NYT sobre la importancia de enseñarles a los niños cómo comer. Ojalá pensara en que otra gente también tiene puntos de vista valiosos.
Caramba. Si no fuera por idiotas de su calaña hubiera menos problemas en el mundo. De verdad. Ojalá que se ponga gorda y le salgan granos. Humpf.
Aprendiendo del frío
Los pobres rusosvan de mal en peor. Ahora ya no pueden abortar, pero tampoco les dan opciones de planificación familiar. Y, encima de todo, no tienen niños. Gritaría algún conservador (más conservador de los que ya lo hacen): ¿dónde, dónde está el tío Stalin?
Los pobres rusosvan de mal en peor. Ahora ya no pueden abortar, pero tampoco les dan opciones de planificación familiar. Y, encima de todo, no tienen niños. Gritaría algún conservador (más conservador de los que ya lo hacen): ¿dónde, dónde está el tío Stalin?
Moño negro
Este blog se pone de luto un poco tarde por la muerte de dos hombres fuertes: don Charles Bronson - el hombre al que todos le tenían miedo pero que, como bien dice este artículo del NYT, tenía la capacidad de mostrar "al malo que todos llevamos dentro" - y don Eulalio González "Piporro" - qué puedo decir... me caía simpático de cuando en cuando-. Ojalá que se la estén pasando bomba con la cofradía de artistas, anexos y conexos que hay en el Cielo. (Seguro allá no hay sindicatos ni seres malvados que les hagan imposible la existencia).
Este blog se pone de luto un poco tarde por la muerte de dos hombres fuertes: don Charles Bronson - el hombre al que todos le tenían miedo pero que, como bien dice este artículo del NYT, tenía la capacidad de mostrar "al malo que todos llevamos dentro" - y don Eulalio González "Piporro" - qué puedo decir... me caía simpático de cuando en cuando-. Ojalá que se la estén pasando bomba con la cofradía de artistas, anexos y conexos que hay en el Cielo. (Seguro allá no hay sindicatos ni seres malvados que les hagan imposible la existencia).
Contenta... como tapatía
Hace un par de años, en Jalisco hubo un gobernador que me hacía reír. Me gustaba su estilo. Se equivocaba. Hablaba pésimo, con palabras inventadas - nuncamente -. Pero era un hombre muy trabajador. Honesto.
Estudió en la misma escuela que mi papá en Ciudad Guzmán, Jalisco. Entró al Palacio de Gobierno Estatal con el cabello negro y lo dejó con cabello gris. Peleó con todos. A los medios les dió portazo a veces, o por su lado. Lo criticaban por novato. Así, novato y todo, hizo cosas. Se ganó a la gente. Una vez fuí a una conferencia en la que estuvieron él y Fher, el cantante de Maná. Al final de la conferencia, había más señoras queriéndose tomar una foto con él que con el cantante.
Le decían "el Gober" de burla, diciendo que no era un gobernador completo. Y él lo tomó como su marca personal. Se presentaba como el gober. La gente lo quería.
Yo creí que Fox le iba a dar algo interesante. Lo mandaron a la Comisión Forestal, a la tierra, que siempre le ha gustado, que siempre ha trabajado. A mí me gustaba para más. Hoy lo designaron como nuevo Secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales. Me dió contento. Felicidades, mi querido gober, don Alberto Cárdenas Jiménez. Desde este blog, regionalista y orgulloso, la mejor de las suertes.
Hace un par de años, en Jalisco hubo un gobernador que me hacía reír. Me gustaba su estilo. Se equivocaba. Hablaba pésimo, con palabras inventadas - nuncamente -. Pero era un hombre muy trabajador. Honesto.
Estudió en la misma escuela que mi papá en Ciudad Guzmán, Jalisco. Entró al Palacio de Gobierno Estatal con el cabello negro y lo dejó con cabello gris. Peleó con todos. A los medios les dió portazo a veces, o por su lado. Lo criticaban por novato. Así, novato y todo, hizo cosas. Se ganó a la gente. Una vez fuí a una conferencia en la que estuvieron él y Fher, el cantante de Maná. Al final de la conferencia, había más señoras queriéndose tomar una foto con él que con el cantante.
Le decían "el Gober" de burla, diciendo que no era un gobernador completo. Y él lo tomó como su marca personal. Se presentaba como el gober. La gente lo quería.
Yo creí que Fox le iba a dar algo interesante. Lo mandaron a la Comisión Forestal, a la tierra, que siempre le ha gustado, que siempre ha trabajado. A mí me gustaba para más. Hoy lo designaron como nuevo Secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales. Me dió contento. Felicidades, mi querido gober, don Alberto Cárdenas Jiménez. Desde este blog, regionalista y orgulloso, la mejor de las suertes.
2.9.03
Errores en la gramática
Caminábamos. Siempre nos ha gustado conocer las ciudades con un sombrero en la cabeza, huaraches cómodos y un mapa en la mano. Hacía poco un gato amarillo con rayas negras nos había sonreído desde una esquina. Él decía que no, que seguramente se confundió y creyó que éramos otros, parte del barrio. Yo estaba segura de que el gato nos había reconocido.
En el mapa, encontramos cientos de tiendas la mar de interesantes. En una librería que atendía un señor con el cabello pintado de verde y una camiseta que decía "I'm a drunk, not an alcoholic. Alcoholics go to meetings" compramos un tratado sobre la importancia de desflemar las berenjenas antes de cocinarlas. Por supuesto, tenía unas pastas hermosamente violetas. Lo vimos al mismo tiempo y asentimos: acordamos que estaría perfecto frente a la Bromelia, quien seguramente se animaría a florear al verlo de tan bonito color.
La siguiente parada que habíamos planeado hacía que nuestros bolsillos comenzaran a salivar: la leyenda en el mapa (que habíamos sacado del bote de basura afuera del hotel) decía "Tienda de Viejos". No pensábamos en los relojes de bolsillo con diamantes: yo estaba buscando un vestido de flapper con rebordado azul turquesa y él necesitaba un bombín. ¡Qué decir de unas cuántas sombrillas apolilladas! ¡Serían perfectas para el jardincillo de la casa del vecino de enfrente! - Mientras más polilla, mejor. Quizá, estuve de acuerdo, unos espejuelos para ir a la Ópera. E insistí en la suprema necesidad de conseguir zapatillas de seda china. No había más.
Caminábamos comiendo churros con chocolate cuando llegamos a la dirección. "Toque en la puerta amarilla", decía el mapa. Todas las puertas de la calle eran de colores. Yo veía dos amarillas. No, dijo él, una es mostaza. No, dije yo, es amarillo yema de huevo pasada. No, es mostaza. No es amarillo-yema-de-huevo-pasada. No, mostaza. No. Nos cansamos. El me insultó en alemán y yo en francés. Como no nos entendimos, nos dió mucha risa. Entonces caminamos hasta un pequeño mercado cercano (Atendía una mujer con lentes y cabello oscuro. Muy extraña. Hasta traía delantal y veía telenovelas) que nos vendió un frasco pequeño de mostaza.
Regresamos y pusimos mostaza sobre las dos puertas. Esperamos. Al secarse nos dimos cuenta que en la que yo decía que era amarillo-yema-de-huevo-pasada ya no se veía la mostaza. "Seguramente se la tragó", dijo él. Estuve de acuerdo y tocamos en la otra puerta.
Abrió el gato amarillo con rayas negras. Dijo estar muy contento de vernos. Él se sorprendió de ser reconocido y quiso correr, pero el olor a galletas de chocolate lo tranquilizó. Caminamos por un pasillo largo, lleno de nada en las paredes. Al final, un patio. "Esta es la tienda de viejos", dijo el gato. "¿Cómo lo quieren?".
Nos miramos. Le contamos nuestra lista, lo que queríamos comprar. Se quedó pensando y después corrió. El patio era como una sala de espera sin sillas. La voz del gato nos pidió que nos taparamos los ojos. Nos dejamos caer un poco más los sombreros y nos pusimos a vernos los dedos manchados de tierra de ciudad.
Cuando maulló, miramos. Eran dos viejos adorables. Ella vestía un vestido de flapper con rebordado azul turquesa y zapatillas de seda china. El, con smoking, llevaba un bombín y espejuelos para la ópera. Sendas sombrillas colgaban de sus brazos. Llevaban bolsas de galletas de chocolate recién horneadas.
Todo lo demás fue muy rápido. Nos preguntaron sobre nuestros abuelos. Ibamos a comenzar a hablar de su partida cuando sacaron una carpeta de argollas: un albúm fotográfico de nuestros abuelos tomando el sol en una playa imposiblemente azul. Muy hermoso. Después de limpiarnos las lágrimas con el mapa, entendimos qué se vende en una "Tienda de Viejos". Y nos sorprendimos de lo fácil que resulta adoptar un abuelo.
El gato, ser sofisticado como el que más, nos regaló un reloj de bolsillo con diamantes como "premio por nuestro excelente gusto". Nosotros, distraidos con el atardecer y con el vaivén de nuestros nuevos abuelos, lo perdimos de regreso al hotel.
Caminábamos. Siempre nos ha gustado conocer las ciudades con un sombrero en la cabeza, huaraches cómodos y un mapa en la mano. Hacía poco un gato amarillo con rayas negras nos había sonreído desde una esquina. Él decía que no, que seguramente se confundió y creyó que éramos otros, parte del barrio. Yo estaba segura de que el gato nos había reconocido.
En el mapa, encontramos cientos de tiendas la mar de interesantes. En una librería que atendía un señor con el cabello pintado de verde y una camiseta que decía "I'm a drunk, not an alcoholic. Alcoholics go to meetings" compramos un tratado sobre la importancia de desflemar las berenjenas antes de cocinarlas. Por supuesto, tenía unas pastas hermosamente violetas. Lo vimos al mismo tiempo y asentimos: acordamos que estaría perfecto frente a la Bromelia, quien seguramente se animaría a florear al verlo de tan bonito color.
La siguiente parada que habíamos planeado hacía que nuestros bolsillos comenzaran a salivar: la leyenda en el mapa (que habíamos sacado del bote de basura afuera del hotel) decía "Tienda de Viejos". No pensábamos en los relojes de bolsillo con diamantes: yo estaba buscando un vestido de flapper con rebordado azul turquesa y él necesitaba un bombín. ¡Qué decir de unas cuántas sombrillas apolilladas! ¡Serían perfectas para el jardincillo de la casa del vecino de enfrente! - Mientras más polilla, mejor. Quizá, estuve de acuerdo, unos espejuelos para ir a la Ópera. E insistí en la suprema necesidad de conseguir zapatillas de seda china. No había más.
Caminábamos comiendo churros con chocolate cuando llegamos a la dirección. "Toque en la puerta amarilla", decía el mapa. Todas las puertas de la calle eran de colores. Yo veía dos amarillas. No, dijo él, una es mostaza. No, dije yo, es amarillo yema de huevo pasada. No, es mostaza. No es amarillo-yema-de-huevo-pasada. No, mostaza. No. Nos cansamos. El me insultó en alemán y yo en francés. Como no nos entendimos, nos dió mucha risa. Entonces caminamos hasta un pequeño mercado cercano (Atendía una mujer con lentes y cabello oscuro. Muy extraña. Hasta traía delantal y veía telenovelas) que nos vendió un frasco pequeño de mostaza.
Regresamos y pusimos mostaza sobre las dos puertas. Esperamos. Al secarse nos dimos cuenta que en la que yo decía que era amarillo-yema-de-huevo-pasada ya no se veía la mostaza. "Seguramente se la tragó", dijo él. Estuve de acuerdo y tocamos en la otra puerta.
Abrió el gato amarillo con rayas negras. Dijo estar muy contento de vernos. Él se sorprendió de ser reconocido y quiso correr, pero el olor a galletas de chocolate lo tranquilizó. Caminamos por un pasillo largo, lleno de nada en las paredes. Al final, un patio. "Esta es la tienda de viejos", dijo el gato. "¿Cómo lo quieren?".
Nos miramos. Le contamos nuestra lista, lo que queríamos comprar. Se quedó pensando y después corrió. El patio era como una sala de espera sin sillas. La voz del gato nos pidió que nos taparamos los ojos. Nos dejamos caer un poco más los sombreros y nos pusimos a vernos los dedos manchados de tierra de ciudad.
Cuando maulló, miramos. Eran dos viejos adorables. Ella vestía un vestido de flapper con rebordado azul turquesa y zapatillas de seda china. El, con smoking, llevaba un bombín y espejuelos para la ópera. Sendas sombrillas colgaban de sus brazos. Llevaban bolsas de galletas de chocolate recién horneadas.
Todo lo demás fue muy rápido. Nos preguntaron sobre nuestros abuelos. Ibamos a comenzar a hablar de su partida cuando sacaron una carpeta de argollas: un albúm fotográfico de nuestros abuelos tomando el sol en una playa imposiblemente azul. Muy hermoso. Después de limpiarnos las lágrimas con el mapa, entendimos qué se vende en una "Tienda de Viejos". Y nos sorprendimos de lo fácil que resulta adoptar un abuelo.
El gato, ser sofisticado como el que más, nos regaló un reloj de bolsillo con diamantes como "premio por nuestro excelente gusto". Nosotros, distraidos con el atardecer y con el vaivén de nuestros nuevos abuelos, lo perdimos de regreso al hotel.
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